Cuando la violencia machista beneficia a las grandes plataformas tecnológicas: "Se desregulan para dar cabida a estos contenidos"
Las 'big tech', actualmente en manos de magnates que a menudo coquetean con los discursos antifeministas, facilitan la proliferación 'online' de contenidos que denigran a las mujeres.

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Grupos de Facebook donde manadas de hombres comparten entre risotadas fotografías de mujeres desnudas, vídeos en los que se incita a humillar a chicas para minar su autoestima, cibersexismo, doxing... Las formas de violencia online que amenazan directamente la integridad de mujeres y jóvenes han ido multiplicándose con una celeridad alarmante en los últimos años. Tal y como revela el último Informe de la Asociación Stop Violencia de Género Digital y el Observatorio de Violencia Digital, correspondiente al segundo trimestre de 2025, el 72% de las víctimas de violencia a través de la red son mujeres. Durante los seis primeros meses de 2025, la asociación atendió a un total de 1.104 personas, 496 en el primer trimestre y 608 en el segundo, habiendo un aumento de casos donde se produce algún tipo de agresión a través de las plataformas digitales.
En total, según datos del Ministerio de Igualdad, más del 73% de las mujeres que utilizan internet han sufrido algún tipo de violencia digital, como acoso en redes sociales o la difusión no consentida de imágenes íntimas. El canal digital más utilizado para violentar a las mujeres es WhatsApp, con 198 casos registrados, seguido por Meta, X e Instagram, algo que señala la relevancia de las plataformas de mensajería instantánea como espacios donde se reproduce la violencia machista estructural.
La reproducción veloz de estas formas de misoginia exige poner el foco en las comunidades de hombres que emplean las redes de forma organizada o individual para violentar a las mujeres de forma sistemática. De hecho, las expertas coinciden en que el aumento de la violencia digital responde a una traslación de aquello que ya está sucediendo en el plano físico, como es el auge de los discursos ultra antifeministas en todo el mundo. No obstante, no es menos preciso posar la mirada en el rol que desempeñan las propias plataformas en la perpetración del odio machista online.
La periodista y ciberactivista Cristina Fallarás distingue entre dos tipos de contenidos en función de las redes donde se difunden: "Se está produciendo una bifurcación entre contenidos machistas y los ejercicios puramente violentos. Los contenidos machistas están en las redes que son abiertas y los contenidos violentos están en las redes que son cerradas. WhatsApp, Telegram y Signal son redes cerradas, es decir, tú no tienes acceso a un grupo si ese grupo no te da acceso", apunta a este medio.
En cambio, continúa, "en Meta, X o Instagram, incluso Forocoches, proliferan contenidos machistas (cómo violentar a una mujer, cómo seducirla de manera agresiva y otros mensajes completamente misóginos) cuya violencia es generalmente tolerable", describe.
Infradenuncias por parte de ambos géneros
La ciberviolencia machista apenas es denunciada por hombres y víctimas. En el caso de los grupos de varones que ven a otros compañeros compartir fotos íntimas y no consentidas de sus parejas, "aunque lo que hacen sea un delito flagrante", se produce un constante compadreo en base al cual casi siempre impera el silencio cómplice. Es, por ejemplo, lo que sucedió en el caso Pélicot. En este sentido, como se desarrolla en otro artículo de Público, estos grupos operan como lugares de homosociabilidad masculina donde "se demuestra colectivamente la heterosexualidad obligatoria y los comportamientos típicamente de los machos".
En las redes abiertas, donde las mujeres sí están presentes y pueden observar los vídeos o mensajes de odio contra ellas, la infradenuncia responde a varios factores: por un lado, existe una banalización (y, en consecuencia, normalización) de la violencia digital que impide a muchas mujeres percibirla como lo que realmente es y, cuando lo hacen, no sienten que las autoridades vayan a tomarse en serio sus casos.
Por otro, por falta de concienciación colectiva sobre la gravedad de estas agresiones: "Si cada vez que vemos un mal comportamiento dentro de una red lo denunciáramos, aunque fuese única y exclusivamente a la plataforma, habría miles de denuncias, pero seguimos teniendo una falta inmensa de concienciación de que la violencia digital es una violencia como otra cualquiera", desliza en conversación con este medio la presidenta del observatorio de Violencia Digital y miembro de la Plataforma Stop Violencia de Género Digital, Encarni Iglesias, quien añade además que muchas víctimas acaban negándose a denunciar por vergüenza.
¿Negligencia o intención?
No es casual que los delitos de odio contra las mujeres hayan ido en aumento desde que plataformas como Meta o X iniciaron su paulatina desregularización, lo que ha permitido que campen a sus anchas una enorme cantidad de machitroles. En enero de 2025, tiempo después de que Elon Musk decidiera eliminar la moderación de contenidos de X, Mark Zuckerberg clausuró en Meta su programa de verificación de datos, que llevaba en marcha desde 2016, para congraciarse con el entonces recién electo Donald Trump.
Las big tech, actualmente en manos de magnates que a menudo coquetean con los discursos antifeministas, facilitan la proliferación online de contenidos que denigran a las mujeres.
