Opinión
Feijóo, sin pecado concebido

Por David Torres
Escritor
No sé si será cosa mía o del calor, pero cada vez que miro a Feijóo lo encuentro más joven. Quiero decir que veo a un Feijóo de mucho tiempo atrás, de allá por los noventa o los ochenta: sin gafas, sin arrugas, sin preocupaciones, a punto de embarcar en el yate de Marcial Dorado como Marty McFly en el Delorean y dar la vuelta al futuro. Tal vez se trate de un efecto secundario del recauchutado general con el que su equipo de peluquería y maquillaje lo está tuneando de cara a las próximas elecciones. Cierto que con la operación de cataratas le mejoró bastante la visión, aunque hasta la fecha todavía no sea capaz de distinguir cuántas propiedades inmobiliarias tiene ni quién diablos estará a cargo de las facturas. El oftalmólogo lo lleva crudo para que Feijóo reconozca la letra pequeña, no te digo ya una letra del banco. Digamos que más bien le han arreglado las vistas, igual que a Ayuso con su ático en Chamberí.
Lo más curioso de todo este alicatado general es que funciona también por dentro además de por fuera, de manera que el Feijóo de 2026 no sólo empieza a cuestionar al Feijóo de 2006 sino que incluso le está dando la razón al Manuel Fraga de 1981. Es lo que suele ocurrir con los viajes en el tiempo: hasta Marty McFly estuvo a punto de acostarse con su propia madre. El espectacular bandazo con la Ley de Nietos -la cual defendía sin ambages sólo tres años atrás, ante el sinsentido de que un nieto de españoles tuviera menos derechos que un inmigrante- proviene del miedo a que Sánchez reclute un importante contingente de nuevos votos merced a intrigantes maniobras de ingeniería electoral. Vamos, como si el PSOE fuese a hacer con los nietos lo mismo que hace el PP con los abuelos, que los lleva a votar de la mano de unas monjas con la papeleta ya inmersa en el sobre, luego los invitan a merendar y todos contentos.
En su emocionante redescubrimiento de conceptos y proyectos obsoletos, cualquier día de estos Feijóo va a proponer -junto a sus apaños de albañil sobre la prioridad nacional y la revisión de la ley del aborto-, que volvamos al NODO, al UHF y a la tele en blanco y negro. Al NODO, la verdad, da la impresión de que ya hemos vuelto, por más que los publicistas del partido intenten modernizar su imagen a base de videos de propaganda que más bien parecen una copia de La Hora Chanante. En el último de ellos, puede verse a Feijóo de paseo por Santander, charlando con sus votantes, bromeando con unos chavales a ver si pescan más votos que él, y la sensación exacta es la de estar viendo a Joaquín Reyes disfrazado de Feijóo con dos kilos de látex.
Más emocionante todavía ha sido su promesa de presentar, en cuanto llegue a La Moncloa, una ley nacional para ayudas al concebido no nacido, una ley calcada de la patochada ginecológica que Ayuso acaba de sacar adelante en la Asamblea de Madrid. Está bien ser previsor y asegurar su regreso al futuro, porque Feijóo sabe muy bien que, con Ayuso a los mandos, lo pueden abortar de un día para otro con cuatro o cinco décadas de retraso, como le sucedió al pobre Pablo Casado.
Lo que no se entiende muy bien es cómo van a verificar los embarazos, ya que, tal y como anda la sanidad en las comunidades gobernadas por la derecha, las ecografías iba a tener que hacerlas el bedel en sus horas libres. Y bastante trabajo tienen bedeles y enfermeras con ir gestionando las listas de espera y descartando traumatismos craneales en los servicios de urgencia. Habrá que fiarse de la palabra de la señora que viene a solicitar la ayuda porque, según ella, está preñada hace quince minutos y viene al reconocimiento toda sudada, sin ducharse ni nada, tal y como propone Miguel Ángel Rodríguez. "Si mis cálculos son correctos -dice Doc en el doblaje latino-, cuando este bebé llegue a los 88 kilómetros por hora, vas a ver algo serio". Doc dice "88", que es "Heil Hitler" en el código neonazi, y en Hispanoamérica el futuro va a todo trapo.

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