Opinión
Las bases, la sumisión europea a Trump y cómo superarla

Por Pablo Castaño
Periodista y profesor de Ciencia Política en la UAB
Las redes sociales están llenas de bromas sobre los comunicados vacíos con los que la Unión Europea responde a las crisis mundiales que se suceden con ritmo frenético en la era Trump 2.0. El ataque estadounidense-israelí contra Irán también ha motivado en Bruselas una serie de reuniones sin conclusiones concretas y comunicados llenos de hipocresía. La palma se la llevó la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que reaccionó al bombardeo de Irán y asesinato de su jefe de Estado calificando de "inaceptables" las represalias iraníes mientras callaba sobre la agresión inicial de Washington y Tel Aviv, obviamente ilegal. Fue la enésima muestra de la sumisión de Von der Leyen a las aventuras imperialistas de Donald Trump y Benjamin Netanyahu, que se reprodujo con diversos matices en las principales capitales europeas.
El canciller alemán, Friedrich Merz, aprovechó su reunión con Trump en la Casa Blanca pocos días después del inicio de los bombardeos para manifestar su "sintonía" con el objetivo de derribar el régimen iraní, una de las cambiantes justificaciones con las que el republicano ha defendido su nueva guerra. Merz renunció a "sermonear" a Trump (es decir, a defender la legalidad internacional). Igual que el presidente polaco, Karol Nawrocki, Merz ha apoyado el ataque ilegal aduciendo que Irán es una amenaza a la seguridad internacional por su empeño en adquirir armas nucleares.
Ambos parecen olvidar que Trump lanzó su ataque cuando el gobierno iraní había aceptado importantes concesiones en las negociaciones destinadas a parar su programa nuclear, según explicó el ministro de Exteriores de Omán, que hizo de mediador. Merz también obvia que Trump ya dinamitó durante su primer mandato el acuerdo con Teherán para evitar que adquiriese armas nucleares (impulsado en buena medida por Europa), sin que los líderes europeos moviesen un dedo para reactivar la vía diplomática.
Por su parte, el primer ministro británico, Keir Starmer, se ha mostrado fiel a la volubilidad que le caracteriza. Su gobierno denegó la utilización de su base en Diego García (océano Índico) para los primeros bombardeos, por las dudas sobre la legalidad del ataque, pero después abrieron las puertas a los aviones estadounidenses. Demasiado tarde para Trump, que se mostró "muy decepcionado" con Starmer por su retraso en el cumplimiento de sus deseos.
Emmanuel Macron, consciente del antiamericanismo arraigado en la sociedad francesa, ha intentado hacer unos equilibrios que han resultado poco convincentes. Fue uno de los pocos líderes europeos, junto a Sánchez, en señalar explícitamente que la guerra de Trump y Netanyahu "está fuera del Derecho internacional", pero a la vez ha permitido el uso de bases francesas para la ofensiva. Macron, que se enfrenta a unas elecciones municipales con malas perspectivas, ha intentado tapar la incoherencia de su posicionamiento anunciando un incremento del armamento nuclear francés y ofreciendo ampliar su paraguas nuclear a otros países europeos. El clásico recurso al belicismo para tapar las vergüenzas, al que se están haciendo adictos los líderes más impopulares de Europa. Los mismos que reivindican el Derecho internacional para defender a Ucrania pero lo olvidan en Gaza, Venezuela o Irán.
En enero pareció que la amenaza directa de Trump de apropiarse de Groenlandia consiguió convencer a las élites europeas de que Estados Unidos ya no es un aliado, sino un rival que se puede convertir rápidamente en enemigo. En esa ocasión, el Parlamento Europeo suspendió el humillante acuerdo comercial impuesto por Trump a Von der Leyen en julio de 2025 y la UE respondió de forma conjunta a la enésima ronda de amenazas comerciales del republicano. Sin embargo, la aquiescencia al secuestro de Nicolás Maduro y la cacofonía tras el bombardeo de Irán confirman que Europa sigue oscilando entre el desconcierto y la sumisión al intervencionismo imperialistas de Trump y Netanyahu.
El asunto del uso de bases militares de países europeos o bases estadounidense en territorio de la UE recuerda que, más allá de la hipocresía de los actuales mandatarios, el continente tiene una dependencia militar estructural respecto a Washington. Trump dijo que podrían haber utilizado las bases de Rota y Morón sin autorización del gobierno español y seguramente tenga razón; cuesta imaginar al Ejército español derribando aviones estadounidenses que entrasen ilegalmente en el espacio aéreo. Mientras el Pentágono mantengan más de doscientas bases, decenas de miles de militares y armas nucleares en Europa, la autonomía estratégica será una quimera. Por no hablar de la compra masiva de armamento a Estados Unidos, otro elemento clave de dependencia.
Von der Leyen reclamó el pasado lunes "una política exterior más realista", aparentemente cansada del empeño de algunos de seguir defendiendo el Derecho internacional en vez de entregarse a la ley del más fuerte patrocinada por Vladimir Putin, Trump y Netanyahu. Tiene razón en la apelación al realismo, pero no es nada realista intentar apaciguar a Trump –como ella intenta sin éxito desde hace más de un año– ni condenar a Europa a una competición armamentística que nunca podrá ganar. En la era Trump 2.0, el realismo pasa por buscar otras fuentes de poder – como ocupar el hueco dejado por Estados Unidos en los organismos de la ONU o asumir un rol activo en la mediación de conflictos, como han hecho con éxito países como Qatar – y romper las dependencias geopolíticas europeas.
Un buen comienzo sería empezar a cerrar las bases estadounidenses en Europa. Sería la única manera de que, en el futuro, ningún presidente estadounidense vuelva a dar por hecho que Europa le seguirá en cualquier agresión imperialista. Suena imposible después de décadas de atlantismo ciego, pero hay países europeos como Irlanda o Austria que viven en paz con un estatus neutral y sin militares estadounidenses instalados en su territorio.
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