Opinión
Ayuso en Mégico

Por Anibal Malvar
Periodista
La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, ha cruzado en avión el océano Mediterráneo para poner las cosas en orden en Mégico, que es una tierra que no existía antes de que llegara a ella Hernán Cortés en el siglo XVI (se pronuncia dieciséis, como el número 16, por si algún votante de Ayuso me lee y acusa de escribir los siglos en lengua extranjera, que voy p'alante). Allí estuvo la lideresa pronunciando emocionantes discursos, algunos en inglés, que es el idioma que mejor entienden los habitantes de Tlaquepaque, Iztapalapa, Xochimilco o Tlalnepantla, topónimos de evidente origen anglosajón. Añadir que su inglés es tan perfecto que ni siquiera los académicos británicos lo entendían.
Siempre bien documentada, Isabel Díaz Ayuso ha ido a decirle a los pobres indiecitos de Mégico que, antes de que Hernán Cortés llegara, allí no había ni civilización ni ley ni cultura ni tierra. Llevar en barco civilización, ley y cultura es factible incluso ahora, pues de todos es sabido que entre las tres pesan muy poco. Pero transportar en un barco del siglo XVI dos millones de kilómetros cuadrados de tierra para que los niños pachucos tuvieran un suelo que pisar, es un prodigio de Hernán Cortés que ni la historia ni los navegantes hemos valorado lo suficiente.
Ayuso ha regresado a Madrid antes de lo esperado, pues trabaja a la velocidad del rayo con contrastada eficiencia. Tan rápida que firmó un convenio de inversión con el grupo Alsea que ya estaba firmado en marzo. A la mierda los callos, las bravas, el potaje, la sopa de ajo y el cocido madrileño. Gracias a la lideresa, esta franquicia sembrará Madrid de manjares de Burger King, Starbucks, Cheesecake y Domino's Pizza, trayendo salud y sabor a raudales a nuestra intragable gastronomía popular.
La obsesión de Ayuso con la salud alimentaria viene de lejos. Ya en 2020, en plena pandemia, firmó contratos para que los niños de familias pobres comieran todos los días Telepizza y Rodilla. "Dicen si yo les daría esta comida a mis hijos. No creo que los niños tengan que aguantar los menús que les pondrían sus señorías de Podemos, que a lo mejor son los menús de Venezuela, que es nada". Y, con espíritu orteguiano (de Simone Ortega), recitaba sus maravillas dietéticas para la población en edad de crecimiento: "Hamburguesa infantil con patatas, otro día pizza. Con coca-cola, ¡con coca-cola! Que yo juraría que al 100% de los niños les encanta. Les apuesto lo que quieran a que el niño primero se comía la pizza. Y, contra su voluntad, la ensalada".
En Mégico se han quedado desolados con el prematuro regreso de Ayuso, como sin duda nos informará Telemadrid. Duele pensar qué comerán los pachuquitos megicanos sin la ensalada mental de Ayuso. Pero la necesitamos aquí, sobre todo ahora que un hantavirus amenaza la salud pública. Épica fue su lucha cuerpo a cuerpo contra el coronavirus con una espada de fulgores regalada por la firma Quirón. Murieron cruelmente 7.291 inocentes, pero de héroes anónimos están sembrados los más gloriosos campos de batalla.
Tras su salida de Mégico, ella, con su irreductible amor al consenso y al diálogo, ha ordenado a su gabinete difundir un mensaje de ternura y conciliación que no puede dejar indiferente a nadie: "Todo el clima de boicot que sigue creciendo por parte del gobierno de ultraizquierda mexicano obliga a Isabel Díaz Ayuso a suspender la tercera parte del viaje, prevista en Monterrey, y regresar a Madrid", escriben los apócrifos de MAR.
Si estas declaraciones crean un conflicto diplomático con Mégico, será culpa de los propios megicanos. El ahora reivindicado Hernán Cortés herraba la frente de los pachuquitos con hierros candentes, como se hacía con las reses, para que el hierro candente y católico español llegara al cerebro de aquellos incivilizados niños. Los descendientes de aquellos infantes herrados, cinco siglos después, permanecen ahora errados. Habrá que conquistar, herrar y evangelizar otra vez. ¿Alguien tiene el teléfono de Donald Trump? Es para una amiga.
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