Entrevista a Mar Bermúdez"Mientras se mantenga el estatus de poder de los 'señoros' dentro del periodismo llevaré una cruz en la frente y seré la que denunció"
Entrevistamos a la autora del libro 'Els pecats d'una feminista: el despertar d'un 'Me Too' periodístic', un ejercicio de reparación tras sufrir una agresión sexual en 2022 por parte de su exjefe, Saül Gordillo, que también recibió una segunda denuncia y finalmente fue condenado a un año y medio de cárcel.

Barcelona-
Mar Bermúdez (Barcelona, 1998) es periodista —actualmente colabora con Públic—, politóloga y autora del libro Els pecats d'una feminista: el despertar d'un Me Too periodístic (Ara Llibres). Dividido en un prólogo y nueve capítulos —uno para cada pecado capital, uno de ellos dedicado a la primera mujer de Adán, la insumisa Lilith, y otro que habla del infierno como una analogía—, el libro es un ejercicio de reparación para la autora. Bermúdez sufrió una agresión sexual en diciembre de 2022 por parte de su exjefe en el diario El Principal, Saül Gordillo, que también recibió una segunda denuncia y finalmente fue condenado a un año y medio de cárcel el pasado septiembre. Aquello no le ahorró a Bermúdez una fuerte campaña de desprestigio y ataques por parte de algunos periodistas y medios de comunicación.
Más allá de reflejar su experiencia y de relatar cómo su caso despertó un Me Too en el sector periodístico catalán, Bermúdez pretende avivar la lucha feminista cambiando los siete pecados capitales: la lujuria, la gula, la pereza, la envidia, la soberbia, la ira y la avaricia. "A las mujeres, especialmente a las víctimas de violencia, se nos atribuye cada uno de estos pecados en el sentido metafórico. Así el patriarcado justifica toda violencia: es culpa nuestra por pecadoras", reflexiona al inicio del libro. Ahora la entrevistamos para conocer cómo ha sido su proceso de recuperación vital y qué papel ha jugado el libro, pero también para reflexionar en torno al movimiento feminista en un contexto de auge de discursos reaccionarios y machistas.
¿Cómo está, Mar, tres años y medio después de la agresión?
Muy bien. Me he reconstruido y estoy muy fuerte. Ahora puedo sacar algo bonito de algo muy doloroso, que es ayudar a los demás y hacer activismo. Utilizar mi caso para que no vuelva a pasar y para hacer denuncia. Estoy preparada porque siento que ya no me pueden hacer más daño y que no le tengo miedo a nada.
Este libro es un ejercicio de reparación. ¿Ha terminado todo?
No. Sé que siempre llevaré una cruz marcada en la frente, o al menos durante mucho tiempo, y mientras se mantenga el estatus de poder de los señoros dentro del mundo del periodismo, seguiré siendo la que denunció.
Siento que ya no me pueden hacer más daño y que no le tengo miedo a nada
Cuando habla de una cruz marcada en la frente, ¿se refiere a consecuencias en el mundo laboral?
Consecuencias en el mundo laboral y en todo aquello que va asociado a mi nombre. Críticas a todo lo que yo diga, haga o publique. Lo que sí siento es un cierre emocional para abrir otra etapa que afronto desde el activismo, no desde el dolor.
¿Para quién es este libro?
Este libro es para todo aquel que quiera leerlo. Sobre todo, es una herramienta de lucha. Está pensado para todas las que tenemos una amiga a la que le ha pasado algo, para todas las que lo hemos vivido, y también para los hombres, para que sepan cómo acompañar y continuar deconstruyéndose.
No creo haber escrito nada especialmente diferente. He intentado llenar un vacío que yo misma me encontré como mujer feminista que había leído muchísimo. Hay muchos libros testimoniales que ayudan a identificar las violencias, pero faltaba saber cómo actuar una vez identificadas. También existen libros técnicos, en el ámbito legal o en la comprensión social de por qué ocurren estas violencias, pero faltaban herramientas para las propias víctimas: para salir adelante, para entender qué les pasará y qué están sintiendo.
Del abanico de herramientas que despliega el libro, ¿cuáles destacaría?
Para mí era muy importante explicar cómo funciona un procedimiento judicial. Evidentemente, no todas las mujeres tienen que denunciar si no pueden, y esto también lo explico. Pero me parece una cuestión muy básica porque el conocimiento es poder. Tener unas nociones mínimas de cómo funciona puede ayudar a perderle el miedo y, si llega el momento de planteárselo, que te puedas hacer una idea de lo que vas a vivir.
¿Revictimización, violencia institucional?
Yo estaba muy poco preparada. Tenía el titular de que un procedimiento judicial es muy duro, pero no sabía hasta qué punto. Otra herramienta que me parece importante es entender por qué te sientes culpable. Entender y superar el trauma. Me generaba mucha contradicción pensar que tenía clarísimo que no era culpa mía como víctima, pero, aún así, la sentía.