"Elon Musk y Mark Zuckerberg son bros de ultraderecha, es decir, los propietarios de estas plataformas forman parte de aquellos que nos violentan, igual que a la comunidad LGTBIQ+ o las personas racializadas. Las redes no se crean para que las mujeres y las minorías demos pasos y las usemos, sino que nosotras las usamos en contra de aquello para lo que están creadas. Meta se desregula para dar cabida a esos contenidos", explica Fallarás.
Partiendo, pues, de que hablamos siempre de negocios privados, Encarni subraya que la prioridad de las plataformas siempre será la de generar beneficios económicos, aun cuando ello implique atropellar los derechos de mujeres. "Si las publicaciones muy machistas van a reportar más visitas, vamos a ganar más dinero, con lo cual no se censuran ni se cierran determinadas cuentas, aunque tengan medios para hacerlo", subraya.
Aquí es clave destacar la acción del algoritmo para entender por qué no sólo no se censuran los contenidos que atentan contra la integridad de las mujeres, sino que además obtienen una difusión extra.
Enrique Benítez, economista especializado en ciberseguridad, algoritmo y regulación digital, apunta que "el algoritmo ha detectado desde un primer momento que los tuits o las noticias polémicas atraen más audiencia".
En esta misma línea, Anita Fuentes, experta en cultura digital e investigadora del Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense de Madrid, indica a Público que en la llamada "economía de la atención" los algoritmos siempre dan mayor visibilidad a aquellos contenidos que generan emociones fuertes, como el enfado o el rechazo, por lo que "en el contexto actual, la violencia y el odio resultan muy rentables, porque nos mantienen atadas a nuestras pantallas".
El problema está en que a menudo esos contenidos más polémicos son también más violentos y misóginos. De este modo, apuntan los expertos, no hay negligencia sino una intencionalidad clara por parte de las empresas tecnológicas: "Ellos [los dueños de estas plataformas] utilizan sus redes sociales como altavoz de las ideas que ellos mismos defienden o que más les paguen. El argumento de la defensa de la libertad de expresión o free speech es la excusa para poder utilizar sus plataformas para incidir en la opinión pública y para la agenda pública, en este caso en contra de los derechos de las mujeres", puntualiza.
El poder omnímodo de las plataformas digitales
A ojos de los expertos, todo esto no hace sino evidenciar que las normas comunitarias de las que las plataformas hacen gala para presumir una falsa preocupación por los usuarios son solo un farol. Meta, por ejemplo, en la versión actualizada de su reglamento, afirma: "Suprimimos el contenido en el que se muestran, describen o fomentan la violencia, las agresiones o la explotación de tipo sexual, o que constituye una amenaza de esta naturaleza". Las fuentes consultadas coinciden en que esto no se traduce en la práctica en una penalización de tales tipos de contenidos y que, cuando se consigue sancionar a las plataformas por incumplimiento del Reglamento de Servicios Digitales (o DSA, por sus siglas en inglés), las sanciones son mínimas.
Como apunta Gerard Espuga, abogado especializado en Protección datos y Derecho digital, las plataformas digitales "tienen la obligación de moderar los contenidos que alojan, esto es, deben detectar, identificar y actuar contra contenidos ilícitos o información incompatible con sus condiciones generales, que los destinatarios del servicio hayan proporcionado". Sin embargo, cuando se viola el mencionado reglamento (las plataformas pueden ser responsables por los daños causados por el contenido ilícito si se demuestra que no tomaron las medidas necesarias para prevenir o detener su difusión), "las multas tan solo llegan hasta el 6% del volumen de negocios anual mundial de las plataformas", incide.
Difundir una imagen sin consentimiento, alega Encarni Iglesias, puede acarrear en torno a 500 euros de multa. "Les compensa seguir permitiendo contenidos misóginos pero virales porque si yo gano mil millones al mes y por hacer las cosas mal me dices que pague 10 millones todos los meses, pues te voy a decir: Pues toma los 10 millones", concluye.
Avanzar hacia espacios digitales seguros para todas
Para Anita Fuentes, no obstante, la forma de combatir violencias en el entorno digital no debería pasar por aumentar el control sobre la plataformas sino luchar por que las instituciones públicas "asuman su papel y construyan espacios digitales seguros, colectivos y accesibles, en lugar de depender de estructuras creadas por los tech bros de Silicon Valley, cuyo negocio se ha construido desde sus orígenes sobre prácticas misóginas".
Si bien este año se incluyó por primera vez en el Pacto de Estado contra la Violencia de Género la violencia digital, todavía faltan esfuerzos por parte del Ministerio de Igualdad de cara a poner coto a estas violencias, por ejemplo monitorizándolas.
También recoge los riesgos de estas violencias la Directiva de la UE 2024/1385 del Parlamento Europeo sobre la lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica. En la misma se pone en relieve que "la fácil, rápida y amplia difusión de los discursos de odio a través del mundo digital se ve potenciada por el efecto de desinhibición en línea, ya que el supuesto anonimato en internet y la sensación de impunidad reducen la inhibición de la gente a proferir tales discursos". Pero más allá de los actuales marcos teóricos y de análisis, existe en general una ausencia de propuestas alternativas sobre cómo garantizar entornos libres de violencia para las mujeres.
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