Opinión
La Era de la Depredación

Investigador científico, Incipit-CSIC
-Actualizado a
A mediados del siglo XVI los portugueses que colonizaban Angola describieron la invasión del país por parte de unas bandas denominadas jaga que practicaban una forma extrema de violencia. Los jaga carecían de un sistema social estable o de principios morales: se dedicaban exclusivamente a robar, asesinar y violar mientras se movían en busca de nuevos recursos, materiales o humanos: a sus propios hijos los asesinaban nada más nacer para evitarse un estorbo en la marcha. El grupo se reproducía mediante el secuestro.
Aunque son un caso extremo y en buena medida ficticio, los jaga ejemplifican bien lo que podríamos llamar formaciones depredadoras, es decir, sistemas político-económicos basados en el saqueo y carentes de ideología legitimadora. Son poco habituales: la mayor parte de organizaciones políticas a lo largo de la historia han justificado sus actos, incluso los más perversos, por un supuesto bien mayor o por mandato divino: puede ser la defensa de la raza aria, la salvación de la patria o la emancipación de los oprimidos.
En las formaciones depredadoras, sin embargo, la justificación ideológica está ausente o es secundaria. Saquean para lucrarse y matan para ejercer poder. Es lo que Hannah Arendt describía como "una política absolutamente desprovista de principios": la política de las compañías de las Indias en los siglos XVII y XVIII, los cárteles del narcotráfico en el XXI o los señores de la guerra en cualquier época. Estas formaciones se caracterizan por practicar una economía insostenible basada en la depredación de recursos y la explotación de personas, por la ausencia de retorno social y por la nula inversión en mecanismos legitimadores.
Solemos asociar las organizaciones depredadoras a agentes al margen del Estado o a estructuras paralelas de poder, con frecuencia en contextos de colapso. Un buen ejemplo son las Fuerzas de Apoyo Rápido sudanesas: un grupo rebelde que perpetra todo tipo de crímenes de lesa humanidad ante las cámaras y sin molestarse en adornarlos.
El hecho novedoso de nuestro tiempo es que comienzan a existir estados convencionales que adoptan los modos de la depredación. Lo vemos en Gaza desde octubre de 2023 con un Israel cada vez menos preocupado en justificar sus atrocidades. Y lo estamos viendo en Venezuela. Los motivos ideológicos que sostuvieron el ataque de Estados Unidos eran muy endebles y Trump ya ha dejado claro -para vergüenza de sus palmeros- que en realidad carecían de relevancia. Las diferencias entre este ataque y otros de carácter neoimperial por parte de EEUU en el pasado resultan notables. Incluso las intervenciones más execrables, desde Vietnam a Irak, se disfrazaron de ideología (libertad, democracia, seguridad).
Lo que vemos en Venezuela, sin embargo, es solo el comienzo. La crisis ecológica, la xenofobia y el ultranacionalismo harán que cada vez más países viren hacia modelos depredadores: saquear lo que queda del Planeta antes de que lo haga el vecino.
Durante mucho tiempo criticamos la hipocresía de Occidente por defender valores democráticos que luego no respetaba. Pero la hipocresía, según la celebérrima frase de François de La Rochefoucauld, es el homenaje que el vicio rinde a la virtud. Es decir, reconoce la supremacía del bien, la verdad y la justicia, aunque no los practique. Para los regímenes predatorios la virtud es simple debilidad. Por eso siempre será mejor un régimen hipócrita que uno depredador: con el primero, al menos, existe espacio para el entendimiento. Con los jaga no hay diálogo posible. Y hoy los jaga van ganando la partida.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.