De Forocoches al PP de Ayuso: la estrategia de las derechas para expulsar a las 'Charos' del espacio público
El término empezó a popularizarse como insulto hace siete años, tras las movilizaciones masivas del 8M y las protestas contra la sentencia de la violación grupal de La Manada, recuerdan desde el Observatorio de la Imagen de las Mujeres.
"El insulto empieza a circular por las cuentas oficiales de partidos políticos. Lo que hasta entonces era jerga de nicho se convierte de repente en un discurso legitimado. Las consecuencias son profundas porque esta estrategia erosiona el debate democrático", insiste la catedrática Luisa Martín Rojo.

Madrid-
"No tenemos suficiente con las Charos, que importamos Karens que roban botellas de licor en el Mercadona". El comentario -machista y racista- sale del foro "de contenido rándom" FinoFilipino. La web tiene un apartado específico para agrupar los vídeos y memes dirigidos a las mujeres -a su juicio- progresistas de determinada edad. Las mujeres a las que la derecha y la extrema derecha se refieren como Charos. "¿Por qué las Charos están molestas porque les llamen Charo?". Es el título de un vídeo de YouTube de diez minutos en el que el streamer Wall Street Wolverine y Un Tío Blanco Hetero debaten acerca de la evolución y las connotaciones del mote. Lo hacen en tono irónico, reivindicando su uso como insulto porque "no es súper ofensivo", sino "un despectivo -reconocen- simpático". Los youtubers definen a las Charos como "un fenotipo" y cuestionan que las mujeres se puedan sentir atacadas cuando alguien las intenta deslegitimar en estos términos.
Un Tío Blanco Hetero tiene además un segundo vídeo en su canal en el que desmenuza las que -para él- son las "bases y fundamentos" de las Charos. El influencer de extrema derecha se refiere a "esta rama del perroflautismo" como "la charología". Los descalificativos no terminan aquí. Un Tío Blanco Hetero asegura también que "el cuñadismo palidece ante las hordas de Charos que inundan nuestras redes sociales, ocupan nuestros espacios y votan a Pedro Sánchez". Lo mismo defienden cientos de bots en X, Instagram o TikTok. La afrenta se ha colado también en titulares y tribunas de medios y pseudomedios como Libertad Digital, The Objective, El Mundo y OKDiario. El denominador común siempre es la intentona de ridiculizar a las mujeres que alzan la voz contra la extrema derecha, los comportamientos machistas y las desigualdades sociales.
Las críticas a las Charos no solo se limitan a blogs, redes sociales y columnas de opinión. El Partido Popular de la Comunidad de Madrid ha sido el último en sumarse a esta tromba de ataques velados a través del hipocorístico de Rosario. Lo hizo para señalar públicamente a la periodista de Público María José Pintor. "Aquí podemos observar un ejemplar de Charo practicando su deporte favorito: defender al sanchismo", tuitearon la semana pasada los de Isabel Díaz Ayuso. El post recogía una intervención de Pintor en el programa En boca de todos (Cuatro). Y mencionaba directamente su cuenta de X.
La Asociación de Prensa de Madrid (APM) y distintos cargos públicos y colectivos sociales salieron en defensa de la directora de comunicación y eventos de este medio. Los populares, lejos de recoger cable, insistieron con un segundo tuit en el que se negaron a pedir disculpas y rectificar: "Se acabó lo de jugar con una mano atada a la espalda". ¿Qué implica que un partido que lidera la oposición y gobierna en once comunidades autónomas utilice los códigos de youtubers, influencers de extrema derecha y perfiles anónimos? ¿Cuál es el origen de este descalificativo? ¿Por qué tiene un componente misógino y edadista?
