Opinión
La conveniencia mata al amor

Por David Bollero
Periodista
Antes del verano, Andalucía acudirá a las urnas. Frente a quienes únicamente se debaten entre si el PP mantendrá la mayoría o caerá presa de Vox, como ha sucedido en las elecciones de Extremadura, Aragón y Castilla y León, existe una izquierda que no quiere repetir los descalabros vividos al norte de Despeñaperros. Antonio Maíllo, coordinador federal de Izquierda Unida (IU) y candidato a la presidencia de la Junta por Por Andalucía, quiere demostrar que el movimiento se demuestra andando. La cuestión es si se encamina en la buena dirección.
Cuando uno acude a unas elecciones piensa en máximos, es decir, aspira a gobernar. De otro modo, es preferible no presentarse. Las encuestas sugieren que, si bien parece descabellado pensar en Por Andalucía como primera fuerza política y aunque hay que desafiar a la demoscopia, ¿por qué no gobernar en coalición con el PSOE?
Para que sucediera tal cosa, habrían coincidir dos fenómenos nada sencillos: en primer lugar, que el PSOE no sufriera otro revés electoral, algo que por cierto se ha buscado al renunciar a una renovación del PSOE-A, lastrándolo con una ministra, no ya quemada, sino absolutamente achicharrada. El otro factor de la ecuación es que Por Andalucía coseche un resultado excepcional comparado con la actual representación en el Palacio de San Telmo.
Si seguimos desgranando el camino hacia un gobierno andaluz progresista, nos topamos con la necesidad de reducir el número de opciones, la urgencia de aglutinarlas en una sola. Me resisto a aceptar con resignación que la unidad de la izquierda tenga alma, que la tiene, y sea incapaz de dotarla de cuerpo. La última vez que se respiró ilusión y alegría por una candidatura conjunta fue cuando Teresa Rodríguez (Podemos) y el propio Maíllo (IU) formaron tándem (Adelante Andalucía) en 2018. Sin embargo, la decepción por los resultados fue tan grande como había sido el entusiasmo generado previamente.
En este punto, la pregunta es: si con aquellas cotas de ilusión y esperanza, incluso, el extinto Ciudadanos quedó por delante, ¿cómo obtener un buen resultado este año? La primera clave pasa por la unión, pero no por conveniencia sino por pasión. Esta semana Maíllo ha presentado un primer borrador del programa electoral de Por Andalucía. Preguntado por Podemos, que hasta la fecha concurre por separado, el líder de IU ha apuntado que "la coalición Por Andalucía es unitaria, abraza a todo el que se quiera incorporar y algunos lo tienen tan fácil como no irse". Sin embargo, todo el mundo sabe, él el primero, que no es tan fácil, lo que no quita para que sea necesario.
El problema no es el programa, programa, programa, que decía el maestro Anguita, pues las formaciones de izquierda defienden valores idénticos, coinciden en las mismas manifestaciones, prácticamente sosteniendo pancartas iguales… El propio borrador presentado esta semana por Maíllo se articula en torno a auténticas prioridades para la izquierda andaluza y nacional, sea del partido que sea: combatir la pobreza, recuperar los servicios públicos y reducir la desigualdad territorial.
Las diferencias que subyacen se centran en matices en la ejecución y comunicación de esas medidas, así como en las listas. En el primero de los casos, es evidente que toda la izquierda ha de cambiar el modo de comunicar y de acercarse al electorado –esta es una de las prioridades en ‘la propuesta Rufián’-. Un programa de 130 páginas, como el presentado por Maíllo, es síntoma de trabajo madurado, serio y responsable, pero no es práctico para alcanzar a todos los segmentos sociales a los que es preciso llegar. A Vox le basta con un comodín de cuartilla en la que, en función de la Comunidad Autónoma, cambia únicamente el nombre de ésta.
El electorado histórico de la izquierda exige más, pero hete aquí que ni ya es tan nutrido como antaño ni es suficiente. Estos votantes tienen a su disposición 130 páginas para analizar y desmenuzar cada uno de sus puntos; para el resto, urge la simplificación, el lenguaje directo, que huya de la zafiedad, pero que ello no le reste contundencia. Simplificar el enunciado no es banalizar la propuesta.
En cuanto a la confección de listas que, en esencia, es sinónimo de poder, lo importante no es el quién sino el qué, lo que nos devuelve al punto anterior. Ninguna persona buena entiende que no haya acuerdo al respecto, especialmente considerando que la tendencia actual, que nos aboca a estar gobernados por el tándem PP-Vox, arrasará con lo público y con la clase trabajadora en tal medida que para cuando se vayan no quedará nada.
Este es el motivo por el que si la izquierda no reacciona, buena parte de quienes todavía sí les votan penalizarán su incompetencia e irresponsabilidad, votando con la nariz tapada al PSOE en clave de voto útil. Ya ha sucedido antes y volverá a ocurrir.
Por otro lado y volviendo a lo inmediato, esto es, las elecciones andaluzas, tiende a dejarse fuera de la ecuación de unidad a Adelante Andalucía, el partido precisamente que encarnó aquel ilusionante proyecto de Rodríguez y Maíllo. El portavoz actual de esta formación es José Ignacio García, un tipo sencillo, que llegó sin apenas hacer ruido y que, de lejos, es quien más simpatías despierta en el arco de la izquierda en el Parlamento Andaluz. Eso es una realidad que no debiera pasarse por alto, ni por parte de Por Andalucía ni por la de Podemos… tampoco por la de Adelante Andalucía que, si bien no quiere renunciar a su carácter andalucista para que le marquen la pauta desde Madrid, también comparte con el resto tanto ideario político como medidas concretas.
Todas estas fuerzas, como digo, han de construir algo nuevo en Andalucía que, posteriormente, sirva de referencia a nivel nacional. Hace bien el líder de IU en seguir pisando el acelerador tras el movimiento revulsivo de Rufián. Un proyecto que destile pasión, ilusión y no conveniencia, capaz de recuperar votantes descarriados y nuevo electorado que se identifique con esta fuerza, más activista que profesional de la política, aunque ello implique a determinadas figuras dar un paso al lado, empujar al proyecto, pero no encabezarlo.
En la serie de entrevistas conducida por el coordinador de Política de Publico, Sato Díaz, Lo personal es político, Maíllo afirmaba que "en Andalucía se ama muy bien", algo que aprecian los y las españolas. Y eso es lo que nos falta en la izquierda: representantes que se amen generosamente y amen remar juntos en la misma dirección, la del bien común y la justicia social, sin importar quién es timonel porque todas y todos conocen perfectamente el rumbo.

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