Opinión
Financiemos a Florentino
Por David Torres
Escritor
Cuando los asesores de Kennedy inventaron el célebre eslogan de "no preguntes lo que tu país puede hacer por ti: pregunta qué puedes hacer tú por tu país", no pensaron en Florentino Pérez. El presidente del Real Madrid hace cosas por su país y luego, claro está, pasa la factura. El último favor que nos ha hecho este filántropo de pelotas es traspasar a la Comunidad de Murcia una planta desaladora que no rula por el módico precio de 600 millones de euros. Si vendes una moto vieja con los tornillos sueltos y el manillar atado con esparadrapo, lo más seguro es que acabes en la trena, pero si desarrollas una planta desaladora que arroja pérdidas anuales de 13 millones de euros, te llaman emprendedor, te hacen un monumento y te pagan el desastre con intereses para que repitas. La diferencia esencial entre un negocio multimillonario y el tocomocho de toda la vida está en los ceros a la derecha. En este caso, muy a la derecha.
ACS, el gigantesco holding de Florentino, es una máquina de producir ceros uno detrás de otro y ponerles un uno delante con la ayuda desinteresada de todos los españoles. Primero fue el Proyecto Castor y ahora la desaladora de Escombreras. Los nombres ya lo dicen todo. Es difícil adivinar dónde nos caerá el siguiente palo, pero no sería raro que sus asesores estuvieran repasando aquel video de Faemino y Cansado en que un señor se encontraba once mil millones de pesetas en una zapatilla, compraba la factoría de whisky Dyc y montaba un negocio de exportación de whisky a Escocia. "Ustedes podrán pensar" decía Faemino, " que calculamos mal la ley de la oferta y la demanda, que no tuvimos en cuenta el cambio de moneda, pero qué va. Nos comió la mierda".
En lo que no habían caído ni Faemino ni Cansado es en la ventaja de contar con un ministerio, un gobierno o una comunidad dispuestos a asumir tus boquetes. En este capitalismo de nuevo cuño, las pérdidas son públicas y los beneficios privados. Del mismo modo que los españoles pagamos a tocateja las deudas provocadas por la pésima gestión de Bankia (y en cuanto empezaron a dar beneficios, se quedaron con ellos y además sin devolver un céntimo), ahora además financiamos a Florentino Pérez, que también sale la hostia de caro.
No hay más que repasar la historia del fútbol en España, de Lopera a Lendoiro y de Jesús Gil a Ruiz Mateos, para comprender que, en efecto, es el deporte rey. Y más que rey, borbón. Los traspasos millonarios del Ser Superior en su chiringuito particular del Bernabeu, con fichajes de ida y vuelta, porteros traspapelados y pelotazos que salen por la culata, no son más que un ensayo de sus plantas desaladoras que no desalan y sus experimentos submarinos con terremotos incluidos. En esta novedosa forma de hacer negocios nadie acaba de entender muy bien cómo una montaña de dinero público siempre revierte en el mismo bolsillo. El fútbol es un deporte donde juegan once contra once y siempre gana Florentino.
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