Opinión
China apuesta por el código abierto para democratizar la IA

Por Pedro Barragán
Economista y editor de China Información y Economía
La carrera mundial por la inteligencia artificial no va únicamente de quién dispone del modelo más potente o de los chips más avanzados. La gran batalla que ha puesto en marcha Estados Unidos es la de controlar y limitar el acceso a la tecnología y, en última instancia, de establecer sus estándares. Todo ello con la intención de excluir a China.
Pero, mira por donde, China ha apostado por los modelos de código abierto como una herramienta para acelerar el desarrollo tecnológico y ampliar el acceso a la IA de todos los países del Sur Global. Y el código abierto se ha convertido en el gran disruptor de la estrategia norteamericana.
La pregunta sobre si modelos abiertos o cerrados, se ha convertido así en uno de los debates centrales de la industria tecnológica. Buena parte de las compañías estadounidenses que desarrollan modelos de frontera han construido su posición competitiva sobre sistemas propietarios. El acceso a sus capacidades se realiza principalmente a través de productos y servicios controlados por las propias empresas. Frente a esta estrategia, el creciente ecosistema chino está apostando con fuerza por modelos que pueden descargarse, adaptarse y desplegarse con gran autonomía.
Esta diferencia empieza a provocar tensiones en Silicon Valley. Empresas como OpenAI y Anthropic han advertido sobre los supuestos riesgos asociados a los modelos chinos abiertos y han reclamado mayores restricciones, recurriendo tanto a argumentos relacionados con la “seguridad nacional” como a acusaciones infundadas para proteger su negocio.
La posición no es unánime en Estados Unidos. Nvidia y Microsoft han defendido públicamente la importancia de mantener un ecosistema de IA abierto. Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia, ha sostenido que el mundo necesita tanto modelos de frontera cerrados como abiertos, mientras que Satya Nadella, máximo responsable de Microsoft, ha reivindicado el código abierto como una pieza esencial de un ecosistema saludable.
La división responde a intereses empresariales diferentes. Para los laboratorios que han invertido miles de millones en desarrollar modelos propietarios, conservar una ventaja tecnológica difícil de reproducir resulta fundamental. Su negocio depende, en buena medida, de que las capacidades más avanzadas sigan siendo escasas y estén bajo su control.
Los fabricantes de chips y proveedores de infraestructura tienen otros incentivos. Nvidia necesita que cada vez más empresas ejecuten modelos de inteligencia artificial sobre sus procesadores, independientemente de quién los haya desarrollado. Los proveedores de nube, por su parte, se benefician del aumento generalizado de las cargas de trabajo de IA. Para ellos, un ecosistema con numerosos modelos y desarrolladores puede significar un mercado más amplio.
La vía china hacia una IA más accesible
En este escenario, la apuesta china por la apertura adquiere una dimensión estratégica. La aparición de modelos, que además son más competitivos, que pueden ser utilizados y adaptados por empresas, universidades y desarrolladores reduce las barreras económicas y tecnológicas para adoptar la inteligencia artificial.
Esta característica resulta especialmente relevante para quienes no cuentan con recursos para desarrollar un gran modelo desde cero. En lugar de pagar permanentemente por acceder a una plataforma extranjera, pueden tomar un modelo disponible, adaptarlo a su idioma, sector o necesidades y desplegarlo sobre infraestructura propia.
Ahí reside una de las principales ventajas de la estrategia china que convierte la IA en una tecnología susceptible de integrarse masivamente en la economía real.
El avance de compañías como Zhipu AI y Moonshot AI refleja la rapidez con la que ha evolucionado el ecosistema del país. Hace apenas unos años tenían una presencia internacional limitada. Hoy, los modelos desarrollados en China forman parte de la conversación global y compiten en un número creciente de tareas con sistemas estadounidenses.
Esta evolución cuestiona además una de las premisas que han dominado la primera fase de la revolución de la IA generativa, donde las capacidades más avanzadas estaban concentradas inevitablemente en un pequeño grupo de laboratorios estadounidenses. Sí modelos con prestaciones elevadas pueden descargarse y utilizarse gratuitamente o a un coste muy inferior, la escasez sobre la que se apoya una parte del negocio de los sistemas propietarios desaparece.
