Opinión
Esperanza y alegría como antídotos de la izquierda

Escritora y doctora en estudios culturales
"Es como si le encantase estar vivo"–escribió una fan de Zohran Mamdani en la cuenta de Instagram del recién elegido alcalde de Nueva York, cosechando más de 10.000 likes. Yo no podría haberlo descrito mejor. Jovial, alegre, y un excelente comunicador, Mamdani ha conquistado el voto de la ciudad más poblada de Estados Unidos con una sonrisa en la boca que no esconde los grandes problemas que martirizan a los vecinos: la falta de guarderías, un transporte público caro y caótico y, sobre todo, ese monstruoso mal que tan bien conocemos en otros lares, la carestía de la vivienda. Su mirada de denuncia ha conseguido transformar unas carencias casi endémicas en promesas que generan la ilusión de un comienzo alentador. Hay algo de quien se convertirá en el alcalde más joven, el primer musulmán y el primero nacido en África (Uganda) en alcanzar el ayuntamiento neoyorquino que encandila especialmente: lo que parece ser una desenfadada sinceridad. Al contrario que Kamala Harris, la candidata demócrata a la presidencia en 2024, Mamdani habla de manera coloquial sin perder el rigor; no fuerza el rictus, sino que gesticula con naturalidad; y utiliza el sentido del humor hasta para burlarse de sí mismo, como las veces que ha bromeado sobre lo mal que habla español. En una campaña realizada en cuatro idiomas, a golpe de patear la calle y grabar unos videos (TikTok, Instagram, Youtube…) que han circulado como la pólvora, el millennial de 34 años se ha metido al electorado en el bolsillo transmitiendo algo que hacía mucha falta en la tierra de Trump: esperanza.
Sin donaciones de multimillonarios, con redes como X en contra y un presidente que ya ha amenazado con retirarle al consistorio las subvenciones federales, la carrera de Mamdani también ha debido enfrentarse a insultos racistas, una islamofobia que data del 11S (cuyo fantasma sus enemigos azuzan), y hasta amenazas de quitarle la ciudadanía, pues el musulmán se naturalizó como estadounidense en 2018. Estas humillaciones se han producido mientras el ocupante de la Casa Blanca desplegaba una serie de redadas sobre ciudades demócratas bajo el paraguas de un discurso antinmigración que se está saldando con miles de deportaciones. Sin embargo, si hace unas semanas contemplábamos al país entero levantarse en protestas contra el odio, ahora hemos visto a un candidato vilipendiado, prácticamente desconocido hace un año, siendo arropado por unas multitudes cuyo hartazgo con la política tradicional es patente. Porque Mamdani no sólo ha vencido al republicano Curtis Sliwa, sino también al anterior gobernador demócrata Andrew Cuomo: dos boomers de 71 y 67 años respectivamente, financiados por el sector corporativo y representantes del establishment. ¿Está queriendo enviarnos Nueva York un mensaje sobre el cambio que necesitan nuestras instituciones? ¿Será la City la receta del antídoto para la izquierda?
Políticas progresistas contadas sin formalismos asfixiantes, cercanía y vitalidad, redes sociales a borbotones. Si una lo piensa bien, también Trump supo aproximarse a la gente de forma similar valiéndose de su faceta televisiva, a pesar de encontrarse rodeado de una legión de ricos y abanderar un programa en las antípodas del bienestar. Ahora queda por ver cómo Mamdani se enfrenta a unos poderes públicos que no van a allanarle el camino. Las normativas propuestas son ambiciosas: congelar el precio de los alquileres, ofrecer autobuses gratuitos, garantizar el acceso a las guarderías, así como la creación de supermercados públicos en un enclave donde muchas personas comen mal o pasan hambre. De hecho, según la ONG City Harvest, 1,4 millones de residentes (de un total de 8 millones y medio) sufren de inseguridad alimentaria. Si el mensaje principal de Mamdani ha sido: "no debería ser tan duro" vivir en la ciudad, la solución ideada para tornarla menos hostil incluye subir los impuestos a los más acaudalados y a las grandes empresas, para lo cual podría toparse con la oposición frontal del estado. El municipalismo, ya lo sabemos, cuenta con innumerables obstáculos, pero igualmente los hubo de encarar su candidatura y ha salido victorioso. Quizá sólo había que agitar la imaginación, y entrenar la esperanza, como afirma Berta del Río en su reciente ensayo El arte de imaginar (Barlin Libros, 2025). Quizá todo consistía en convertirse en influencer de izquierdas –como argumenté en su día–, aprovechando la espectacularización que fomentan las plataformas digitales, pero con propósitos dirigidos a ampliar el bien común.
Sea como fuere, lo cierto es que estamos ante el nacimiento de un líder cuyo aplastante éxito evoca una posible renovación del –hasta ahora– marchito partido demócrata por su ala socialista, mientras confirma una estrategia renovada de conectar con la ciudadanía, y una capacidad inaudita de soñar desde un presente muy crudo que todavía muestra signos de querer ser futuro, a pesar de todo. Si a Zohran Mamdani le encanta estar vivo, se debe, con certeza, a que muchísima gente también aspira a esa alegría de vivir.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.