Opinión
Apología y marketing de la irresponsabilidad

Por Miquel Ramos
Periodista
-Actualizado a
El próximo fin de semana, Madrid se convertirá en el escenario de un evento que reunirá a conocidas figuras de la extrema derecha actual y estrellas del neoliberalismo. Javier Milei, el presidente argentino, será el invitado de honor al Madrid Economic Forum, un nombre que puede sugerir cierta institucionalidad de lo que es tan solo marketing para un aquelarre neoliberal. Un evento privado amenizado por personajes populares del nuevo fascio que servirá, además, para sacarle las perras a unos cuantos incautos, promocionando criptomonedas y otros productos relacionados con la idea del dinero fácil. Eso, independientemente de lo que paguen por las entradas, que van desde los 100 euros hasta los 7.500 euros.
Se trata en realidad de un evento organizado por la consultora del conocido influencer derechista Wall Street Wolverine y una asesoría para quien quiera irse a tributar a Andorra. Y todo, con el patrocinio de una empresa de criptomonedas. Entre los conferenciantes se encuentran Iván Espinosa de los Monteros, Albert Rivera, Marcos de Quinto, Esperanza Aguirre, Agustín Laje, Manuel Tamames, Iker Jiménez, Álvaro Nieto, (director de The Objective), y muchos otros, pero la estrella será, sin duda, el presidente argentino, Javier Milei.
El anuncio parece más el de un espectáculo que el de un foro de pensamiento: "Una experiencia única, con un despliegue audiovisual impactante", destaca en su web. Pero es que el espectáculo es parte de la ideología. Solo hay que ver a cada uno de los oradores, la mayoría de ellos representando personajes histriónicos, vehementes, cínicos y malistas. Su marca de la casa, un nuevo estilo. Una nueva identidad. Aunque luego ofrezcan cursos de liderazgo y maestrías en escuelas privadas de liderazgo o en uno de tantos (y suyos) think tanks reaccionarios. El flujo del dinero que circula por ahí, es muchas veces público, cuando se trata de fundaciones de partidos o eventos financiados por instituciones. Aquí no hay derroche, ni chiringuitos. Ellos se lo merecen.
Los temas principales que se anuncian son "la vivienda, la seguridad, las pensiones, el emprendimiento, la batalla cultural y el nuevo orden mundial". El elenco de participantes (que tendrán unos 45 minutos cada uno para su discurso) ya sugiere el marco en el que se presentarán estos asuntos. Porque el mundo que nos tratan de presentar está hecho a medida para justificar sus políticas. Y ese mundo no es ni puede ser más justo ni amable, sino una jungla donde no hay más reglas que las del mercado. Y estas, ni entienden de humanidad, ni tienen ningún compromiso con hacer del mundo un lugar mejor.
El mundo apocalíptico que nos dibujan desde sus púlpitos no se parece en nada al que vive la mayoría de la gente, pero su batalla cultural va precisamente de eso. Va de hacernos creer que el problema de la vivienda son los okupas, que los pobres lo son porque no se esfuerzan, y que el hombre blanco occidental y heterosexual está perseguido y merece ser protegido como especie en extinción. Como los ricos. Tratan de convencernos de que no hay para todos y hay que competir por los recursos; de que la naturaleza está para servir a los humanos, de que solo el más fuerte sobrevivirá, y para ello, todo está justificado, hasta un genocidio. Hoy en Gaza y ayer en el Congo. Porque, en este mundo que nos presentan, en el que solo sus recetas son garantía de supervivencia, no cabe ni la solidaridad, ni la igualdad, ni la empatía. Es una constante apología de la irresponsabilidad, el individualismo, la no cooperación, lo que subyace en su propaganda. Solo así, con personas miedosas, desconfiadas, egoístas y sin escrúpulos, es posible sostener su mundo.
No somos capaces de imaginar mejores futuros porque la arrolladora maquinaria cultural neoliberal se ha ocupado bien de ello. La mayoría de los productos de ficción que hablan de lo que podría estar por venir son siempre distopías, atravesadas por la escasez, y por la violencia y la competencia como única vía de supervivencia. No es casualidad que no aparezca demasiado la cooperación y la solidaridad como salvavidas de la humanidad. Y cuando aparece, siempre hay alguien que lo jode, que se aprovecha o que demuestra que no te puedes fiar de nadie. Ni siquiera de esa pareja de ancianos entrañables que te invita a su casa en medio del colapso. Seguro que guardan varios cadáveres en el congelador, así que deshazte de ellos antes de convertirte en su cena. El hombre es un lobo para el hombre. Y nadie quiere ser el tonto de la película.
Las distopías son parte del relato del mundo que constantemente dibuja el neoliberalismo, y, con más aderezo tétrico y cruel, la extrema derecha. La sociedad, dicen, no puede funcionar cooperando, sino compitiendo. Y todo lo que no encaje, no se adapte o no comulgue, se soluciona mediante la exclusión y el castigo. No hay mejor muestra de lo que representan estas ideologías complementarias, fascismo y capitalismo, cada vez menos tímidas a la hora de exhibir sus costuras.
Se trata, en realidad, de la ostentación obscena del ser irresponsable. No existe ningún vínculo social que exija compromiso para con los demás, más allá de lo que marca la ley. Y a veces ni eso. Porque si en algo son expertos los neoliberales es en usar sus privilegios para sortearla allá donde esta pretenda amortiguar cierta desigualdad. Los ricos tienen muchas más herramientas para pagar menos impuestos que la clase trabajadora, aunque el tipo impositivo que les corresponda sea mayor. Pero es que no se puede cooperar en una sociedad que, según nos cuentan, está llena de vagos y aprovechados que se nutren del trabajo ajeno para vivir de rentas. Y no se refieren a los rentistas como tú y yo los entendemos.
El evento privado del que hablábamos será uno de tantos encuentros en los que los negocios se mezclan con la propaganda política neoliberal y postfascista. Algo ya bastante habitual dentro del mercado ultra, hoy tan de moda y tan arrogante, que se ha convertido en una caricatura de sí mismo. Un espectáculo diseñado para presentar el autoritarismo y la irresponsabilidad como única opción ante un mundo hostil que no están dispuestos a cambiar. Sus recetas van de eso precisamente, de cómo conservar el trono o subir de escalón sin mirar donde pisas, sin pensar siquiera que al final de la escalera se ve el abismo, y posiblemente habrá otro que te empujará hacia abajo si le conviene. Porque de eso va todo esto. De salvar tu culo y que le jodan al resto.
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