Tenía clarísimo que no era culpa mía como víctima, pero, aún así, la sentía
El patriarcado nos ha inculcado que las mujeres somos culpables de las agresiones recibidas porque somos pecadoras. Y el objetivo del libro es reapropiarse de los pecados para prender fuego al sistema. ¿De dónde sale esta idea?
El concepto de los pecados capitales siempre me ha gustado mucho, desde que vi la película Seven con ocho años. A Lilith la conocí gracias a la serie Chilling Adventures of Sabrina. Aparece como una figura muy poderosa [Lilith es un personaje mitológico: es la primera esposa de Adán, creada igual que él, que abandona el Edén por no querer someterse al hombre].
A partir de ahí empecé a pensar en una manera de organizar el libro y de explicar mi vivencia de una forma diferente, potente, no tan teórica. Era muy importante que, al terminar de leerlo, no te quedaras solo con el dolor, sino con la misma sensación que tengo yo ahora: fuerte, pensando que, aunque todo vaya mal, este sistema también se puede combatir.
Es bastante evidente que nos encontramos en un momento de regresión.
La sociedad va hacia atrás porque el feminismo intenta romper el statu quo y el machismo saca toda la artillería para combatirlo. Un ejemplo muy evidente es la violencia en el entorno. Las mujeres nos controlamos a nosotras mismas para no sufrir violencia, vigilamos qué hacemos y qué no, pero si le pasa algo a una amiga y la defiendes, también recibes las consecuencias. El patriarcado te dice que no te conviene defender a nadie porque también vas a sufrir. En mi caso, muchas columnas de opinión se metieron en la vida personal de Clara [Vall] y Quique [Badia] para intentar dejarme sola.
La sociedad va hacia atrás porque el feminismo intenta romper el 'statu quo' y el machismo saca toda la artillería para combatirlo
Hablando de las columnas de opinión... En el libro pone nombres y apellidos a los periodistas que dudaron de su testimonio y que defendieron a su agresor. ¿Cree que los medios deberían haber sido más responsables? ¿Haber limitado estas opiniones?
La libertad de expresión tiene un límite cuando atentas contra mi integridad. Esto es típico del discurso de odio. No son opiniones válidas, y lo digo claramente. Se ataca directamente a una víctima, a menudo insinuando quién es o involucrando a su familia o su vida. Es una mala práctica directa. Creo que hay que señalarlo mucho más. Ellos dirán que este libro es venganza; yo digo denuncia. No lo hice en los juzgados porque no tenía ni dinero ni ganas, pero ahora sí. Tura Soler tiene un premio en comunicación de género y me parece una barbaridad que no pase nada. Mayka Navarro sigue haciendo noticias de sucesos. Me parece un caso muy representativo de lo que no es periodismo.
Quienes defendieron a mi agresor dirán que este libro es venganza; yo digo que es denuncia
En el libro desmiente las versiones y acusaciones que han hecho contra usted. ¿Ha recibido alguna respuesta? ¿La espera?
Ninguna. Silencio, que es lo que he recibido siempre. Yo quiero pensar que el libro ha tocado un poco la moral, pero no lo sé, porque, precisamente, se creen intocables. El periodismo todavía tiene que aprender sobre cómo tratar estos temas, aunque hemos avanzado muchísimo. Por otro lado, también muchas de las columnas que me atacaban se publicaron en El Punt Avui y hay que señalarlo, porque estas malas praxis no deberían poder existir.
Su agresor tuvo una red que le sostuvo, al igual que en tantos otros casos de violencia machista. Y no sólo porque era un hombre poderoso, sino porque era, simplemente, un hombre. En el libro cita una frase de Carla Vall que viene a decir que las mujeres "no nos tenemos que caer bien entre todas", pero que sí que se tendrían que desplegar "herramientas de sororidad" para ayudarnos entre nosotras ante el patriarcado. ¿Cuesta más entre mujeres? ¿O no? ¿Por qué?
Hablo de ello en el capítulo de la envidia. Es cierto que el feminismo a menudo va muy ligado a las izquierdas, y que las izquierdas ya tendemos a dividirnos. Pero, además, el sistema ejerce una represión directa que busca fragmentar el movimiento feminista. Por ejemplo, se instala la idea de que si te ha pasado algo, tienes que denunciar, y que la que lo hace bien es la que denuncia. Y esto genera una división: ¿qué se debe hacer? ¿Qué es mejor? Cada una hace lo que puede, y todas las opciones pueden ser igual de potentes: denunciar en un medio de comunicación, a los Mossos, hablar en público o no enseñar la cara.
