Opinión
La ansiedad de Moreno Bonilla

Por Oti Corona
Maestra y escritora
-Actualizado a
A las mujeres se nos ha acusado de cosas horribles a lo largo de la historia. Se nos ha culpado de las violaciones que sufrimos, se nos ha tachado de manipuladoras o de mentirosas cuando no hemos querido pasar por el aro, de histéricas si gritamos por nuestros derechos, de chifladas si no nos adaptamos a esta sociedad de locos. También se ha despreciado nuestro dolor físico y emocional, nuestros cuerpos cuando no cumplen los requisitos instagrameables y, sin importar si somos reinas o plebeyas, nos han abandonado a nuestra suerte cuando han venido mal dadas.
Estos últimos dos meses, el PP andaluz no se ha dejado ni una casilla del bingo por marcar. Porque una cosa es la incompetencia del PP, especialmente cuando una de sus meteduras de pata provoca víctimas mortales, y otra es el trato que se ha dado a las víctimas del cribado del cáncer de mama por el hecho de ser mujeres.
Nada más estallar la polémica, la exconsejera Rocío Hernández Soto protestó porque la Asociación de Mujeres con Cáncer de Mama (AMAMA) tardó demasiado en ponerse en contacto con la Junta. Hay que tener los ovarios del diámetro de Júpiter para culpar a las afectadas de los errores del gobierno autonómico. Pues lo hizo, y eso no fue todo: en la misma entrevista, Hernández Soto afirmó que le gustaría que dejaran de manipular el sistema sanitario público. Claro que sí, doña Rocío. Todo ha sido una burda manipulación de esas pérfidas enfermas de cáncer.
Continuó Moreno Bonilla con aquello de la ansiedad, una palabra de hoy que equivale al histerismo de antaño. Insinuar que sufrimos un trastorno mental siempre fue un buen truco para obligarnos a ser más cautas. Y mira si es listo el presidente del gobierno andaluz que en esas declaraciones en las que venía a llamar histéricas a las afectadas, escogió hablar en masculino. ¿Por qué el masculino, si las pacientes son mujeres? Pues porque si hubiese usado el femenino, habría cantado demasiado. Moreno Bonilla quiso enseñar la patita, no todo el plumero. Lo mismo que Hernández Soto, que sacó la carta del desequilibrio emocional al afirmar que es normal que las mujeres sientan angustia o intranquilidad. También es normal que sientan indignación, que es lo que más sentimos todas, pero la exconsejera no usó esa palabra tan poco femenina.
Por si todo lo anterior no fuera suficiente, quien debería haberlas apoyado las ha dejado solas. La Asociación Española contra el Cáncer, tras unas semanas de vergonzoso silencio, se limitó a fotografiarse con Antonio Sanz, el nuevo consejero, y a firmar un documento sobre acompañamiento, apoyo y orientación a las mujeres con cáncer de mama. ¿En serio no se acompañaba, orientaba y apoyaba a las enfermas hasta ahora? ¿O sí que se hacía y este documento es un paripé? A saber. Puede que la Junta no lo considerara necesario porque de eso se ocupaba AMAMA.
Así que ya tenemos la culpabilización, las acusaciones de manipulación, el tratar a las mujeres de locas y el abandono. Y aún no estamos, porque ahora las tratan de mentirosas. El consejero exige a AMAMA demostrar los casos de las afectadas para ver si los números de la asociación cuadran con los suyos. La asociación denuncia unos 4.000; la Junta, unos 2.300. Me cuesta entender qué pretende Sanz con esto. ¿Marear la perdiz para que concluyamos que dos mil perjudicadas son pocas? ¿Insinuar que mienten y que por tanto no hay que tenerlas en cuenta? Seguramente las dos cosas.
Sabrán perdonarme, pero después de este nuevo espectáculo post-catástrofe pepero, intuyo que las decisiones de gestión alrededor del cribado son una evidencia más de misoginia. Las mujeres que se someten al cribado de cáncer de mama ya han cumplido con su función reproductiva y de crianza. ¿Qué espera el patriarcado de nosotras cuando nuestros cuerpos, según los estándares de nuestra maravillosa sociedad, ni siquiera son deseables? Que estemos calladitas y que no estorbemos. Y no digo que esperan que nos muramos lo antes posible porque no tengo pruebas, pero vamos. Es lo que esperan. ¿Habrían mostrado la misma desidia los responsables sanitarios si los pechos en riesgo perteneciesen a mujeres de 20 años? Tampoco tengo pruebas, pero mucho me temo que no.
Estas semanas han sido bochornosas y lo peor es que en el PP no se arrepienten en absoluto de su gestión ni antes de que les pillaran ni después. Por eso han rechazado en el Senado una moción del PSOE para mejorar los programas de cribados del cáncer de mama: porque poco les importa lo que les pase a esas mujeres cuyos cuerpos no interesan, que son mentirosas y manipuladoras y que están como cencerros. No lo digo yo. Lo dice el PP andaluz.
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