Opinión
El 32%: la cifra que puede mantener al PSOE en Moncloa

Por Juan Miguel Becerra Vila
Ha sido Director del departamento DIANA del PSOE de 2020 a 2025
-Actualizado a
En política, hay cifras que pesan más que los discursos. Para el PSOE, ese número mágico podría ser el 32% de los votos. No es solo una barrera psicológica, sino un umbral que, en determinadas condiciones, podría permitirle revalidar el Gobierno frente a una derecha fracturada y una izquierda dividida.
Según la media de los barómetros recientes del CIS, de Opina 360 o de 40dB, los socialistas se mueven ya cerca de esa cifra. Pedro Sánchez ha recuperado terreno desde el desgaste del verano y podría, si se consolida esa tendencia, mantener viva la coalición progresista. Pero nada de eso depende exclusivamente de él: el equilibrio entre PP, Vox, SALF, Sumar y Podemos reconfigurará por completo el tablero político.
La clave está en la derecha, donde el PP, y especialmente su líder Alberto Núñez Feijóo, parecen vivir un proceso de erosión similar al de la segunda legislatura de Rajoy, aunque con ingredientes nuevos. Vox, alimentado por el voto de protesta y la sensación de que Feijóo no ofrece una alternativa contundente, roza ya el 21% en algunas encuestas. Ese crecimiento se nutre de las fugas del propio PP, con una curva de bajada que podría situarlo en el 25% en los próximos meses. Si la tendencia se mantiene, el bloque conservador llegaría dividido y con menor rendimiento territorial al día de las urnas.
A esa dinámica se suma un actor inesperado: SALF, el partido de Alvise Pérez, que ha conseguido convertir su presencia digital en un espacio electoral real, aunque limitado. Su base es casi idéntica a la de Vox, lo que podría restar al partido de Abascal entre un 4 y un 5% de su electorado y, por tanto, restarle potencia a su crecimiento. Con menos del 2% nacional, pero concentrando voto en Madrid, SALF podría incluso alcanzar un escaño. El daño, sin embargo, sería mucho mayor que su premio: bastaría ese drenaje para debilitar el resultado conjunto del bloque de derechas y alterar el reparto de escaños en varias circunscripciones medianas.
Mientras tanto, la izquierda vive su propio laberinto. La separación entre Podemos y Sumar ha dejado un campo progresista más dividido, pero no necesariamente más débil. Si ambas formaciones logran un 11% conjunto, podrían mantener cierta capacidad de influencia parlamentaria, aunque perderían eficiencia territorial. El sistema D’Hondt penaliza la dispersión: un voto dividido entre dos partidos pequeños vale menos que uno concentrado. Paradójicamente, eso podría beneficiar al PSOE, que absorbería el voto útil de la izquierda sin pagar el precio del desgaste institucional.
Con este panorama, un PSOE estabilizado en un 32% podría repetir gobierno si las condiciones se mantienen: un PP hundido, un VOX fortalecido, pero sin superar a los populares, una ultraderecha residual desgajando votos, y una izquierda alternativa que, aun dividida, conserve peso parlamentario. El sistema D’Hondt haría el resto: en circunscripciones medianas, la dispersión del voto de derechas beneficiaría al PSOE en el reparto de escaños.
El desafío para Sánchez no será tanto crecer como mantener el equilibrio entre los bloques. El CIS muestra que la percepción social sobre la vivienda y la inmigración -primeros problemas nacionales- sigue polarizando al electorado. La buena marcha de la economía sigue siendo una ilusión estadística para la mayoría del electorado: hay 26 puntos de gap entre el 66% de los españoles que piensan que su situación económica es buena y la cifra de los que creen que la situación económica del país es positiva, porcentaje que solo llega al 40%. El PSOE domina entre mujeres y mayores de 55 años, mientras Vox se impone entre jóvenes varones. La batalla, en definitiva, no será solo ideológica sino demográfica.
Feijóo atraviesa un momento de desgaste interno frente a un Abascal que consolida su liderazgo en la derecha y frente a una Ayuso que, con sus posicionamientos bizarros, reconfigura el tablero político. La presidenta madrileña disputa al líder popular el espacio central del PP y empuja al partido hacia las coordenadas ideológicas de VOX.
El resultado a la vista sería un mapa político de geometría variable. Con un 32%, el PSOE podría moverse en torno a los 135 escaños. El PP, si se anclara en el 25% por sus fugas a VOX, no llegaría a los 100. VOX en el 21% podría estabilizarse alrededor de los 75 diputados, aunque la aparición de SALF podría reducirle varios asientos clave. Con lo que tendríamos una derecha y ultraderecha que, a pesar de sumar de forma extraordinaria algo más del 47% de los votos, no estaría en posición de gobernar. Y a una izquierda alternativa -Podemos y Sumar por separado- que quedaría con unos 15 asientos, dependiendo de su reparto provincial. En ese escenario, el bloque progresista volvería a superar al conservador, aunque por un margen tan estrecho como el de 2023. La hipótesis no es descabellada, pero sí frágil. Para que se cumpla, el PSOE necesita consolidar su mejoría en Andalucía y Valencia, resistir en Madrid y mantener su posición hegemónica en Cataluña, donde el PSC continúa en números sólidos. Cualquier desviación mínima -medio punto menos en las urnas o una leve recomposición del voto de derechas- podría desbaratar la ecuación.
La paradoja es que el PSOE depende, en gran parte, de que la derecha siga dividida y de que la izquierda no se autodestruya mutuamente. Ni los votantes socialistas ni sus dirigentes pueden influir demasiado en esas fracturas ajenas, pero sí pueden sacar provecho de ellas. En ese sentido, la irrupción de SALF y la pugna VOX-PP son para el PSOE lo que Ciudadanos fue para el PP en 2019: un regalo envenenado que redistribuye el voto sin cambiar la aritmética global, pero que puede decidir gobiernos.
Si el 32 % se convierte en realidad, Pedro Sánchez podría revalidar mandato con pactos de geometría variable: apoyo de Sumar y Podemos en el bloque progresista, respaldo de BNG, PNV y de Bildu, con apoyos puntuales de ERC. No sería un camino fácil, pero sí viable. La legislatura resultante sería, de nuevo, de resistencia más que de impulso, sostenida por la debilidad del adversario más que por la fortaleza propia.
En el fondo, la pregunta no es si el PSOE puede ganar, sino si la derecha puede evitar perder. Y de momento, con un PP erosionado por VOX, un VOX fuerte pero amortiguado por SALF y una izquierda que, aunque dividida, conserva el voto útil, la respuesta parece inclinarse hacia una nueva reedición del mandato socialista.
Un gobierno posible, pero sustentado en la fragilidad de todos. Un país donde un 32% puede bastar para volver a gobernar si los demás siguen fragmentándose.
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