Opinión
Es la climatología, estúpido
Por David Torres
Escritor
A la Cumbre del Clima en París ha ido en representación de España un señor que todavía no sabe por qué cae la lluvia. Con eso está todo dicho sobre la representación española y sobre la Cumbre del Clima en París. Cecil B. DeMille decía que había que empezar una película con un terremoto y de ahí para arriba, pero nosotros hemos preferido sentar uno al frente del gobierno y de ahí para abajo. Es lo que va a pasar con este escrito a partir del segundo párrafo, que, tras una cita de Mariano, se despeña. Lo mejor es que mucha gente va a pedir ración doble de terremoto el 20 de diciembre.
A lo largo de su prolongada y lamentable carrera política, Mariano ha dado suficientes muestras de negligencia en todos los terrenos, pero su ignorancia científica y su desprecio por la naturaleza son legendarios. Desde los hilillos aquellos del Prestige a aquel primo suyo, catedrático de Zumosol, que ni siquiera sabía distinguir entre meteorología y climatología, el currículum científico de Mariano está escrito con típpex. Si nadie puede garantizarle qué tiempo hará mañana en París, para qué vamos a hablar de la próxima década. Lo mismo que esos intelectuales que no creen en la evolución porque todavía no han visto a un chimpancé hembra pariendo un diputado.
Por desgracia, el caso de Mariano no es una excepción; por desgracia, los gobernantes europeos, su equipo de asesores, la gente que tiene capacidad de decisión, no sólo no tienen la menor idea de la catástrofe a cámara lenta a la que estamos abocados sino que, francamente, les importa un carajo. Y aunque no les importara, que no es el caso, se hallan atados de pies y manos por los contratos y necesidades de la industria automovilística, el lobby del petróleo y el resto de patronos del sistema. Nuestros representantes van a a ir a París, van a aburrirse mucho, van a firmar cuatro acuerdos chorras sobre emisión de gases y van a cenar con subtítulos. En definitiva, para el futuro de la humanidad tendrá el mismo resultado que siete viejos juntándose en el parque a jugar a la petanca mientras charlan del tiempo.
Hay que señalar, por otra parte, que el tono apocalíptico con que se subrayan estas barbacoas internacionales no es el más adecuado para tratar el asunto. No se trata de que vayamos a destruir el planeta, como si Obama, Hollande y Merkel dispusieran de una Estrella de la Muerte y fuesen a desintegrar la Tierra en un descuido tonto. Al planeta no le ocurre nada ni le va a ocurrir nada significativo en los próximos milenios. Ha soportado dinosaurios, glaciaciones, meteoritos, plagas de oxígeno, extinciones masivas y megaterremotos sin despeinarse. Soportará radiaciones atómicas, anhídrido carbónico, más glaciaciones y más extinciones masivas de animales y plantas sin el menor problema, sólo que nosotros no estaremos aquí para verlo. No es el planeta Tierra, nuestro único hogar, el sentenciado sino la especie humana y, con ella, un buen montón de otras especies. Ni siquiera es seguro que todas ellas vayan a extinguirse. Dicen que las ratas y las cucarachas son las únicas criaturas capaces de sobrevivir a un holocausto nuclear, pero dudo mucho que estén más preparadas que un político.
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