Las restricciones no han detenido el desarrollo
El fenómeno resulta todavía más impactante porque se produce en un contexto de fuertes controles estadounidenses sobre la exportación a China de chips avanzados y tecnología relacionada con semiconductores.
Estas restricciones han aumentado los costes de investigación y desarrollo y han dificultado el acceso de las empresas chinas al hardware más avanzado. Sin embargo, también han generado incentivos para mejorar la eficiencia. Ante una menor disponibilidad de capacidad computacional, los desarrolladores chinos han tenido que buscar fórmulas para optimizar el entrenamiento y la ejecución de sus modelos. Y han generado una auténtica revolución tecnológica, además a unos costes inferiores.
El resultado muestra el fracaso de una estrategia basada exclusivamente en contener el desarrollo tecnológico mediante restricciones. El talento científico, las mejoras algorítmicas, la optimización del hardware y la capacidad para trasladar rápidamente las innovaciones a aplicaciones comerciales han fraguado el éxito de las aplicaciones chinas.
China cuenta, además, con la ventaja particular de su enorme base industrial. La combinación entre modelos abiertos y una industria manufacturera de gran escala puede acelerar la incorporación de IA a robots, vehículos, fábricas, dispositivos electrónicos y numerosos productos físicos.
La batalla por los estándares
El debate entre modelos abiertos y cerrados es, en última instancia, una disputa sobre cómo se distribuirán el conocimiento, la capacidad de innovación y el acceso a la inteligencia artificial. Frente a un ecosistema dominado por modelos propietarios y concentrado en unas pocas compañías, el código abierto amplía las posibilidades para que empresas, universidades, investigadores y desarrolladores utilicen, adapten y mejoren estas tecnologías.
China apuesta por los modelos abiertos que permitan reducir las barreras de entrada y acelerar la difusión de la IA, especialmente entre quienes carecen de los enormes recursos necesarios para desarrollar sistemas avanzados desde cero. Esta apertura también favorece un escenario tecnológico internacional más plural.
Los estándares, además, no se establecen únicamente mediante decisiones políticas. Cuantos más desarrolladores construyan aplicaciones sobre modelos chinos, mayor será el ecosistema generado alrededor de ellos y mayor la capacidad de China para participar en la definición de herramientas, arquitecturas y normas comunes.
Por eso, el código abierto es mucho más que una estrategia empresarial. Puede convertirse en una vía para democratizar el acceso a la inteligencia artificial y evitar que sus capacidades queden concentradas en un reducido número de proveedores. Para muchas economías emergentes, empresas pequeñas y centros de investigación, disponer de modelos avanzados que puedan adaptar y desplegar de manera independiente supone una diferencia fundamental.
Los últimos movimientos de Washington refuerzan precisamente este contraste. Estados Unidos ha impulsado la Pax Silica junto con otros 23 países, una alianza destinada a articular entre países considerados socios fiables las cadenas de suministro de IA, semiconductores y minerales críticos. La tensión ha aflorado estos días con Kazajistán, miembro de Pax Silica desde junio, después de que el país centroasiático se incorporara también como fundador a la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO) promovida por China. Washington ha advertido ahora a sus socios de que la participación simultánea en ambas iniciativas puede resultar incompatible y que quienes colaboren con el marco chino podrían quedar excluidos de futuras iniciativas estadounidenses. El episodio resulta revelador, mientras China presenta la WAICO -integrada inicialmente por 29 países y abierta formalmente a todos los Estados- como una plataforma para ampliar la cooperación y reducir la brecha tecnológica, Estados Unidos parece avanzar hacia un sistema de alianzas que exige elegir entre ecosistemas. La polémica kazaja muestra así que la batalla de Estados Unidos por la IA ya no se libra únicamente en los modelos o los chips, sino también forzando una organización excluyente para el acceso internacional a la tecnología.

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