Comer plástico o intoxicarte con paracetamol: por qué los menores se juegan la vida con retos virales
El Hospital de Málaga ha alertado de un aumento de ingresos de menores por intoxicaciones voluntarias por paracetamol por un reto que busca ver quién pasa más días ingresado.
El sentimiento de falta de riesgo, la búsqueda de popularidad y la presión social son algunos de los factores que llevan a los adolescentes a realizar este tipo de retos aunque pongan en peligro su salud.

Madrid-
Lamer un retrete en plena pandemia, desaparecer durante 48 horas para simular una desaparición o, el último en sumarse a la lista, tomar diez gramos de paracetamol con el objetivo de ver quién pasa más días ingresado en un hospital. Son los peligrosos retos virales que están circulando entre niños y adolescentes, y que han llevado a los servicios de urgencias a encender las alarmas.
Este último desafío, difundido a través de TikTok, se popularizó en Estados Unidos y ya ha llegado a ciudades como Málaga, donde los médicos alertan de un aumento de ingresos por intoxicaciones voluntarias por paracetamol en menores de 14 años. Los adolescentes graban el proceso y lo publican para animar a otros a imitarlos y ver quién llega más al límite y está más tiempo ingresado.
Uno de los problemas que envuelve este reto es la percepción que se tiene sobre el paracetamol, al ser uno de los fármacos más consumidos en España, también entre niños para cuadros de fiebre, dolor de cabeza o síntomas de gripe. Sin embargo, su frecuencia en los botiquines no lo hace inocuo ni libre de riesgos.
Víctor Jiménez, enfermero en urgencias pediátricas del Hospital Gómez Ulla en Madrid y miembro de la Asociación Madrileña de Enfermería, advierte de que el daño que provoca esta sobredosis de medicamento puede comenzar de manera silenciosa con síntomas leves, similares a los de una gastroenteritis, como náuseas, vómitos o malestar general, y evolucionar rápidamente hacia insuficiencia hepática aguda. "Si los niños no confiesan que han ingerido dosis altas, el daño hepático puede evolucionar rápidamente hasta un fallo grave. Sin el tratamiento adecuado con el antídoto, la acetilcisteína, el daño puede ser fatal y requerir un trasplante de hígado", señala en conversación con Público.
El daño puede ser fatal y requerir un trasplante de hígado
¿Qué lleva a los adolescentes a realizar este tipo de retos aunque pongan en peligro su vida? El sociólogo de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) Francesc Núñez aseguraba, en un artículo de la citada institución, que la mayoría no son realmente conscientes de que se están jugando la vida. "Freud dice que nadie cree firmemente en su muerte, en la posibilidad de que será mortal. De hecho, la gente se arriesga diariamente haciendo imprudencias, porque no piensa que le vaya a pasar nada. En los retos virales existe esa inconsciencia de no creer que te puedas morir. Se puede ser consciente del riesgo a nivel racional, pero no emocional", explica.
Irene Montiel, profesora e investigadora en Criminología y Ciberdelincuencia en la UOC, destaca que los retos generan excitación y emoción, factores que atraen especialmente a los adolescentes. "Durante esta etapa, el comportamiento se rige por las emociones, los vínculos sociales y la búsqueda de placer. Según los estudios, los jóvenes más predispuestos a participar en estos desafíos suelen ser aquellos que buscan aceptación, reconocimiento o valoración de sus pares, aunque cada reto tiene un público particular", apunta a Público.
Otro motivo de peso es la presión social y poder recibir likes y ganar popularidad entre su círculo cercano. Los retos proporcionan likes, que funcionan como una forma de aprobación social inmediata y cuantificable, capturando especialmente la atención de preadolescentes y adolescentes. Según explica la experta, sus cerebros, que aún están en desarrollo, presentan dificultades para controlar los impulsos y buscan constantemente placer, satisfacción inmediata y pertenencia al grupo, algo que las redes sociales ofrecen de forma fácil y gratuita, aunque a cambio ceden sus datos personales.
"La búsqueda de aprobación social se intensifica en la adolescencia porque los jóvenes comienzan a construir su identidad, separada de la de sus padres y se guían por lo que hacen sus iguales", explica Montiel. "El éxito de los me gusta tiene una base biológica: activa el sistema de recompensa cerebral, el mismo que se activa con el deporte, las relaciones íntimas o ciertas sustancias. El problema es que estos estímulos pueden secuestrar las vías dopaminérgicas hasta el punto de que otras experiencias, incluso el contacto cara a cara, dejan de producir placer", recalca.
Diferentes tipos de retos
En las últimas semanas, además del llamado reto del paracetamol, ha surgido una nueva tendencia surgida en Asia: comer plástico. Este desafío promueve trastornos de la conducta alimentaria, ya que consiste en introducir film de plástico en la boca antes de masticar comida y escupirla después, sin llegar a ingerirla. Según quienes lo practican, el objetivo es simular el acto de comer para engañar al cerebro en un intento de reducir el apetito. Hace algunos años apareció también un reto similar, conocido como la Cinderella diet, que alentaba a dejar de comer con el fin de alcanzar una cintura extremadamente delgada, inspirada en la princesa de Disney.
La acogida de los retos online supera el 21% entre los jóvenes de 13 a 19 años -el 14% tenían entre 13 y 15 años y el 9% entre 18 y 19 años cuando los realizaron-. De ellos, un 2% afirma haber participado en desafíos que consideran peligrosos, según un estudio de Praesidio Safeguarding, financiado por la red social TikTok.
Sin embargo, no todos los adolescentes que se apuntan a un reto viral eligen desafíos peligrosos, también existen los retos sociales -que no entrañan ningún riesgo para los participantes y tienen un componente social o familiar- o los solidarios -por una causa social o de ayuda-. En España, según un informe de la Universidad Internacional de La Rioja los más populares son los de tipo social: un 80% de los encuestados afirmaba haber realizado alguno de este tipo, seguido de los solidarios con un 20% y los peligrosos con casi un 8%.
La supervisión, la clave para evitar estos retos
Para los expertos, la supervisión de los padres es una de las claves para que los adolescentes no hagan un mal uso de las redes sociales. Sin embargo, solo alrededor del 29% de los menores dice que sus padres establecen normas claras sobre el uso de TIC, según Unicef España. "Uno de los principales problemas es la falta de conocimiento por parte de los progenitores de la existencia de estos retos, de sus consecuencias reales o potenciales y en general de los riesgos", señala Montiel.
"Tampoco ayuda el hecho de que el suicidio o el comportamiento autolesivo que promueven algunos retos continúa siendo tabú y las familias prefieren no hablar de ello para evitar el efecto llamada, cuando el diálogo y la confianza son siempre mejores aliados que el silencio", apunta la experta.
Montiel recomienda a los padres o tutores legales que supervisen los contenidos que consumen los menores, establecer zonas y horarios offline -por ejemplo, durante el horario lectivo no tener acceso al smartphone, y durante las comidas o cenas, no tener el móvil sobre la mesa-, no superar las dos horas diarias de pantallas y, sobre todo, dedicar más tiempo a las conexiones reales de calidad. "Los retos peligrosos solo son una más de todas las conductas de riesgo que se pueden realizar a través de las redes sociales, lejos de la mirada y supervisión adulta”, denuncia.
En este sentido, el Gobierno ha anunciado que prohibirá el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años, obligando a las plataformas digitales a implementar sistemas efectivos de verificación de edad, para "reforzar la protección de la infancia en el entorno digital".


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