Opinión
Ayuso concebida no nacida

Por Juan Losa
Periodista
-Actualizado a
De millones, solo quedé yo. Alcancé el óvulo. Y pum, la vida. Sucedió muy rápido. Hubo espasmos, contracciones y algún suspiro. Todo ello precedido de una intensa actividad lumbopélvica. Luego se hizo el silencio. Y con pecado fui concebida. Soy un sujeto de pleno derecho. No quiero injerencias del Estado ni regulaciones intrauterinas. Y que quede claro: no permitiré que nadie se entrometa en esta vida que es mía, ni siquiera quien me alimenta y cobija. Me declaro contraria a cualquier tentación intervencionista; se empieza por la placenta y luego sabe Dios.
Mido lo mismo que un ácaro y tengo el grosor de un pelo púbico: soy lo que viene siendo un cigoto. Pero tremendo cigoto, oiga. Se te va de las manos. Una pulsión de libertad me recorre la mitocondria desde la fecundación. Siento que un horizonte de posibilidades se abre ante mí y, aunque es pronto todavía, ya les avanzo que tengo grandes proyectos vinculados con el desmantelamiento y la externalización de movidas. Todo se andará. De momento no tengo cerebro, corazón ni extremidades, lo cual no quita para que haya desarrollado una sólida conciencia neoliberal, basada en la firme creencia de que bajar impuestos estimula el desarrollo embrionario.
Soy monocelular. Contengo el genoma completo: veintitrés pares de cromosomas. Unos genes me salieron thatcherianos; otros, tirando a trumpistas. Es la herencia recibida, mi patrimonio genético. En cuestión de horas seré dos células. Luego cuatro. Ocho. Dieciséis. Y así hasta rondar los 37 billones que conforman un humano. No conviene encariñarse con ninguna: total, acabarán muriéndose igual. Por cierto, el útero me constriñe. Es todo interior: pequeño, oscuro y mal ventilado. En cuanto vea la luz, me busco un ático amplio con terraza y ventanales.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.