Opinión
La campaña publicitaria del chef que legitima a Israel
Por Miquel Ramos
Periodista
-Actualizado a
La foto reciente del chef José Andrés con el presidente de Israel ha desatado una ola de indignación y no es para menos. En abril de 2024, el Ejército israelí asesinó a siete miembros de su organización World Central Kitchen, disparando desde un dron varios misiles contra los vehículos en los que se desplazaban y, después, contra los vehículos que trasladaban a los heridos en el primer impacto. Tres británicos, un palestino, un polaco, una australiana y un ciudadano canadiense-estadounidense fueron ejecutados mientras trabajaban para el chef español.
Sin embargo, a pesar del escándalo internacional que supuso el crimen, el dueño de la organización se orinó anteayer sobre sus cadáveres, posando junto a sus verdugos y estrechándoles las manos. Cuando los mataron, el propio Andrés pidió a Israel que dejase de usar la comida, el hambre, como arma de guerra. Un año y pico después, fotografiándose con los responsables del asesinato, con los artífices del genocidio, con sonrisas y gestos amables, pretende retomar su campaña publicitaria en Gaza, con el hambre como telón de fondo, con el arma de guerra que tanto criticó como atrezzo de su campaña.
Fue un asesinato deliberado, un objetivo totalmente consciente, a pesar de las excusas. Israel presume siempre de una exquisita precisión en cada uno de sus ataques y en todo su arsenal armamentístico. Sabían a quién estaban matando. Como siempre. No hay errores en las balas que atraviesan los cráneos y los pechos de los niños alcanzados por francotiradores, ni en las bombas que despedazan decenas de cuerpos palestinos cada día. Todo está perfectamente calculado, dirigido y evaluado para cumplir con el objetivo que Israel tiene en Gaza: arrasar con todo, exterminar a su población, desplazar forzosamente a los que queden y colonizar la franja. Y para tal cometido, infligir terror y rebozarse en la impunidad es imprescindible. Matar a cooperantes humanitarios, periodistas, médicos y profesores es parte del plan.
Ya ni siquiera se molestan en disimular, como hacían al principio, hablando de túneles bajo los hospitales o milicianos de Hamás en los refugios de la UNRWA que bombardeaban. Ya no es necesario poner excusas, porque nadie les para los pies. Europa y EEUU siguen dando carta blanca a los genocidas para que prosigan con su limpieza étnica. Cualquier gesto que legitime a Israel ante los crímenes que está cometiendo, como la foto con sus mandatarios, no es más que propaganda cómplice para que siga con su cometido.
Porque no hay ninguna inocencia en la acción y la publicidad del chef en Gaza, como en todas partes donde aterriza y se coloca en el centro de la foto. Toda catástrofe es una oportunidad para promocionar su empresa y engrandecer su ego. Y de ello se sirven también los responsables de tanto sufrimiento en Palestina, porque el chef se presta para la foto, porque así, a través de él, lavan su imagen, muestran su supuesta piedad ante el sufrimiento que ellos mismos provocan.
La ayuda que pueda prestar en Gaza va a estar siempre salpicada por esa imagen, esa foto con quienes provocan la hambruna y el genocidio. Un caramelo envenenado que, por mucho que se trate de vender como diplomacia humanitaria, no es más que marketing para ambas partes. Fotografiarse con los líderes israelíes es otorgarles legitimidad mientras cometen un genocidio. No se le hubiese ocurrido al chef fotografiarse con Putin mientras repartía alimentos a los refugiados ucranianos tras la invasión. Porque, por mucho que se disfrace de gesto humanitario apolítico, por mucho que crea que no toma partido en la maquinaria propagandística de la guerra, sus gestos, sus fotos, sus declaraciones están llenas de política.
Mientras servía alimentos en Ucrania, el chef fue preguntado por una periodista si había coincidido alguna vez con Vladímir Putin, el líder ruso. "No, nunca. Y espero que nunca suceda", dijo. Y añadió que no se podía permitir que alguien como este llegase a gobernar un país. Algo que, sin embargo, no piensa ni dice sobre Israel y sus gobernantes en medio de un genocidio. Al contrario, estrecha sus manos y posa con ellos en la foto. Esta doble vara de medir no es exclusiva del cocinero, sino que resume perfectamente la hipócrita postura europea, que ni aplica ni exige a Israel lo mismo que a Rusia. Al contrario, a Israel lo arma, lo protege y lo legitima.
A las condenas inútiles y los patéticos y falsos gestos de preocupación de los gobernantes occidentales se suman las estrellas mediáticas que vienen a tratar de vendernos un genocidio como una catástrofe, como si las bombas fuesen fenómenos atmosféricos. Y ahí están algunos medios para reforzar estos relatos. Qué bueno es el chef, qué corazón más grande, nos dicen. Como si la promoción que le brinda esta acción no fuese puro márquetin. No hay nada de heroico ni de altruista en quien estrecha la mano de los genocidas y reparte un plato de sopa a sus víctimas para promocionar su marca. El chef solo viene a dar la extremaunción, como el cura que acompaña al reo en el patíbulo, para marcharse luego a merendar con los verdugos.
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