Opinión
Un desastre electoral y algunas esperanzas en Colombia

Por Pablo Castaño
Periodista y profesor de Ciencia Política en la UAB
-Actualizado a
Abelardo de la Espriella, el presidente electo de Colombia según el preconteo, es una mezcla entre la motosierra de Milei, la violación masiva de derechos de Bukele y el culto a la violencia de Trump. La victoria electoral del candidato de la ultraderecha, si se confirma en el recuento final, es un desastre para Colombia y para América Latina.
El candidato de Defensores por la Patria, un movimiento recién creado, ha prometido reducir el tamaño del Estado un 40%, un recorte de más de 7.000 millones de euros que recuerda a la "motosierra" de Javier Milei. Un camino opuesto a la política económica del todavía presidente Gustavo Petro, que aprobó una reforma tributaria progresiva e incrementó el gasto social en más de un punto porcentual del PIB. Un incremento de recursos públicos que permitió mejorar la renta ciudadana y las pensiones mínimas, lo que se sumó a la subida del salario mínimo. Estas y otras reformas, como el reparto de un millón de hectáreas de tierra a campesinos pobres, han conseguido reducir considerablemente la pobreza y la desigualdad. Una conquista que está en peligro si De la Espriella consigue aplicar su agenda de recortes salvajes.
El segundo pilar de su programa presidencial es la militarización de la política de seguridad. Aquí su principal inspiración es el presidente salvadoreño, Nayib Bukele, cuyas violaciones generalizadas de derechos con la excusa de la lucha contra la violencia ha acabado con la democracia en El Salvador, según institutos independientes como V-Dem. De la Espriella ha prometido construir siete megacárceles de gestión privada, una promesa efectista que ha seducido a muchos colombianos en un momento en que se ha recrudecido la violencia de los grupos armados ilegales, pero que no atajará un conflicto armado que tiene raíces profundas, como el desigual reparto de la tierra.
De hecho, el candidato ya ha tenido que retractarse de su promesa de recuperar el control de todo el territorio nacional en “noventa días”. Un reconocimiento implícito de la complejidad de un conflicto que dura décadas, y que supone que amplias zonas de Colombia están controladas por grupos armados. De la Espriella apuesta por un "Plan Colombia 2.0", en referencia a la ofensiva militar, con apoyo estadounidense, que el expresidente Álvaro Uribe lanzó contra las FARC, a principios de siglo. El primer Plan Colombia no consiguió acabar con la guerrilla –que solo se desarmó después de una negociación con el siguiente Gobierno– pero el Ejército asesinó a miles de civiles y se recrudeció la violencia en el campo.
De la Espriella también promete deshacer los avances medioambientales del Gobierno del Pacto Histórico: quiere reactivar el fracking y autorizar nuevas exploraciones petrolíferas. Uno de los hitos del Gobierno Petro fue dejar de dar estas licencias, convirtiendo a Colombia en el primer país del mundo en señalar el principio del fin de la industria petrolera. Los avances contra la deforestación y en protección de la biodiversidad también peligran por los recortes que pretende el presidente electo, que debilitarán los organismos de vigilancia y regulación medioambiental.
La motosierra de De la Espriella también quiere eliminar el ministerio de Igualdad recién creado. Una decisión coherente con su discurso, abiertamente machista y homófobo, que ha intentado compensar con la promesa fantasiosa de reducir un 40% los feminicidios. También ha intentado atraer al electorado indígena con su promesa de mano dura contra un crimen organizado que a menudo sufren estas comunidades, pero en la región del Cauca (costa pacífica), epicentro del movimiento indígena más estructurado del país, Iván Cepeda obtuvo cerca del 60% de los votos. Una pista de la desconfianza de las minorías hacia De la Espriella.
El candidato de Defensores de la Patria ha prometido sumisión a Donald Trump, lo que le ha valido el apoyo abierto del presidente estadounidense y de sus aliados en la región, de Milei a Bukele y el ecuatoriano Daniel Noboa, que prometió eliminar aranceles para productos colombianos si ganaba su aliado. De la Espriella también ha mostrado su admiración por el Gobierno de Benjamín Netanyahu, declarando que "Israel está haciendo lo que tiene que hacer y es lo mismo que haré para defender a Colombia". Una celebración de la violencia indiscriminada que se une al oscuro pasado del candidato como abogado de algunos de los paramilitares más sanguinarios de Colombia.
La resistencia que viene
A pesar del desastre que supondrá la presidencia de De la Espriella, si se confirman los resultados, hay algunos elementos que podrían limitar los daños de su gobierno. La izquierda, que nunca había gobernado el país hasta 2022, se mantiene con el Pacto Histórico como el primer bloque político organizado, por delante de los partidos tradicionales, mientras que Defensores de la Patria es por ahora una cáscara vacía, con solo tres senadores.
Además, el candidato ultra ha ganado con el margen más estrecho de las últimas décadas y dependerá para gobernar del establishment político conservador al que decía oponerse. La relación del nuevo presidente con los partidos tradicionales será una fuente de contradicciones que la izquierda liderada por Iván Cepeda podrá explotar. Por otro lado, en Colombia está fresco el recuerdo del Paro Nacional de 2021, la ola de protestas que consiguió detener la reforma fiscal regresiva del expresidente Iván Duque y puso las bases para la victoria electoral de Petro el año siguiente. La motosierra de Abelardo de la Espriella se encontrará con una fuerte oposición en las calles.


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