Opinión
Ese pucherazo del que usted me habla

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
En España tuvimos a un rey jefe de Estado durante 40 años porque el dictador Franco lo quiso así. Tanta impunidad le otorgó el sátrapa a Juan Carlos de Borbón que la monarquía fue incrustada en la Constitución de 1978 (con la complicidad de izquierda y derecha partidistas) y nunca legitimada con un referéndum; el hoy emérito vivió por encima de nuestras posibilidades e hizo lo que le dio la gana durante cuatro décadas, delitos sin juicio ni pena incluidos, y su hijo reina hoy porque la corrupción en la Casa Real de su padre era insoportable y amenazaba con hacer caer a todo el imperio monárquico español en pleno, esto es, al régimen del 78 que cimienta la Corona.
A día de hoy, el bipartidismo sigue apuntalando la monarquía y es cierto que, aunque en transparencia hemos ganado entre poco y nada, Juan Carlos sigue en Emiratos Árabes custodiando su opaca fortuna y a su nieto Froilán con la ayuda de los jeques y Felipe VI y su recortadísimo entorno no suponen ahora el gran problema de españoles y españolas, ni mucho menos y que se sepa. Entendemos que es una cuestión de déficit de valores democráticos mantener a una monarquía sin referéndum, pero esta gran crisis de la democracia no ha llegado por Felipe VI, sino precisamente por culpa de quienes alardean de ser sus máximos garantes mientras la envenenan desde las instituciones, sector privado y medios de comunicación de todo pelaje con el fin de instaurar regímenes autoritarios. Como sea.
Estos días tenemos a uno de esos epítomes de la antidemocracia, Isabel Díaz Ayuso, diciendo que va a poner observadores en todas las urnas de la Comunidad de Madrid, unas 7.000, durante los próximos comicios municipales y autonómicos, porque no se fía un pelo de Pedro Sánchez. La razón de tanta suspicacia de la presidenta madrileña son las imágenes de un “pucherazo” nunca demostrado durante las primarias del PSOE que dieron la Secretaría General al hoy presidente del Gobierno. El documento publicado por la siniestra web The Objective confirma exactamente lo mismo que el relato sobre una fiesta-orgía de Ábalos en un parador: nada de momento.
Para Ayuso, no obstante, es suficiente con esto para acusar a Sánchez de ser un potencial organizador de pucherazos a todos los niveles electorales. También para Feijóo, presidente del PP: “Uno es capaz de adulterar unas elecciones internas en su partido para ganarlas, ¿por qué no va a ser capaz de alterar unas elecciones generales?". El mensaje del fraude electoral, que ya había sido alentado por Aznar un día antes, lo dejó caer el líder de la oposición parlamentaria en Onda Cero, en junio de 2025, y confirmaba lo previsible en la estrategia trumpista del Todo vale para tumbar a Sánchez: el PP está dispuesto a llegar adonde sea para alcanzar el poder, desde pactar con la ultraderecha entregando los derechos humanos o la democracia a los fascistas, hasta cuestionar cualquier proceso democrático que dé poder a quien no sea PP o Vox, pasando por emponzoñar las instituciones desde lo más alto con mentiras, manipulaciones, violencia política, antiperiodismo, racismo o machismo.
Como si fuera tan sencillo adulterar un proceso electoral en España, como se ha explicado miles de veces. El pucherazo que sirve de excusa a Feijóo y el PP para ir calentando el ambiente electoral de las generales con una campaña falseada, no vaya a ser que una coalición progresista sume en 2027, es, encima, un extraño fraude. Por ejemplo, según declaró en Cuatro Soraya Rodríguez, ex secretaria de Estado con Zapatero y candidata de Ciudadanos después, se quiso hacer “a la vista de todo el mundo”, lo cual denotaría una perversión sádica y una inteligencia incluso superior a la de Koldo García, presunto artífice, entre otros, del cacareado pucherazo que nadie vio o que vio todo el mundo, no queda claro.
Los españoles y españolas de bien tienen que entender que nada en Sánchez y el PSOE es limpio, que Feijóo no gobierna porque no quiere y que lanzar a Pablo Casado por la ventana de la calle Génova tras haber denunciado que el hermano de Ayuso hizo lo mismo que Aldama (y Alberto Quirón, entre otros) con el tráfico de mascarillas -forrarse en plena pandemia mortal- no es un pucherazo. Es la salvación de todos nosotros de las garras del infierno comunista, garantizada por PP y Vox: todo por nuestro bien, sean las loas al emérito o la muerte política de Casado. Tengan fe.
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