Opinión
"Ser chico hoy es muy difícil, ser chica, no"
Periodista
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“Ser chico es muy difícil hoy en día; ser chica no, porque está muy protegida". Es lo que dijo la defensa de uno de los cuatro acusados de una violación grupal a una menor en Valencia. El abogado sostuvo ante la prensa que es "incomprensible" que una menor de 16 años "no pueda consentir y todo sea agresión sexual" o que su cliente ha pasado un miedo "espantoso". Ha culpado de todo, cómo no, a la ley del solo sí es sí.
Tiene tela lo que tenemos que seguir oyendo, incluso cuando las víctimas son menores y está clarísimo en la ley que una persona menor no consiente. Nunca. No hay excepciones. Y tiene tela que aún se hagan malabares para intentar confundir a la opinión pública sobre qué es consentir.
Estas declaraciones son aún más duras después de lo que se ha escuchado en el juicio porque no son solo los cuatro o cinco acusados. El informe de la Guardia Civil apunta a que se sumaron a la violación, al menos, unas catorce o quince personas. La mayoría sin identificar. Según el testimonio de la menor, estos se turnaban para agredirla, aprovechando que estaba en estado de embriaguez.
Tener miedo es que unos adultos te rodeen y te violen. Miedo es que unos tipos se aprovechen de una menor y aún más siendo vulnerable. Miedo es que muchas víctimas acudan a una Justicia que no siempre las protege. Y miedo es que aún existan declaraciones de este tipo. Sin que la ley perjudique a la presunción de inocencia, estos cuestionamientos están fuera de lugar.
Pero aquí lo importante del asunto. Vamos a dejarlo claro. Ser chico no es más difícil porque ellas estén protegidas por la ley del solo sí es sí. La ley de libertad sexual no solo protege a las mujeres, niños y niñas, también a los hombres. No es excluyente. La ley modifica el Código Penal, pero se mantienen tipos penales neutros, es decir, habla de víctimas en general. Otra cosa es que, no por casualidad, la mayoría de las víctimas sean mujeres. Y eso no es problema nuestro, sino vuestro.
Aparte de esta violación hemos conocido otra agresión sexual grupal de menores o otro menor, varón. Ocurrió hace dos años, en un viaje de segundo de la ESO de Valencia a Málaga. Antes este menor ya había sido acosado en el colegio, pero en aquel viaje fue a más. Fue encerrado en un cuarto de baño. Allí le mostraron vídeos pornográficos y le agredieron. Uno de ellos decía “que sufra, que sufra, quiero ver cómo sufre”. El estado de la víctima en los días posteriores desveló el terror vivido.
Estos dos casos vuelven a poner en evidencia la falta de una educación sexual, que produce agresores, mayores o menores, como muestra de poder. Y cómo esa falta de educación sexual lleva a declaraciones irrespetuosas y falsas hacia las víctimas.
Lo que sí hemos visto es que quizás ser acusado de violación sexual no es muy doloroso, visto el apoyo social que aún existe y, a veces, hasta de la Justicia. Estos días, el consejero gallego, Alfonso Villares, fue denunciado por agresión. Su partido, el PP, lo ha despedido como si fuera un héroe ante su próximo juicio, con el abrazo del presidente Rueda incluido. Recuerden los aplausos a Plácido Domingo, a pesar de que él reconociera situaciones de abuso sexual. Recuerden cuántos casos de agresores se han quedado sin pena o reducida, incluso antes de la ley del solo sí es sí, bajo toda clase de excusas jurídicas. Recuerden al asesino de Nagore Laffage, después de su libertad condicional y trabajando como si nada. Recuerden cómo a agresores de La Manada de Pamplona les decían un juez que todo era un vídeo porno o cómo sus familiares se dedicaban a dañar a la víctima, o cómo incluso se le puso a ella un detective privado para controlarla.
¿De verdad van a decir que es difícil ser hombre después de todo lo que ya hemos visto? Cada uno que asuma las consecuencias de sus actos. Porque difícil es que como mujeres seamos cuestionadas una y otra vez. Lo difícil es explicar de nuevo lo que significa un “no”. Lo difícil es sobrevivir a una agresión. Lo difícil es enfrentarse a la revictimización y al descrédito público. Lo difícil es vivir con miedo. Y difícil es que aún haya quien crea que pedir justicia es pedir demasiado.
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