Opinión
Que no se borre la palabra 'saharaui'

Por Sato Díaz
Coordinador de Política.
-Actualizado a
Con sus certeros comentarios radiofónicos, Luis García Montero nos da los buenos días desde la Cadena SER todos los martes en el programa Hoy por hoy que conduce Àngels Barceló. El pasado 2 de diciembre, el poeta y director del Instituto Cervantes reivindicaba, desde la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México), el poder de la palabra. Ante la crisis global que amenaza la democracia, García Montero considera que "la tarea de la democracia tiene mucho que ver con la palabra ilusión". "Necesitamos una política que devuelva la ilusión a palabras como igualdad y fraternidad, solidaridad y convivencia", añadía en su reflexión.
Esa misma semana se celebraba en Madrid la Reunión de Alto Nivel (RAN) entre los Gobiernos de España y Marruecos, el jueves 4 de diciembre. La cumbre se manejó con sigilo desde Moncloa. No hubo briefing informativo con periodistas previo a la misma, como suele pasar ante este tipo de hitos. Tampoco comparecencia posterior ante medios de comunicación, evitando la posibilidad de las preguntas de la prensa. La comunicación oficial tras el encuentro se limitó a la difusión de la declaración conjunta entre ambos Ejecutivos. Un documento de 23 páginas en el que se desglosan los acuerdos adoptados entre las dos partes en 119 puntos.
La relación con el régimen de Mohamed VI es prioritaria para el Gobierno de Pedro Sánchez, y este trato se fundamenta en un pilar básico: la cuestión del Sáhara Occidental. El régimen alauí anhela anexionarse el territorio saharaui desde hace décadas y en los últimos años ha puesto el acelerador y ha logrados éxitos que acercan este deseo a la realidad, pese a que el Derecho Internacional reconoce que la población saharaui ha de ejercer su derecho a la autodeterminación para decidir su futuro político, ora integrado en el reino marroquí, ora como un país independiente, y culminar así un proceso de descolonización inconcluso que convierte al Sáhara en la última colonia de África.
La aparente buena relación actual hispanomarroquí es así solo porque el Gobierno español asumió las pretensiones de Mohamed VI con respecto al Sáhara. Sánchez reconoció en una carta al monarca marroquí en marzo de 2022 que España apostaba por la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara como la forma de solventar el conflicto y desde entonces las tensiones entre ambos países se han rebajado o, al menos, se mantienen sottovoce. Ambos Estados celebrarán un mundial de fútbol masculino conjuntamente y con Portugal en 2030.
El pasado jueves, el comunicado sobre la RAN admitía que "el presidente del Gobierno ha reiterado la posición de España sobre la cuestión del Sáhara Occidental expresada en la Declaración Conjunta del 7 de abril de 2022". En aquel texto se firmó lo siguiente: "España reconoce la importancia de la cuestión del Sáhara Occidental para Marruecos, así como los esfuerzos serios y creíbles de Marruecos en el marco de las Naciones Unidas para encontrar una solución mutuamente aceptable. En este sentido, España considera la iniciativa de autonomía marroquí, presentada en 2007, como la base más seria, realista y creíble para resolver este diferendo". Una autonomía dentro del Estado de Marruecos es la fórmula que va ganando adeptos para materializar la anexión del Sáhara Occidental al país alauí.
Con estas asunciones por parte del Ejecutivo español, quedan lejos los momentos más tensos de la relación con el vecino del sur, como cuando en marzo de 2021 miles de personas migrantes cruzaron la frontera de Ceuta, entre ellos menores de edad. Sánchez calificó el momento de "crisis", la entonces vicepresidenta Carmen Calvo habló de "agresión a las fronteras". La llegada masiva de personas desde Marruecos estaba contextualizada tras el enfado del monarca alauí porque España acogió al presidente de la República Árabe Saharaui Democrática y líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, en un hospital de Logroño, donde se recuperó de una grave infección de covid-19.
La diplomacia marroquí se ha esforzado en los últimos años, con alto rendimiento, para que relevantes potencias occidentales reconozcan la marroquinidad del Sáhara, algo que no hace ninguna resolución de Naciones Unidas ni sentencia de tribunales internacionales. Sin embargo, el goteo de posicionamientos favorables a que el Sáhara sea una autonomía integrada en Marruecos se ha ido engrandeciendo: no solo España, también los Estados Unidos de Donald Trump, Francia, Reino Unido… El Polisario no ha celebrado victorias contundentes en el plano diplomático en los últimos tiempos.
