Opinión
El esperado #youtoo pepero

Por Marta Nebot
Periodista
¡Boom! El escándalo machista pepero estalló. Lo dije, lo avisé, lo predije... Y ni tengo bola de cristal ni era inquina, revancha o mala baba. Muchas lo vimos venir. Atacar al PSOE por el caso Salazar y compañía como hizo el PP, bautizándolo como el #metooPSOE, era escupir al cielo y esperar que no les cayera en un ojo. Les ha caído tan de lleno que no lo están viendo nada claro. Esperemos que el golpe no les deforme la córnea del todo.
Su defensa a lo loco, esgrimiendo la presunción de inocencia del presunto acosador mientras atacan y desprestigian a la presunta acosada con todo, es tan elocuente, tan de manual como el propio caso. Uno de acoso sexual y laboral enterrado, ninguneado, silenciado y a lo grande, durante dos años.
Nueve emails, seis escritos y tres reuniones. Ella lo intentó solucionar por las buenas, utilizando los conductos internos, evitando el escándalo. Solo la atendieron para decirle que tenía que protegerse y que hacerlo era "no hacer nada".
Los mismos que le recomendaron silencio mientras se cruzaban de brazos hoy la acusan de no haber denunciado en un juzgado. Los mismos que niegan las conversaciones mantenidas, que la presunta víctima grabó -menos mal-, dicen que van a denunciarla por haber sido precavida y gracias a eso poder defenderse de sus mentiras ahora.
Ana Millán, la número 3 del partido, vicesecretaria de organización y territorial del PP de Madrid y vicepresidenta de la cámara autonómica, le llegó a decir a la cara: "Todas hemos aguantado muchas cosas. Déjalo. No vale la pena".
El mensaje es concluyente y desolador por este caso y por el resto de los mediáticos de los últimos tiempos (Íñigo Errejón, Julio Iglesias...), archivados o en ese camino. Calladitas quizá ya no estamos más guapas pero sí menos revictimizadas. ¿Calladitas perdemos menos?
Las comparaciones son odiosas, claro. Pero también inevitables; sobre todo cuando coinciden en el tiempo casos semejantes -aunque bien distintos- y cuando cómo se hacen las cosas con las que se atreven a denunciar es el quid de la cuestión.
Nadie con un mínimo de lógica creyó que solo hay acosadores en algunos partidos, en algunos barrios, en algunos gremios, en algunos sitios. Las cifras que certifican la realidad no dejan lugar para el escepticismo. La desigualdad sigue siendo monstruosa. El negacionismo con dudas lo tiene muy fácil para despejarlo: basta con una conversación sincera con algunas mujeres cercanas.
La realidad siempre manda al final. Se impone al relato que sea. Es solo cuestión de tiempo. Negarla solo la agranda. Al PP le iba a pasar. En España casi una de cada tres mujeres mayores de 16 años ha sufrido violencia física o sexual, según la macroencuesta de violencia de género del ministerio de Igualdad.
Una de cada tres. Muy mala suerte tiene que tener el negacionista curioso que consiga que una mujer le hable en confianza para no salir de su confusión. Si ella no, seguro que sabe de más de una porque lo sabemos todas, igual que Ana Millán.
Milagrosamente las denuncias por delitos sexuales aumentan cada año a pesar de que más del 80% de las violaciones denunciadas se archivan.
La ley del silencio sigue aquí aunque cada vez sean más las insumisas. La cultura de la violación, del poder masculino en el peor sentido en la cama, está en el aire, la respiramos todo el tiempo.
Y sí, aceptemos que para much@s la palabra patriarcado -como tantas otras importantes- está gastada. Llamémoslo statu quo, que es una expresión más molona -por ser en latín o por lo que sea-. El poder ejerce el abuso de poder con tintes machistas porque el poder lo es, porque siempre lo fue y porque costará mucho más tiempo, sangre, sudor y lágrimas que deje de serlo.
Es lo que hay. Es la sociedad que tenemos y para conseguir que sea mejor, que estas cosas ocurran menos lo primero que tenemos que hacer es defender los hechos, la realidad que conforman y gritan, el mapa sobre el que seguir trabajando sin ridículos golpes de pecho.
Salazar, ex alto cargo del PSOE, echado del cargo y del partido, llamado a declarar esta semana preelectoral en una comisión de investigación del Senado, presuntamente miraba escotes, enseñaba el miembro, mimaba felaciones, tenía comportamientos más que impropios... No se ha presentado ninguna denuncia en la Policía. El partido hizo el avestruz durante más de cuatro meses ante las denuncias internas. Cuando la prensa lo desveló, el susodicho fue fulminado. Las presuntas víctimas no quisieron ir a un juzgado, no quisieron ser identificadas y se mantienen en el anonimato. El partido finalmente reaccionó tras creer sus relatos.
Bautista, el alcalde de Móstoles del PP denunciado públicamente esta semana por acoso sexual y laboral contra una concejala que estuvo dos años intentando que el partido la defendiera y la apoyara, presuntamente se empeñó en tirársela. Se jactó en público de haberlo consumado, siendo una mujer casada y con hijos pequeños. Ante la negativa de ésta, fue laboralmente ejecutada. Ahora el partido intenta desprestigiarla, husmea y miente sobre su pasado, filtra documentos confidenciales. Ha filtrado hasta su identidad poniéndola aún más en la picota.
Ana Millán, la 3 del PP de Madrid, le dijo a la víctima, -sí, lo repito- que "todas hemos aguantado muchas cosas". Y en eso estamos de acuerdo. Lo que pasa es que quizá unas están más dispuestas a seguir aguantando que otras.
De su consejo descorazonador solo se desprende rendición. Y eso se puede entender como no denunciar o como dejarse hacer. Total "no vale la pena", como le dijo también. Debe pensar que las reglas no las podemos poner nosotras.
Señoras del PP, no les crean; no se dejen; no se rindan. Creerles implica perpetuar el sistema.
La gravedad ha hecho su trabajo con el esputo pepero -del que hablaba al principio- muy rápido. Les ha caído en el momento más ¿inoportuno? Y, por más que intenten limpiarse, su hipocresía y el asco ya han calado, su osadía kamikaze ha explotado en mil pedazos confirmando lo obvio.
Y sí, cuando una se dice por dentro "te lo dije" -aunque a mí aquí se me esté escapando un poco- la vida te hace un regalo aunque parezca venenoso. Te ratifica, te libera de algo del síndrome de la impostora, te cuenta que ves, que vemos, que sabemos, que por más que se empeñen lo evidente es que la desigualdad, los abusos y las agresiones siguen aquí y tenemos que seguir peleando en todos los sitios.
Lo sabía. Lo sabías. Lo sabíamos. Los que no lo saben son los que no se dan de tortas con la realidad, los que bajan los brazos al son de los silencios necesarios.
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