Opinión
¿Alguien llorará en la corte de Mohamed?

Por Marga Ferré
Presidenta de Transform Europe
-Actualizado a
“Disculpe el señor, se nos llenó de pobres el recibidor…”.
J.M. Serrat
¿Alguien llorará en la corte de Mohamed? ¿Habrá lágrimas de duelo por los 67 marroquíes muertos en el mar? ¿Habrá alguien en palacio que honre a sus familias, que les lleve flores?
¿Habrá alguien en Bruselas al que se le haya ahogado la garganta? ¿Habrá algún funcionario de migraciones al que se le hayan anegado los ojos al ver a los desheredados, los desesperados, nadar con lo puesto huyendo de la miseria y en su perfecto derecho a querer una vida mejor?
No lo se. No quiero poner el foco en quienes odian, temen o ignoran la pobreza. Prefiero negarles la palabra y creer que esta vez algo les ha salido mal y que, en esa diferencia, se esconde un quiebro: esta vez nadie cree a Marruecos.
Leo en un comunicado de un partido marroquí que en la corte del rey alauí andan preocupados por la imagen que Marruecos está dando al mundo. Y ahí me doy cuenta de que no habían calculado que ver a miles de seres humanos huyendo desesperados a nado, absolutamente abandonados y siendo la imagen viva de la pobreza, ha hecho que medio mundo se haga la pregunta correcta.
Los vídeos de marroquíes lanzándose al mar, descamisados, han dado la vuelta al mundo. Han hecho que personas de todo el planeta se pregunten algo que se les pasó por alto a la Internacional Reaccionaria y a su sucursal en Rabat: ¿qué pasa en Marruecos para que haya marroquíes que quieren huir de su país de una forma tan desesperada?
Cada imagen nos ha contado una historia no narrada, cada ser humano a nado y con lo puesto nos habla de la miseria económica del que huye y la miseria humana de quien la provoca. Operan como un grito que nos interpela. Decía Sartre en el prólogo de Los condenados de la Tierra que “las voces, amarillas y negras, seguían hablando de nuestro humanismo, pero fue para reprocharnos nuestra inhumanidad”.
Esa inhumanidad percibida es la que nos impele y han inundado las redes para señalar al régimen marroquí, al gobierno genocida de Israel y a neofascista de Donald Trump como causantes conscientes de una crisis contra España que usa seres humanos sin importarles sus vidas.
Quieren hacernos creer que la vida de un pobre vale menos, que morir ahogado huyendo es culpa de quien huye, que merecen la miseria y que los pobres no importan. Pero esta vez, miles de mensajes en redes y en medios no callan lo evidente: que 50.000 personas no cruzan una frontera sin el permiso de las autoridades del país. El New York Time lo ha contado: los propios migrantes hablan de cómo las autoridades marroquíes los animaban a ir a Ceuta, lo que demuestra que la Internacional Reaccionaria ha movido sus teléfonos, pero ya no ganan como antes. La BBC, La Reppublica o La Stampa en la Italia de Meloni también hablan de lo que es obvio: es una respuesta de Rabat a las conversaciones de España con Argelia que nos garantiza gas sin pasar por Marruecos, a lo que yo añado que las simpatías saharauis y palestinas de España se les antojan intragables al club de los sátrapas.
Secadas ya las lágrimas que otros no llorarán, hoy nos toca pensar qué podemos hacer para que esto no vuelva a ocurrir y no va a ser fácil; pero los caminos se hacen dando pasos hasta que tengamos una ley de migración europea que garantice rutas seguras y proteja derechos, que es una forma elegante de decir que hay que dinamitar el sistema colonial que paga a otros países para que impidan que los condenados de la tierra caminen libres por ella, como si no fuera también suya, como si no fueran personas, sino animales, ganado que estabular o que sacrificar.
El primer paso, aunque solo sea para honrar a los muertos en el mar, es acabar con la externalización de fronteras, empezando por la marroquí, y que Marruecos devuelva los 624 millones de euros que recibe por blindar su frontera con España; al menos, que no les salga gratis abandonar a su gente. El segundo es ser muy conscientes de que, en nuestra Europa, la deportación de personas y la negación de auxilio nos devuelve a épocas muy, muy sombrías.
"Esto es como en 1939, excepto que todas las capitales occidentales están llenas de nazis", escribió, provocador, el periodista Matt Kennard. Y es verdad: si no reaccionamos, el continente que inventó la Ilustración se va a quedar a oscuras.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.