Forocoches, la caverna donde empezó todo
La idea de utilizar como insulto la palabra Charo no la inventaron ni Wall Street Wolverine ni Isabel Díaz Ayuso. Las primeras referencias se remontan al "mayor foro en español del mundo", un espacio digital en el que debatir "sin filtros" y comentar "lo que está pasando": Forocoches. Así lo constata el informe Análisis del discurso misógino en redes: una aproximación al uso del término "Charo" en la cultura del odio que publicaron el pasado mes de diciembre el Observatorio de la Imagen de las Mujeres (Instituto de las Mujeres). Las autoras recuerdan que el término se empezó a popularizar "en un momento en el que la palabra feminista" había dejado atrás "la connotación negativa que tuvo durante décadas", tras las movilizaciones masivas del 8M y las protestas contra la sentencia de la violación grupal de La Manada.
Forocoches todavía conserva la primera definición de la palabra Charo, "una mujer soltera o divorciada, de más de 30 o 35 años, generalmente sin hijos, siempre amargada y viviendo sola", tal y como recoge el mismo estudio. La extrema derecha digital no tardó en crear su propio diccionario, con adaptaciones como charía, charocracia o charear. El nombre pronto empezó a "proliferar en las redes sociales, convirtiéndose en un recurso habitual para desacreditar y ridiculizar a las mujeres que sostienen o representan" los avances feministas, señalan desde el Observatorio de la Imagen de las Mujeres. La "aparente inocuidad" del término es precisamente lo que hace que "una amplia mayoría de hombres y organizaciones" lo utilicen "con total impunidad" y como "una forma de desprecio disfrazada de ironía".
"La palabra se conceptualiza desde el desprecio y la misoginia, busca silenciar a las mujeres y expulsarlas del espacio público, perpetuando un patrón histórico que se repite de manera estructural en todos los ámbitos. Esto lleva implícita otra finalidad: configurar las redes sociales como un espacio excluyente en el que se intenta restaurar la masculinidad hegemónica frente a los discursos feministas", advierten las trabajadoras del organismo y autoras del informe. La rápida normalización del insulto termina privando a las niñas, niños y adolescentes de "referentes intelectuales, políticas y feministas" de amplia trayectoria en nuestro país.
Esta es una tesis que también comparte la periodista y antropóloga Nuria Alabao. "El término sirve para construir un arquetipo de mujer progresista y de mediana edad a la que se presenta como una supuesta encarnación del consenso socialdemócrata y de la corrección política. Charo aglutina varios antagonismos de género, generación, clase cultural e incluso orientación ideológica y cumple la misma función que otros dispositivos de las guerras de género: fabricar un enemigo reconocible y emocionalmente eficaz", insiste. "El objetivo en un sentido más amplio es utilizar el nombre como arquetipo disciplinador, producir un tipo social caricaturizado. Esto permite desplazar el conflicto estructural -patriarcado, desigualdad, violencia- hacia un enfrentamiento moral contra mujeres concretas, responsabilizándolas además de los cambios sociales en materia de igualdad", continúa la también autora de Ínceles, gymbros, criptobros y otras especies antifeministas (Ctxt).
Luisa Martín Rojo, catedrática de Lingüística General e investigadora principal del Centro de Investigación sobre Multilingüismo, Discurso y Comunicación de la UAM, resume de la siguiente manera el éxito de esta estrategia de deslegitimación. "Lo que vemos aquí es que no se ataca simplemente una opinión, sino que se señala a las mujeres que ocupan espacios públicos -opinan, escriben, intervienen- y tienen autoridad. El insulto es una forma de clasificarlas y recordarles -simbólicamente- cuál debería ser su lugar, quienes impulsan estos discursos no rebaten ningún argumento, sino que lo reducen todo a una caricatura emocional para deslegitimar, despolitizar -anulando sus análisis- y generar conflicto", señala.
