Opinión
Abascal ya maneja a un Feijóo entregado

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
-Actualizado a
Hay una diferencia abismal entre el Feijóo presidente de la Xunta de Galicia que renegaba de la ultraderecha y se jactaba de que Vox no tiene recorrido en nuestra tierra -en explícita contraposición al estilo Ayuso en Madrid- y el hoy líder estatal del Partido Popular. Aunque, en realidad, solo lo parece. Basta con repasar las hemerotecas desde que Feijóo desembarcó en Génova 13 bajo palio y tras asesinar a Pablo Casado por denunciar la corrupción de la presidenta madrileña, para constatar que el "hombre de Estado", el líder "moderado", el "dialogante"... no era tal. Con un traje hecho a medida por los medios de comunicación gallegos y varios madrileños -financiados proporcionalmente al calibre de la farsa-, el exjefe del Ejecutivo de Galicia pudo gozar plácidamente de las bendiciones de sus homólogos, fueran de las siglas que fueran y hasta de los nacionalistas que hubiera, pero también de la opinión pública en general.
Vamos a dejar a un lado los reproches hiperbólicos que, aún hoy, Feijóo le hace a Sánchez por pactar con Junts y Bildu su ajustada investidura en 2023 o, en su día, por gobernar con Unidas Podemos después de haber renegado de todos ellos cámaras delante, una verdad sin fisuras. Ahora le toca a Feijóo apechugar con los vaivenes de las mayorías parlamentarias y las contradicciones del poder, cosa que intuimos que le importa nada con tal de hacerse con él, lo cual vuelve a dejar en un pésimo lugar su rasgado de vestiduras ante los pactos multivuelta de Pedro Sánchez.
En su última y apocalíptica rueda de prensa de 2025, el presidente del PP se rindió definitivamente a los encantos de Santiago Abascal y aceptó incluir a Vox de igual a igual en una mayoría de derechas que ha arrasado en Extremadura, pero que Feijóo sueña con hacer extrapolable a Aragón, Castilla y León, Andalucía o a las elecciones generales, esa herida que sigue supurando desde julio de 2023, cuando el gallego ya había repartido ministerios entre su equipo, convencido de una amplia victoria en aquellos comicios.
Feijóo -como la mayoría del PP- siempre había mirado a Abascal por encima del hombro. Renegaba de esa "derecha radical" -les llama- que se había escindido del PP de Rajoy, cuyos dirigentes resultaban caricaturescos con sus caballos, sus reconquistas o sus rojigualdas en los calzoncillos y en las lentillas. Los memes sobre Vox, no obstante, ya no hacen tanta gracia al PP como a Santiago Segura; y no porque los de Abascal quieran cargarse buena parte de los derechos adquiridos en 50 años de democracia cojitranca; no porque sean machistas, xenófobos, racistas u homófobos... Feijóo teme el bocado que la ultraderecha está pegando a la base electoral del partido que lidera y va a hacer lo posible por impedir que continúe la sangría, aunque sea atrayéndose a Vox con palabras bonitas que no siente (y se le nota).
El problema del PP es su falta de estrategia a medio plazo, no digamos a largo: lo de "hoy despreciamos a Vox y mañana les hacemos la pelota" es una fórmula peligrosa. Los de Feijóo parecen no ser conscientes aún de que la ultraderecha sí tiene un plan muy medido y éste pasa por sustituir al PP. No van a ser ni Ciudadanos ni Podemos, así que las últimas noticias que llegan del despacho de Abascal es que sus dirigentes territoriales no entrarían en los gobiernos autonómicos que consiga el PP, al modo Comunitat Valenciana, pero lo condicionarán todo, incluidos los nombramientos. Vox no negocia, Vox impone, y su plan, aunque carente de escrúpulos -no esperábamos menos de los amigos de Trump-, es resultón: dirigir un gobierno sin verse salpicado por el inevitable desgaste que da la gestión supone un balón de oxígeno más para llegar a la meta final, que no es otra que La Moncloa. Y si puede ser con un PP exhausto, mejor, porque al fin y al cabo, Vox no cree en el Estado autonómico, como buen protofranquista, y de eso van los autoritarismos: de utilizar las herramientas de los Estados democráticos para penetrar en sus instituciones y reventarlos por dentro.
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