Opinión
Dejar fuera a Vox no es antídoto para su veneno

Por David Bollero
Periodista
El PP ha ganado las elecciones en Andalucía de manera incontestable. Es un hecho, tan claro como que la mayoría absoluta que ansiaba Juan Manuel Moreno Bonilla se ha perdido por el camino. El popular anda estos días desviando la mirada, fijando el debate en si Vox entrará o no en el gobierno. Eso no es lo que debiera inquietarnos. Entren o no los de Santiago Abascal, su influencia será aún más nociva para Andalucía de lo que ya es un gobierno del PP.
Cuando juegas con el lenguaje, como hizo Moreno Bonilla llamando eufemísticamente "mayoría suficiente", te puede jugar malas pasadas. Ha obtenido lo que pedía, mayoría suficiente para ganar las elecciones, no para gobernar. Se ha quedado a dos escaños de amarrar de nuevo el rodillo parlamentario con el que ha ignorado durante cuatro años a la oposición. Toca "el lío", como lo llamó; es la hora de pactar con Vox.
El presidente en funciones avanza que planteará unas condiciones al partido de extrema derecha para que no entren en el gobierno ni siquiera con una consejería. Es muy probable que lo consiga. En primer lugar, porque la diferencia de votos es tan abultada que contar con una consejería aislada (probablemente Agricultura) puede terminar dañando la imagen de Vox, especialmente considerando la baja estofa de su candidato Manuel Gavira. Abascal es consciente de ello y, precisamente por este motivo, no se ha despegado de él en toda la campaña.
En segundo lugar, Vox volvió a saber manejar los tiempos con maestría y dejó abierto el gobierno de Castilla y León, donde Alfonso Fernández Mañueco se quedó a nueve escaños de la mayoría absoluta y el partido ultra cuenta con 14 procuradores. Allanar el camino para el gobierno de Moreno Bonilla es más que probable que tenga la contraprestación de que Mañueco pase por el aro como hicieron antes sus colegas María Guardiola en Extremadura y Jorge Azcón en Aragón.
Moreno Bonilla se pone muy gallito asegurando que las negociaciones no se llevarán desde Madrid, pero se la tendrá que envainar. Génova va a influir como de hecho fue quien llevó las riendas en 2019, cuando el PP perdió las elecciones en Andalucía y, pese a coaligarse con Ciudadanos, se quedaban a ocho escaños de la mayoría absoluta. Entonces, Vox con sus doce diputados no entró en el gobierno, pero el daño que infligió a Andalucía no fue menor.
Quien sigue vendiéndose como moderado -e inexplicablemente aún hay quien le compra la idea- desplegó las políticas de Vox, retrocediendo en políticas de igualdad, sociales, de migración e, incluso, de educación. Y ni siquiera le hizo falta entrar en el gobierno pese a que al PP le hacían falta seis escaños más de los que precisa ahora para la mayoría absoluta.
En cierto modo, la pandemia salvó a Moreno Bonilla y en gran parte debe su mayoría absoluta de 2022 a ella. Los estragos de la COVID y las teorías conspiranoicas que cuestionan el modo en que gestionó el asunto el Gobierno de España permitieron que se diluyeran las políticas tóxicas que Vox logró inyectar en el ejecutivo de Moreno Bonilla.
Más recientemente, en el mismo Ayuntamiento de Sevilla, hemos podido comprobar cómo la extrema derecha puede llegar a condicionar las políticas sociales con tal de dar su apoyo a los presupuestos municipales. La "prioridad nacional" de Vox ya ha infectado las políticas del consistorio sevillano, recortan ayudas a organizaciones que desarrollan programas de cooperación y ayuda al desarrollo y han entorpecido el empadronamiento a personas migrantes.
Moreno Bonilla no dudará en pasar por el aro con tal de conservar el gobierno en solitario y lo hará, además, con la desfachatez de culpar de ello a la ciudadanía, acusándola de haber sido ella la que así lo ha decidido en las urnas. Sin embargo, en último extremo, es suya y exclusivamente suya la decisión de aceptar las medidas fascistoides de Vox.
Otro problema añadido que lubrica cualquier negociación PP-Vox es que comparten ADN, es decir, sus valores no están tan alejados entre sí, como se encargó de acreditar Moreno Bonilla cuando en los últimos presupuestos autonómicos aceptó nada menos que diecisiete propuestas de Vox frente a las seis que suman juntos PSOE-A, Por Andalucía y Adelante Andalucía. Unos meses antes y sin que nadie se lo impusiera, el ahora presidente en funciones de la Junta de Andalucía laminó la acción social borrando de un plumazo las subvenciones a las entidades más pequeñas.
Así pues, el quid de la cuestión no es si Vox entrará o no en el gobierno andaluz. Moreno Bonilla pretende convencer de su moderación evitándolo, pero tendrá mucho más difícil mantener esa imagen cuando no tenga más remedio que mostrar el documento del pacto y, muy especialmente, cuando ejecute las políticas regresivas en derechos y libertades civiles. Claro, que ¿qué le importa a Andalucía si ni ha penalizado que la gestión sanitaria del PP se haya llevado vidas por delante?

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