Opinión
Altercado en la Feria

Por Juan Losa
Periodista
-Actualizado a
Se ha sabido que un historiador, conocido por sus notables aportaciones al estudio de las cruzadas castellanas, se desplomó el pasado miércoles en la Feria del Libro de Madrid, no sin antes desatar el caos en varios puntos del recinto. Ya en la ambulancia, el académico señaló que fue la indiferencia del público lector hacia su ópera prima —El caballero de la daga santa (Ediciones del viento)— lo que despertó en su interior una "incontenible pulsión de gresca", que le llevó a hostigar e injuriar a escritores de reconocido prestigio. Así, fue visto en las inmediaciones de la caseta asignada a Javier Cercas, a quien acusó de pontificar una y otra vez con sus "abominables fábulas revisionistas". No contento con ello, se dirigió donde Arturo Pérez-Reverte, dedicándole, sin mediar palabra, un pellejudo y blanquecino calvo en señal de protesta. Se las tuvo también con el periodista Carlos del Amor, al que tildó de "relamido" y "fantoche", llegando incluso a arrebatarle el micrófono en pleno directo. Por último, trató de prender fuego a una pila de libros de Juan del Val, momento en el que la seguridad de la Feria, prevenida ya del agitado trasiego del académico, se dispuso a reducirlo. Este, sin embargo, logró escabullirse entre la multitud y fue a parar al VIPS, donde, subido a una mesa y en un estado próximo al delirio, comenzó a proferir todo tipo de sonidos inarticulados y balbuceos, concitando, esta vez sí, el interés del público lector. "Fue una cosa digna de ver", declaró a los medios una trabajadora del establecimiento, testigo ocular de la incomprensible arenga del historiador y de su posterior desmoronamiento. Un portavoz del Summa 112 achaca lo sucedido al conocido síndrome de la caseta solitaria, que empuja a sus ocupantes —por lo general autores sin mucho predicamento— a canalizar su frustración a través de la bolinga y el aspaviento. Los familiares del profesor han hecho público, por medio de un comunicado, el profundo bochorno que dice sentir el académico, actualmente inmerso en la escritura de lo que será la secuela de El caballero de la daga santa. Según ha podido saber este diario, el nuevo proyecto —del que por el momento solo ha trascendido el título, El guardián de la cruz bermeja— ya habría despertado el interés de algunas de las más importantes editoriales del país, circunstancia que habría contribuido a mitigar, solo en parte, su hondo pesar.
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