Opinión
¿La culpa es nuestra?

Por Marta Nebot
Periodista
-Actualizado a
El accidente de Urda es más una falla gigantesca de esta democracia que un "accidente inverosímil", como lo calificó Óscar Puente, o "inasumible", como lo llamó Pedro Sánchez. Este agujero negro contiene peros que señalan en todas las direcciones.
Desde el accidente de Angrois de 2013 sabemos que nuestro sistema ferroviario tiene serios problemas y que España, a pesar del tirón de orejas europeo conseguido por las víctimas de aquel Alvia en el que murieron 81 personas, no ha hecho los deberes para que podamos viajar tranquilos y, sin embargo, hemos seguido haciéndolo como si nada.
Se me han puesto los pelos de punta releyendo lo que escribí aquí desde un tren de alta velocidad con mi hijo pequeño al lado hace ya seis años.
Asumamos que dejamos que la política la hagan otros y si no la hacen lloramos un ratito en el bar o escribimos un artículo y seguimos como si esa fuera nuestra única opción, como si no pudiéramos hacer otra cosa.
¿Cuántos trenes he cogido desde entonces? ¿Cuántas veces me y he puesto en peligro a gente a la que quiero –o peor, de la que soy responsable–?
Ningún partido ha estado a la altura de la magnitud de aquella tragedia y del peligro que delataba. Y PP, PSOE, UNIDAS PODEMOS Y SUMAR más que los demás porque estuvieron al frente del Gobierno. No apoyaron a las víctimas más allá de las fotos, que solo pedían una investigación independiente, que solo clamaban por lo que Europa exigía y necesitamos tod@s. Ahora conviene acordarse de lo que pedían y no escuchamos.
Esta vez la Asociación de Víctimas de Adamuz y la Asociación de Víctimas de Angrois han hecho público un comunicado conjunto. Recuerdan que el error humano nunca es la causa de una tragedia en un sistema complejo, que en Japón tienen trenes de alta velocidad desde 1964 y no han registrado ni una sola víctima mortal ni un lesionado grave y que en España "se prioriza la no asunción de responsabilidades por parte del Estado, tanto a nivel político, técnico y judicial frente a la seguridad y vida de los pasajeros".
La investigación del accidente de Angrois, ocurrido cuando gobernaba Rajoy en Moncloa y Feijoó en Galicia, se alargó cinco años. El procedimiento judicial, once. Solo sentenció al maquinista y al jefe de seguridad de Adif. La audiencia provincial, la instancia superior, exculpó al alto cargo responsable de que la seguridad de aquella línea de tren dependiera solo de los reflejos de una persona, en contra del sentido común y de todos los protocolos. Las víctimas han pedido la nulidad del proceso, han recurrido al Tribunal Constitucional y llegarán hasta "donde haga falta".
La investigación de Adamuz dormita en un hangar desde hace nueve meses y a pesar de las denuncias de los técnicos y las víctimas no ha sido noticia de portada hasta ahora. ¿No nos dimos cuenta? ¿El tsunami informativo diario nos arrolla? ¿Faltan manos en los medios? Es esclarecedor que siendo de derechas más del 80% de los de este país no hayan señalado esta salvajada. Tanto hablar de "dictadura", de "corrupción" y de "mafia" y tan poca capacidad para informar sobre lo que de verdad importa. Ni a derecha ni a izquierda se denunció al nivel del peligro. Los de derechas son más y en teoría tienen más motivos. En cualquier caso: "Shame on us", como resumen los británicos.
Vergüenza de sociedad pasiva, vergüenza de política cortoplacista, vergüenza de periodismo. Vergüenza, mucha vergüenza.
Y para salir de este pozo de mierda, de culpas, de autocompasión y de nada más, propongo una huelga de pasajeros. La que debimos hacer hace ya trece años.
No deberíamos subirnos a ningún tren de alta velocidad hasta que no se haga la investigación independiente que merecemos, hasta que no pongan en marcha una comisión de investigación seria con técnicos de primer nivel mundial, con los sindicatos y organismos naciones e internacionales involucrados, que den cuentas públicas cada mes de cómo se está mejorando hasta que el sistema sea tan seguro como el japonés, por lo menos.
Deberíamos hacer al menos un día de huelga a la semana, al mes, al año. Algo. Un día en que no nos la juguemos, un día en el que no dejemos que la política nos la hagan otros.
Y tengo un pero más; uno difícil pero primordial en este momento. Sin quitar una coma a lo escrito confieso que este accidente no cambiará mi voto.
Ni unos ni otros lo han hecho mejor en esto; y sigo prefiriendo que suba el SMI cada año, que no estén en duda las pensiones, que no deroguen parte de la ley del aborto, que no se carguen el derecho a la muerte digna, que no censuren la cultura que les parezca "ideológica", que no nos gobiernen políticos con tintes públicos de machistas, homófobos y xenófobos.
Lo que ha ocurrido y ocurre con nuestros trenes es asqueroso y tendremos que pelear para que deje de serlo esté quien esté en el Gobierno, pero la ultraderecha no llegará al poder porque falte mi voto. Tal vez la realpolitik sea también esto. Tal vez de la realpolitik va a depender todo.
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