Opinión
El camino se le hace largo a Feijóo

Por Sato Díaz
Coordinador de Política.
Un goteo de elecciones autonómicas. La sala de máquinas de Génova 13 diseñaba su estrategia para el curso político 2025-26. Una sucesión de convocatorias electorales para subrayar debilidad del PSOE en los territorios, exhibir fortaleza del PP y dar la sensación de un Pedro Sánchez acorralado, empujándole a un anticipo electoral para las generales. Extremadura en diciembre del pasado año, Aragón en febrero, Castilla y León en marzo, Andalucía antes del verano...
A tenor de los resultados ya conocidos, es evidente que el PSOE no pasa por un buen momento. En Extremadura, Miguel Ángel Gallardo logró el peor resultado de la historia del partido en esta comunidad. En Aragón, Pilar Alegría igualó el mínimo histórico socialista. Estos comicios de febrero fueron especialmente dolorosos para Moncloa y Ferraz, pues quedaba en entredicho, con el varapalo de Alegría, la idea impulsada por Sánchez de promover que los líderes autonómicos del partido sean las ministras y ministros de su propio Gobierno. En el PSOE, sin embargo, se alejan de esas proyecciones que relacionan los resultados autonómicos a unas generales.
En el PP, tampoco pueden tirar cohetes. A María Guardiola no le fue mal en las urnas antes de navidades. El PP subía un escaño, conseguía 29 asientos en la Asamblea de Extremadura. A Jorge Azcón le fue peor en los comicios aragoneses de febrero, en los que se dejó dos diputados por el camino. Ni PSOE ni PP están sacando provecho de las distintas citas que se suceden ante las urnas.
Hasta el momento, el bipartidismo suspende en el actual ciclo electoral. La izquierda alternativa cosecha mejores resultados, se beneficia de los batacazos del PSOE y concentra el voto en aquellas candidaturas cuyo referente no es de carácter estatal. Pasó en Extremadura con Unidas por Extremadura, un sujeto político de identidad netamente extremeña aunque en la realidad sea la suma de Podemos e IU. En Aragón, fue CHA la opción que se llevó el gato al agua y sacó su mejor resultado desde la época de José Antonio Labordeta. IU-Sumar mantuvo un escaño, y Podemos quedó fuera del parlamento con menos del 1% de los votos.
La consecuencia más clara de este ciclo propiciado por el PP es el auge de Vox. La ultraderecha está mejorando ostensiblemente sus marcas en cada cita electoral. En Extremadura, el partido de Abascal duplicaba sus niveles de apoyo: en 2019 obtuvo un 8,14%; en 2023, un 16,9%. En Aragón, sucedía algo similar: del 11,24% de los votos logrado en 2023 escaló hasta el 18% de los votos. Y en Castilla y León aspira a superar la barrera simbólica del 20% del electorado en todo el territorio y a quedar por delante del PP en una provincia, en Ávila.
Este avance de Vox es el principal fracaso de Feijóo. Abascal no disimula y cada vez evidencia más su intención de pelear por la hegemonía de la derecha española. No solo lo hace avanzando posiciones en cada cita electoral que Feijóo le pone sobre la mesa, también lo hace arrastrando al PP a sus marcos discursivos. Es Vox el que obliga al PP a asumir sus políticas en las comunidades autónomas para llegar a acuerdos (unos acuerdos que no acaban de llegar). La imagen es clara: Vox aprieta y el PP cede; Abascal humilla y Feijóo se arrodilla.
El gallego ha asumido en primera persona las negociaciones con los ultras en Extremadura y Aragón, visto que Guardiola no ha sido capaz de sacar adelante su investidura para la que necesita el apoyo de Vox. Esta decisión de Génova ha escocido en algunas sedes territoriales del partido. Las direcciones autonómicas populares ven cómo ceden, de esta manera, poder ante Miguel Tellado.
El propio José María Aznar ha salido a la palestra en las últimas semanas en varias ocasiones a pararle los pies a Abascal. "No me gusta ninguno de los tres porque yo soy liberal conservador", declaraba el expresidente el pasado miércoles en un acto en València, refiriéndose a Donald Trump, Abascal y Sánchez. Colocar a Abascal y Sánchez al mismo nivel es toda una declaración de intenciones. Que Aznar marque línea política desde FAES es habitual. También lanza un mensaje velado a Feijóo. Aznar confronta con Vox porque cree que nadie más lo hace en su partido.
A Feijóo se le hace largo el camino hasta las generales. Cada paso que da el gallego es un regalo para Vox, que le va recortando terreno.
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