Este último punto conecta directamente con la supuesta brecha generacional que exprimen también la derecha y la extrema derecha, una brecha que busca enfrentar a las nuevas generaciones con los pensionistas y los boomers. "Lo que consiguen es construir una frontera implícita: por un lado, los jóvenes patriotas y por el otro, las Charos progres subvencionadas. La oposición no es solo ideológica, también generacional y de género. Estas narrativas activan una dicotomía que masculiniza el dinamismo y feminiza la decadencia", reivindica Luisa Martín Rojo. La profesora señala por último el sentido "amenazante" de utilizar despectivamente el hipocorístico de Rosario: "Si eres mujer, tienes cierta edad y hablas desde determinado lugar ideológico, sabes que serás ridiculizada".
El PP de Ayuso, uno más en el entramado ultra
Anabel Alonso, Maruja Torres, Cristina Fallarás, Carmen Calvo y Ada Colau son solo algunas de las figuras del mundo de la política, la comunicación, la cultura y el activismo que han sido calificadas como Charos. El mismo insulto han tenido que escuchar decenas de mujeres anónimas que lideran movilizaciones contra la violencia machista, las muertes en las residencias durante la pandemia o el genocidio en Gaza. El término llegó -por primera vez- la semana pasada al argot de los partidos políticos. La señalada fue la periodista María José Pintor. "Es cierto que cuentas anónimas, que siempre he vinculado más con la ultraderecha, llevaban más de un año utilizando el apelativo Charo como insulto misógino y edadista contra mí cuando me veían en alguna tertulia. Lo sorprendente de este caso y lo que ha generado tanta indignación es que se ha hecho desde una cuenta oficial en X del PP de Madrid", reconoce la directora de comunicación y eventos de Público. Este salto cualitativo le parece especialmente "grave" porque "viene de un partido que aspira a gobernar gracias al voto de mujeres de mi generación". Las nacidas entre los años sesenta y setenta. Las mismas a las que se intenta ridiculizar y desacreditar cuando se habla de Charos.
El Observatorio de la Imagen de las Mujeres lamenta también que este tipo de campañas, inicialmente propias de "trolls, nacionalistas blancos, teóricos de la conspiración, colectivos religiosos y de extrema derecha", aterricen con absoluta normalidad en el plano institucional. "Los partidos que utilizan estos mensajes misóginos los legitiman y contribuyen a su consolidación en el imaginario colectivo, hablamos de mensajes enmarcados en la desinformación de género que socavan los derechos individuales y colectivos de las mujeres y tienen implicaciones más allá del contexto digital", reivindican las trabajadoras del organismo en una conversación con Público. La Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género recuerda además que el término Charo forma parte de una "estrategia de silenciamiento" que busca castigar la autonomía de las mujeres.
Esta es una lógica en la que también repara Nuria Alabao. "Charo cumple una función cohesionadora dentro de la manosfera y de las comunidades reaccionarias en redes, tiene un componente claramente machista y edadista porque convierte la idea de menopausia -la salida del mercado sexual y reproductivo- en motivo de burla, castigando a las mujeres que no encajan en el ideal juvenil de la feminidad", destaca. "No podemos pasar por alto que muchas de estas mujeres ocupan posiciones de autoridad cultural, mediática o política, sostienen asambleas y proyectos políticos de base. La extrema derecha utiliza el término Charo como una forma de rebeldía frente a una supuesta hegemonía progresista", añade la antropóloga.
"Lo que toca ahora es preguntarse qué ocurre cuando este término sale de los foros marginales y empieza a circular por las cuentas oficiales de partidos políticos. Esto es crucial. Lo que hasta entonces era jerga de nicho se convierte de repente en un discurso legitimado. El desprecio se institucionaliza. El ataque personal sustituye al argumento. Las consecuencias son profundas porque [esta estrategia de insultos y ataques] erosiona el debate democrático, hace que aumente la violencia simbólica y consigue que algunas mujeres reduzcan su exposición", insiste Luisa Martín Rojo, preguntada por el tuit en el que los populares le llaman Charo a María José Pintor. La periodista, de momento, confía en seguir defendiendo sus ideas en las redes sociales y en los espacios de debate: "Tenemos cuerda para rato".

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