Borbolandia
Borbones, golpe a golpe

Periodista y escritora
Desde hace 200 años, cada Borbón lleva asociado a su reinado un golpe de Estado en España. Ahí reside la explicación de que unos pocos españoles informados estén deseando deshacerse de la monarquía, mientras que otros pocos defienden la tradición golpista borbónica porque respetan el deseo de su líder fascista Francisco Franco. Cierto que también hay una parte importante a la que le da igual ocho que ochenta porque ni entiende ni conoce ni sabe colocar en orden a los seis borbones implicados en los cinco golpes.
Dicen los que solo buscan excusas con las que echar balones fuera, que es muy difícil aprenderse una lista, no de los once borbones que nos han caído en desgracia, sino de los seis últimos, porque nadie se preocupó de enseñárselos en la escuela. Puede que sean los mismos que te relatan de corrido la alineación del Atlético en las temporadas 76/77, añadiendo sin que preguntes la del 95/96, o los que se saben por orden cronológico los pichichis del Real Madrid desde Benzema a Puskas. Y es que, como es bien sabido, los pichichis y las alineaciones son una asignatura en el cole.
Bien es cierto que, de los cinco golpes de Estado en los que se han involucrado los seis últimos Borbones, bien para permanecer en el trono o bien para recuperarlo, solo es conocido uno: el último, el del dictador Franco, el salvador del actual rey Felipe VI y su padre Juan Carlos I.
Fernando VII dio su golpe de Estado en 1814 para derribar las instituciones y evitar firmar la Constitución; y María Cristina de Borbón financió desde su exilio en París su propio golpe encubierto -con la inestimable ayuda de la prensa comprada- para tumbar al gobierno en 1843, regresar a España y mangonear el reinado de su hija Isabel II… de trece años, por cierto.
En 1870 llegó el siguiente golpe de Estado para instalar a Alfonso XII; en 1923 Alfonso XIII arreó otro con su compinche Miguel Primo de Rivera porque estaba a punto de perder la corona; y qué decir del que dieron los africanistas en 1936 con el apoyo y el aplauso de los Borbones desde el exilio y luego con el indisimulado entusiasmo de Juan Carlos, babeando tras el asesino de tantas decenas de miles de españoles.
Los progres de este país son tan flojos y están tan desorientados hoy como hace siglo y medio.
También hubo tres golpes de Estado para derribar a reyes y reinas borbonas, pero muy mal dados, porque los progres de este país son tan flojos y están tan desorientados hoy como hace siglo y medio, y cada vez que estallaba una revolución contra la corrupción del Borbón reinante, el triunfo revoltoso no llevaba a la República, sino al mantenimiento del rey o la reina para intentar reformarlos (ilusos…) o a la búsqueda de un rey de otra dinastía. Mismos perros con distinto collar. Ocurrió en 1820, 1854 y 1868.
La única vez que este país ha expulsado con la legitimidad de las urnas a un Borbón y sin intención de poner a otro fue en 1931, y desde entonces los distintos gobiernos falsariamente republicanos durante y después de la farsante Transición nos han hurtado deliberadamente el derecho a decidir.
Tuvimos una inmejorable oportunidad en 2014 cuando, de nuevo, los Borbones volvieron a demostrar por enésima vez lo que son al ser pillados con las manos en la masa. El partido exrepublicano en el poder, sin embargo, prefirió sepultar sus principios antes que poner pie en pared y decir… basta ya. En vez de eso, el secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, intentó enredarnos con una verborrea propia de quien toma a sus votantes por olvidadizos desinformados, y nos cantó desde la tribuna del Congreso las excelencias de una ley de abdicación que no se creía ni él, pero sirvió para mantener a otra familia de desocupados en la Zarzuela, incluidas la suegra y la hermana de la suegra de la señora Ortiz.
"Los españoles han echado al último Borbón, no por rey, sino por ladrón", escribió Valle Inclán.
Siempre hay que recordar esas sabias palabras del gallego Valle Inclán y que tantas veces nos vienen a la boca en los últimos lustros: "Los españoles han echado al último Borbón, no por rey, sino por ladrón". Se refería a Alfonso XIII, y justo 83 años después -porque los Borbones no dejan pasar ni un siglo entre pifia y pifia- hubo que repetir la expulsión y por las mismas razones. La única incertidumbre es cuánto tardará en llegar la siguiente e inevitable fechoría.
Los descerebrados liberales que se revolucionaron en 1820, en vez de darle un par de collejas al mastuerzo Fernando VII y mandarle a freír monas a la isla de Cabrera para que allí se extinguiera su estirpe, decidieron mantenerlo en el trono y obligarle a firmar la Constitución que se había negado a refrendar seis años antes; Constitución que volvió a tirar por tierra tres años después, en 1823, momento en el que Fernando VII sacó el patíbulo y se le fue la pinza dando garrote a los torpes liberales que le habían mantenido en el trono.
Con la revolución de 1854 llegó la oportunidad perfecta para expulsar a Isabel II, a su conspirador marido Francisco y a la tóxica madre de la reina, María Cristina de Borbón, pero nada hay más triste que un monárquico que se cree progresista, y los de entonces optaron por echar a la peor para quedarse con la mala, al igual que en 2014 quisieron conformarnos con ver cómo echaban al peor para quedarnos con el malo.
Llegó otra magnífica ocasión de deshacerse de la dinastía en 1868, pero de nuevo los liberales revolucionarios cometieron el irreparable error de mantener la monarquía en la figura de un rey de otra dinastía, los Saboya. Y no fue este el único disparate; el otro fue no haber hecho una transición social y política como mandaría el sentido común, dejando dentro de España células cancerígenas borbónicas que gestaron el golpe de Estado militar que acabaría trayendo de vuelta a Alfonso XII para sentar de nuevo en el trono a un Borbón… de 17 años recién cumplidos, sea también dicho. He aquí otro paralelismo con la transición de los setenta y los ochenta. El cáncer franquista siguió aquí.
El maldito general Martínez Campos fue el golpista que nos encajó a Alfonso XII otra vez, y como en este mundo traidor nada es casualidad, el maldito ático de la maldecida Isabel Díaz Ayuso está en la calle con el nombre de este militar golpista que nada bueno trajo al país y que ha vuelto a ser mil veces nombrado por la corrupción actual.
Desmenuzaremos en próximas entregas borboneras los golpes de Estado que esta dinastía ha firmado en este país, porque, a la vista está, España ni los quiso ni los quiere, por eso tuvieron que recurrir a la violencia o a la ilegalidad para hacerse querer. Iremos golpe a golpe, como Machado.
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