Opinión

Lo que se esconde detras del fenómeno de las 'Cibernovias Yihadistas'

Nazanin Armanian

Por Nazanin Armanian

Analista política y traductora persa y dari

-Actualizado a

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Que sólo existe dos clases de Yihad: el Mayor, que es espiritual, y el menor, que es librar guerras por el Islam, y que lo del Nikah es una invención de mentes pervertidas.

Que una musulmana divorciada o viuda no puede “casarse” bajo ninguna fórmula, antes de guardar Al- Adeh, (“tiempo de espera”) - que es tres períodos mensuales, con el fin de determinar si está embarazada o no del último esposo. Aunque la realidad de millones de mujeres condenadas a la pobreza en los países musulmanes, donde las fórmulas convencionales de la prostitución han estado prohibidas, hace que ellas no respeten Al-Adeh, y ellos no se preocupen por si tras una relación han engendrado un hijo.

Que el “matrimonio por disfrute” o “mutá” (placer), en el que un hombre contrata a una mujer para un tiempo determinado –desde por unas horas hasta para unos años-,  fue una de tantas fórmulas de enlace entre el hombre y la mujer en la Península Arábiga del siglo VI,  que según los sunnitas después de la conquista de la Meca fue abolido por Mahoma, y por ende, es sinónimo de fornicación. Para ellos, el Corán sólo legitima dos tipos de relaciones para los hombres: “….con sus esposas o con sus esclavas en cuyo caso no incurren en reproche, mientras que quienes desean a otras mujeres, ésos son los que violan la ley» (Corán, 23:5-7). Sin embargo, en esta fórmula, a la que los chiitas la llaman Sigué, ella son consideradas “esposas”. Al margen de este tipo de discusiones, los musulmanes modernos que condenan la barbarie del EI deben aclarar su postura respecto a la esclavitud y explicar si la legitimidad religiosa que autoriza a los hombres tener relaciones sexuales con las “esclavas” (mujeres casadas o solteras, derrotadas, de lutos y aterrorizadas, atrapadas en las guerras o compradas en el mercado),  y sin ni respetar su Al-Ahda -, haya podido ser utilizada por estos delincuentes en su campaña de Nikah y  para violar a miles de niñas y mujeres.

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    1. Si el matrimonio es el objetivo de una joven musulmana, en occidente cristiano y laico, se enfrenta con muchas limitaciones para elegir su pareja: no podrá casarse con un no musulmán aunque esté enamorada de él, ni con cualquiera de los escasos hombres de su credo, ya que allí entran en juego los criterios clasistas e incluso racistas de la familia (un padre médico musulmán marroquí o pakistaní no querrá ser el suegro de un parado español o un converso senegalés). Ellas van a Siria con la ilusión de elegir a su pareja de entre decenas de candidatos, lejos de la tiranía de la familia. Además, la crisis económica ha quitado el trabajo a los hombres, que en el Islam están obligados, en teoría, a mantener a sus mujeres. Con la familia empobrecida, se activa en su mente el mito muy difundido en Occidente de que las mujeres de Oriente musulmán tienen la vida resuelta, no trabajan y se dedican de ir de fiesta en fiesta con sus amigas.
    2. La atracción de un hombre armado, antisistema, dispuesto a matarse por sus ideales, capaz de desafiar a las potencias planetarias, un macho alfa, con el que vivirá un matrimonio “alternativo” con una misión romántica, donde ella tendría un papel protagonista, no en el frente de guerra sino al lado de su héroe.

En un Oriente Islámico ella se sentiría una ciudadana más, gozará de un inestimable aprecio social y el respeto de quienes conozcan su hazaña por el Islam, huyendo de un Occidente racista y antipático con sus minorías religiosas y odio hacia los pobres. Lo curioso es que una vez allí, las recién llegadas discriminarán y castigarán a las nativas que no se vistan o no piensen como ellas.

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Nazanin Armanian

Analista política y traductora persa y dari

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