Opinión
Las casas encantadas de Iker Jiménez

Por David Torres
Escritor
Es una lástima que Iker Jiménez se dedique ahora a la propaganda política en lugar de a desvelar misterios y enredar en cementerios y casas encantadas, que era lo que de verdad se le daba bien. Hay quien dice que tampoco es que haya mucha diferencia entre perseguir fantasmas y charlar con ellos en el plató, pero la verdad es que a plena luz los fantasmas pierden todo su encanto. Se echa en falta aquella farfolla de cámaras térmicas, higrómetros, grabadoras de alta frecuencia y sensores infrarrojos, cuando los parapsicólogos se metían a oscuras en un caserón abandonado y se pasaban las noches en blanco, a ver si captaban los lamentos de un alma en pena.
Lo más que sacaban, después de un fin de semana a base de termos de café, era una filmación doméstica en la que, aparte de telarañas, no se veía gran cosa: unas tinieblas aderezadas con un par de psicofonías cochambrosas. El profesor Germán de Argumosa -uno de los pioneros de la parapsicología patria- decía haber captado varias conversaciones desde el más allá, las más tremendas de las cuales preguntaban por Dios o pronosticaban la muerte de algún incauto. A los chavales de entonces la que nos traía de cabeza era una voz medio robótica que decía: "Quítame la falda". Argumosa aseguraba que se trataba del espíritu atormentado de una mujer fallecida muy joven, pero luego se supo que lo que había captado el magnetófono era una interferencia radiofónica, la sintonía oficial del programa de Encarna Sánchez, y que lo que en realidad decía la voz era: "Directamente Encarna".
Este tipo de chascos son muy comunes en la profesión, de ahí que los parapsicólogos vayan forjándose un callo acorde con las sucesivas decepciones. Iker Jiménez llegó a despedir a un colaborador porque un vecino lo había grabado en pleno making of, embadurnándose de fango para dar más realismo a la retransmisión. Según Jiménez, en el parking de Bonaire iban a encontrar un montón de muertos, y el único muerto que se encontraron fue a Rubén Gisbert untándose como una tostada. Sin embargo, Iker Jiménez conoce bien a su público y no para de proporcionarle exclusivas inventadas. El otro día, Carmen Porter y él apadrinaron la celebración del quinto aniversario de la edición balear de OK Diario, en cuya gala Eduardo Inda informó de que Pedro Sánchez es socio de ETA. Lo dijo mientras llevaba dos banderas atadas al cuello, una de ellas española, como si fuese Superlópez.
Tras ocho años desde su disolución y casi quince años sin cometer atentados, la reaparición de ETA es una noticia que debería llenar de terror y zozobra a cualquiera, pero Inda lo dijo entre risas, con Porter y Jiménez aplaudiéndole la gracia, porque saben de sobra que es mentira y que mentir les sale gratis. El humor, el humor negro, he ahí el espíritu con que se debe afrontar este periodismo de alcantarilla que intenta localizar muertos donde no los hay e invoca a un grupo terrorista extinto con el fin de derrocar a un gobierno. "Superinda", lo llamó Jiménez, "el último héroe español". Anda que no hay candidatos.
La última polémica en la que andan pringados es el lamentable tratamiento con que informaron del desahucio de Maricarmen, cuando, entre otras infamias, aseguraban que la anciana había sido utilizada para una campaña mediática (Beatriz Talegón) y que además había sido escogida en un casting (Chapu Apaolaza). Entre tantas burlas y pullazos, el "hasta luego, Maricarmen" de Talegón (pronunciado sin un gramo de empatía o compasión, y con risita incorporada) fue todo un vaticinio de la trágica defunción que se iba a producir en menos de una semana. Esa casa vacía al fin, henchida de recuerdos, recobrada por los propietarios, sí que sería un temazo para una cruzada parapsicológica, aunque cualquiera con un dedo de frente sabe que el espíritu de Maricarmen va revoloteando entre carteles y tiendas por las plazas de España. Puestos a descubrir misterios y fantasmas, Iker Jiménez y sus colaboradores deberían investigarse a sí mismos, aunque entonces la cosa sí que iba a dar miedo.
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