También aparecen otras divisiones: feminismo de mujeres negras, feminismo de... A menudo, se dice: "Es que eres una mujer blanca de clase privilegiada". Debemos ser capaces de entender las diferencias que hay dentro, pero sin olvidar que sigue siendo el mismo movimiento. Respetar las luchas diversas no quiere decir que no podamos ir todas a una.
Este mismo 8 de marzo ―al igual que el año anterior― se convocaron dos manifestaciones en Barcelona: por un lado, la unitaria y transinclusiva, y por otro, la abolicionista y transexcluyente.
La palabra transfeminismo no debería existir, porque el feminismo en sí mismo incluye a las mujeres trans y punto. Es como la reflexión que intento hacer. En mi asamblea charlábamos sobre que militar es un privilegio: tener el tiempo y el sustento vital para dedicarle horas y dinero no es para todos. Hay mujeres que no pueden hacerlo, pero la militancia es superimportante. Consigue muchas cosas, moviliza y debe existir.
Para mí había que hacer una autorreflexión sobre desde dónde se escribe el libro. No creo que mi lucha sea menos válida que la de una mujer que lo ha pasado mucho peor. Yo, como mujer blanca de Barcelona, tengo unos privilegios que una mujer migrada no tiene, pero eso no quiere decir que no nos podamos dar la mano y ayudarnos. Que la lucha de una y de la otra puedan ser útiles para todas, y conseguir derechos para todos.
Como mujer blanca de Barcelona tengo unos privilegios que una mujer migrada no tiene, pero eso no quiere decir que no nos podamos dar la mano y ayudarnos
Los hombres jóvenes cada vez se identifican menos con el feminismo. ¿Qué ha pasado? ¿Qué podemos hacer?
Como ocurre con todo movimiento social que gana derechos y espacio, aparece un movimiento reaccionario más fuerte. Pero hay un ambiente de cambio importante: cada vez las mujeres somos más feministas. El machismo hace mucho ruido, especialmente gracias a las redes sociales, donde se amplifican discursos que son muy golosos. Yo entiendo que los hombres jóvenes les crean. Pero lo que es importante es cómo las chicas responden a esta dinámicas.
La última ola del movimiento feminista ha puesto mucho el foco en la violencia sexual. Su caso desató un Me Too en el mundo periodístico catalán. ¿Dónde ha quedado esto?
He pensado mucho en ello. El objetivo de un Me Too es que salgan todos los nombres, y eso no ha ocurrido. Han salido algunos, como el de Quim Morales, pero quizá muchas mujeres no estaban preparadas. Hay una parte que me sabe mal, pero, al mismo tiempo, creo que se ha generado una chispa del cambio. No porque salgan nombres todos los días y esté a tope todo el rato, sino porque los señores, acojonados de poder ser los siguientes, se lo piensen dos veces antes de hacerlo. Ha habido un cambio de conciencia en la manera de vivir el periodismo. Aunque las mismas personas continúen en posiciones de poder, el ambiente ha cambiado y se respira de otra manera.
¿Qué diría a las personas que defienden que una denuncia puede arruinar la vida de un hombre?
En primer lugar, él se arruina la vida solo, tú no arruinas nada. Yo me he llegado a sentir culpable por eso, por saber información de la vida de esa persona a través del procedimiento judicial y tener empatía, cuando él me lo ha hecho pasar fatal. Él habrá pagado un dinero por un abogado ―que es culpa suya haber llegado hasta aquí―, pero es una miseria lo que me tiene que pagar en comparación con lo que me ha costado profesionalmente... Él sigue yendo a actos y escribiendo en El Punt Avui mientras yo trabajo en una tienda. No quiero menospreciar la profesión, ni mucho menos, pero me queda mucha vida por delante y me he tenido que sacar las castañas del fuego. Esto es muy representativo de quién arruina la vida a quién. En el libro explico todo lo que sufrí, los cuatro meses de baja y el coste económico...
Mi agresor continúa yendo a actos y escribiendo en 'El Punt Avui' mientras yo trabajo en una tienda. Esto es muy representativo de quién arruina la vida a quién
¿Está bien?
Sí. Por eso digo que el mejor pecado es el de la ira. No hay que vivir con rabia, pero es el único que es movilizador. A mí me da rabia que este señor esté escribiendo, que yo haya tenido que pasar por todo esto y que las personas que menciono en el libro estén tan tranquilas y yo no. Pero ha hecho que denuncie y, después de haberme hecho tan pequeña y tan triste, ahora no me da miedo. ¿Qué más me pueden hacer?
Al final del libro recuerda cómo todo el mundo le decía que era una valiente por haberse atrevido a denunciar. ¿Lo sentía así?
Para nada. Al final escribo una carta a mí misma y una de las cosas que le digo a la Mar de hace cuatro años es: "Entenderás que tener miedo y ser valiente no es contradictorio".



Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.