De hecho, el pasado 31 de octubre, Trump logró que el Consejo de Seguridad de la ONU incluyera en su resolución la autonomía como fórmula más creíble de resolución del conflicto. Sin embargo, dicha resolución también reconoce "la libre determinación" del pueblo saharaui. Traduciendo este entuerto y contradicción, se puede entender que la ONU aboga por que los saharauis puedan decidir su futuro político y que una de las opciones sobre las que escoger sea, precisamente, convertir el Sáhara en una autonomía integrada en Marruecos, pero que no sería esta la única opción dentro de la consulta.
En otro apartado de la declaración conjunta de ambos gobiernos de la cumbre celebrada en Madrid, estos "se felicitan por la evolución positiva señalada en el informe anual del Instituto Cervantes sobre la lengua española, que ahora refleja con mayor exactitud la distribución de los hispanohablantes en todo Marruecos". En el informe del 2025 El español en el mundo del organismo dirigido por García Montero y dependiente del Ministerio de Exteriores dejó de hablarse del Sáhara Occidental como una entidad política independiente para contabilizar a las personas que hablan español.
De este modo, serían 1.888.625 personas potenciales hablantes de español en la actualidad en Marruecos, sin que haya mención en el estudio sobre las personas hispanohablantes en el Sáhara Occidental ocupado por el régimen marroquí. Por el contrario, en el mismo informe del año anterior, el 2024, se cifraba en 423.739 las potenciales hablantes de la lengua española en el Sáhara Occidental. De forma separada, se realizaba el recuento en Marruecos: 1.754.485 personas. Por otro lado, tanto en el informe de 2024 como en el del año en curso se contabilizan en las cifras correspondientes a Argelia las de las personas saharauis refugiadas en los campamentos de la región de Tinduf.
Ante tal situación, Público ha consultado con los autores del informe del Instituto Cervantes, quienes niegan que haya una razón política detrás de hacer desaparecer el Sáhara Occidental de entre el listado de países con hablantes de nuestra lengua. "Hay una razón metodológica, no hay datos del Sáhara. La única fuente que tenemos fiable es de Marruecos", aseguran, añadiendo: "Antes habían fuentes independientes sobre la demografía, las edades y se podía deducir qué lengua hablan; ahora solo hay datos a través de Marruecos". "Por otro lado, la caída de los hablantes de español en el Sáhara es tremenda por la política de arabización que desarrolla Marruecos, que ha apartado el español del sistema educativo y se están sustituyendo las lenguas extranjeras por el inglés", prosiguen las fuentes consultadas.
La respuesta no se hizo esperar. Ali Salem Iselmu, Bahia Awah y Farah Dih, tres escritores saharauis en el exilio de la llamada Generación de la Amistad, publicaron un comunicado en el que afean la decisión del Instituto Cervantes. "Se ha contabilizado a los saharauis hispanohablantes dentro de los datos del régimen alauita, dando legitimidad a su agenda colonial e ignorando el derecho internacional", explican.
"Para un pueblo que lleva medio siglo viviendo bajo ocupación militar o en el exilio, esta omisión no es un simple descuido, es un reflejo de cómo se sigue administrando nuestra invisibilización, pero ni el Gobierno de España ni sus instituciones pueden desentenderse de la realidad de los saharauis", advierten estos saharauis que suelen usar la lengua española en sus creaciones. "El español es una lengua que atraviesa todos los ámbitos de nuestra sociedad, forma parte de nuestra cultura y nuestro día a día, tanto en las zonas ocupadas como en el exilio", recuerdan en el texto, prosiguiendo: "Invisibilizar a sus hablantes de español no solo distorsiona la realidad, sino que contribuye a nuestro silenciamiento. Pero mientras exista un saharaui que escriba o hable en esta lengua, nuestra lengua, el español seguirá formando parte de nuestra identidad, con todo lo que ello implica", concluyen.
La desaparición del Sáhara Occidental del informe del Instituto Cervantes de García Montero es un paso más hacia la invisibilización del pueblo saharaui. Si es cierto que no se ha incluido no por motivos políticos, sino ante la imposibilidad de encontrar fuentes fiables y sobre hablantes de español en el Sáhara Occidental, sería una consecuencia más de la política de silenciamiento de la realidad saharaui impuesta por la ocupación marroquí, del mismo modo que no se permite la entrada de observadores independientes o periodistas al territorio que informen sobre la situación de la población saharaui que todavía vive en la excolonia española.
Occidente está empeñado en hacer desaparecer a este pueblo. Por el poder de la palabra que reivindicamos para defender la hoy malograda democracia, que no se borre la palabra 'saharaui', de ningún lugar.


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