Opinión
Empresarias del antifeminismo

Periodista
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¿Recuerdan a Charlie Kirk, asesinado en Estados Unidos? ¿Y a su esposa? Se llamaba Erika y desde que ocurrió el crimen de su esposo, su vida ha dado un giro brutal. Entonces prometió seguir con el legado de su marido, al que vende como un mártir de la patria. Recuerdo que Charlie Kirk era el fundador y director de Turning Point USA, una organización política juvenil conservadora. La presencia de ella se ha multiplicado. Ha dado entrevistas en la cadena Fox, tiene peso propio en The Charlie Kirk Show o da discursos multitudinarios.
Ojito con Erika Kirk, pues hay prensa que considera que, de seguir así, podría acabar de presidenta de Estados Unidos en algunos años. Tiene un buen maestro, el propio Donald Trump. Los dos se conocen desde 2012. Él era dueño de Miss USA y ella se presentó al concurso por Arizona. Y tras estudiar Ciencias Políticas y Derecho, trabajó en la primera campaña de Trump, donde conoció a su esposo. Es la guía y faro de los encuentros anuales de su organización donde venden ideas a mujeres conservadoras como: “no se necesita un título para triunfar”, “no te obsesiones con un sueldo o un título y un puesto de alto nivel” o “tu corazón debe estar dedicado completamente al hogar”. Ya decía Kirk que él era moderado al lado de ella.
Ojito también a la empresa donde Erika es la consejera delegada. Turning Point USA es toda una maquinaria, con más de 1500 empleados, con cerca de 90 millones de dólares y en expansión en más de 30.000 universidades. Y desde que ocurrió el crimen de él, no ha parado de recibir donaciones millonarias. Desde la organización disparan ideas como “la cocina es donde empieza la verdadera revolución” o hay que “cambiar el feminismo por la feminidad”. En los stands de su evento anual venden “vitaminas para mujeres conservadoras” o permiten escribir frases en el mural de “chicas malas” sobre fotos de mujeres progresistas para dejarles insultos o deseos de muerte, a modo de dedicatorias. También venden pegatinas con lemas como: "Mi estación favorita es la caída del feminismo" o "Menos agotamiento, más bebés, menos feminismo”.
El machismo no deja de repetirse y no inventa nada. Ya en los años 70, figuras como Phyllis Schlafly encabezaron movimientos contra la igualdad de derechos. Recordarán su personaje interpretado en una peli por Cate Blanchett. A Schlafly le dio por este tema porque ella era candidata al Congreso, pero era acosada por sus colegas masculinos y su esposo no la apoyaba. Pero ella no veía el sexismo ni en su vida. Por eso decía perlas como “el acoso sexual en el trabajo no supone un problema para la mujer virtuosa” o “los hombres deberían dejar de tratar a las feministas como damas y tratarlas como los hombres que dicen querer ser”. Ya ven. Todo tiene una raíz y no surge de la nada este movimiento.
Erika Kirk dice a las mujeres norteamericanas que se dediquen al hogar, que el título no es lo importante, ni los encargos profesionales ni ganar dinero. Lo dice ella, la que estudió un título, la que es directora de una empresa que gana millones de dólares y la que ahora no se ha recluido en su vida de viuda hogareña, sino que es una ejecutiva adinerada. En definitiva, de todo, menos quedarse en casa, que es a lo que invita al resto de mujeres. Junto a ella, legiones de tradwives. Y por eso siempre, cuando veo a mujeres conservadoras como Erika Kirk pregonando la vuelta al hogar, me pregunto: ¿qué harían si les quitaran el foco? ¿Sin los aplausos? ¿Sin Instagram? ¿Sin sesiones de maquillaje y de marcas? Seguramente más de una dedicada exclusivamente al hogar, acabaría en depresión, como en los 70 con el síndrome de la mística de la feminidad. Y comprobarían que estas mujeres son solo vendedoras de humo que no cumplen con lo que predican. Mujeres que solo ofrecen una jaula, envuelta en purpurina, que ellas nunca compran.
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