Opinión
Los franceses no son negros

Por David Torres
Escritor
Los franceses no son negros. O los negros no son franceses. No estoy muy seguro de lo que quiso decir el ex presidente Mariano en una de sus aplaudidas crónicas futbolísticas, ésas que redacta con total seguridad él mismo, sin necesidad de IA, porque hasta la IA tiene sus límites. Hay autores que escriben con todo el diccionario, otros nos conformamos con medio, pero a Mariano le basta con el vocabulario de un ganador del Planeta y la sintaxis de unas instrucciones de montaje del Ikea. Porque la crítica anda despistada, como siempre, pero lo mismo Mariano está inventando un nuevo género literario. Es muy capaz de embutir los siete tomos de En busca del tiempo perdido en un tuit y aun le sobran caracteres: “No me acuerdo, no me consta”. Y luego va y se zampa una magdalena.
Con la magdalena de Proust, Mariano no tiene ni para empezar. Caso de que hubiese leído a Proust, que tampoco le hace ninguna falta. En su última crónica (por llamarla de algún modo), además de magdalenas, mete también churros, porras, galletas, bizcochos y picatostes: una arriesgada y fastuosa mezcla de deporte churrigueresco, política de mesa camilla y perogrulladas de cajón. Por si alguien no se había enterado todavía de los últimos resultados y de cómo va el Mundial, Mariano escribe: “La cuestión ahora es que la próxima semana jugamos contra Francia en semifinales. Luego lo harán el ganador del Argentina-Suiza contra Noruega o Inglaterra”. Ahí no cabe duda alguna: se trata de una prosa de empanada gallega, una prosa que entendería incluso un juez de primera instancia, pero nunca se sabe si un aficionado acaba de despertarse después de un coma de tres meses. Por algo Mariano es una verdadera eminencia en amnesia repentina.
Sobre la selección francesa, Mariano apunta: “Tiene una plantilla de altísimo nivel. Eso sí, sin franceses”. Ya digo que no estoy muy seguro del significado profundo de esta frase, bien porque no hay ninguno, bien porque el pensamiento de Mariano es virtualmente insondable. Lo han tachado de racista, como si Mariano pensara que todos los franceses tienen que ser blancos como Alain Delon, Yves Montand o Jean-Paul Belmondo, pero le suponemos a Mariano cultura suficiente como para saber que Montand, por ejemplo, nació en Italia y que su familia emigró a Francia huyendo de Mussolini. A veces los franceses tienen esa fea costumbre de nacer fuera del territorio francés, como si fuesen vascos. Incluso los hay pelirrojos, como Obélix.
Sin embargo, en el equipo francés abundan los jugadores nacidos en Francia: Mbappé, Konaté y Koundé en París; Tchouamení en Ruan; Barcola en Lyon; Dembelé en Vernon; Saliba en Bondy. Por no hablar de otros delanteros y defensas históricos como Pogba, Henry o Anelka. Da la casualidad de que todos los anteriormente citados son negros, por no hablar de los que son africanos, magrebíes o procedentes de antiguas colonias de ultramar. Lo más probable es que Mariano haya intentado hacer una gracia y le haya salido una desgracia, gracias a ese gracejo suyo tan particular. A fin de cuentas, es un hombre acostumbrado a soltar necedades según separa las dos mitades de la barba: los hilillos del Prestige, ETA es una gran nación, un plato es un plato, los catalanes hacen cosas. A lo mejor quería decir que los franceses, a diferencia de los españoles, no son muy franceses y mucho franceses. Qué se yo ya.
En 1977 la NASA lanzó las sondas Voyager al espacio con un disco grabado en caso de un posible contacto con una civilización extraterrestre. Entre las piezas musicales seleccionadas, está el preludio en Do Mayor BWV 870 del Libro II de El clave bien temperado de Bach, en interpretación del gran pianista canadiense Glenn Gould. Creo que no fue muy buena idea enviar a Bach de embajador, porque cualquier extraterrestre pensaría, después de oír semejante demostración de armonía y belleza, qué más podrían enseñarnos. En cambio, de haberles enviado cualquier pedorreta verbal de Mariano, habrían venido echando hostias, aunque sólo fuese por la curiosidad de contemplar semejante esperpento en directo. Si les explicamos además que a Bach, mientras vivió, no lo conocía ni el Tato, mientras que Mariano estuvo al frente de un país muchos años, iban a quedarse bizcos. Ya sí que no se acercan aquí ni con un palo.
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