Opinión
Fuego en el alma

Activista ecologista, fundador y coordinador federal de Alianza Verde.
-Actualizado a
Con los bosques todavía humeantes, y a estas alturas del verano ya con una cifra de 155.000 hectáreas quemadas, quiero hacer algunas reflexiones sobre el fuego. Queda mucho verano, y, por si fuera poco, la estación cada vez es más larga debido al cambio climático. Sí, el cambio climático.
Y es que la primera reflexión pasa por recordar que estamos inmersos en un fenómeno objetivamente indiscutible: los datos de aumento de las temperaturas, del número de grandes incendios forestales, de cambios estacionales... son tan contundentes, que ni siquiera sé si merece la pena seguir recordándolos. Y es que el negacionismo de la extrema derecha no se basa en informe científico alguno. No existe tal cosa. El negacionismo climático es un posicionamiento político que busca una reacción emocional, especialmente en el mundo rural, para atacar las políticas verdes. Se trata de agitar el "agrotrumpismo" aludiendo a la presunta condición de víctimas de agricultores y ganaderos. No hay ciencia en ello, solo marketing.
El cambio climático es tan real como la subida de los beneficios de las petroleras. Las políticas de Trump son una máquina de generar ingresos a la industria petrolera. No hay más que ver como su guerra en el estrecho de Ormuz ha conseguido que los beneficios de todas las petroleras se multipliquen por tres en solo unos meses. Ojo, porque detrás de ese negacionismo populista y presuntamente defensor del agro, lo que hay realmente es una defensa de las políticas trumpistas que benefician a esas petroleras. La misma política que hace subir el precio del diésel que tanto perjudica precisamente al sector primario. Esa es la paradoja.
Pero volvamos al fuego. España se quema como nunca lo había hecho. Pero también se queman Francia, Canadá, Estados Unidos, Turquía, incluso el Reino Unido. ¿Es creíble que, en todos esos países al mismo tiempo, una conspiración haya prohibido recoger las piñas, y por eso se queman? No lo es. Estamos ante otra falsedad. El mundo entero está en llamas, y no es el verano, es el clima. Las imágenes de Francia en llamas también son estremecedoras, con Burdeos al borde de ser desalojada, y las Landas convertidas en una tea. Terrible.
Es fácil dejarse llevar por la ira ante lo que vivimos, pero conviene pensar dos veces antes de repetir ciertos tópicos, y esto es especialmente cierto para quienes tienen capacidad de influir en la opinión pública. No voy a recordar la legislación de Montes porque se ha hecho hasta la saciedad. Lo siento, la causa del fuego no son las piñas.
Sin duda hay que hacer mucho más en prevención. Precisamente los ecologistas lo llevamos diciendo desde hace mucho tiempo. Entre otras cosas porque el verano ya no dura tres meses. Por cierto, los incendios no los crean los ecologistas, ahora en la diana también de la extrema derecha. Y qué decir del maltrato a los bomberos forestales. Es un ejemplo más de cómo las políticas de derechas van recortando los servicios públicos, esos mismos a los que recurrimos en cada catástrofe, y que todavía hoy están ahí para salvarnos. Las imágenes de los bomberos en primera línea de fuego hablan por si mismas. No. No se merecen el maltrato laboral al que son sometidos.
En cada situación de crisis, el extremismo derechista trata de crear la máxima confusión, el máximo caos. Ocurrió con el covid, con la DANA, y ahora con los incendios. No es casualidad, es una forma de actuar. En ese marco de caos, el votante busca seguridad, que genera un caldo de cultivo idóneo para el auge de los partidos fascistas y reaccionarios. Hay por tanto una explicación para la tormenta de bulos en la que estamos inmersos, y para que cale es imprescindible negar el cambio climático, porque es la explicación más evidente de lo que está ocurriendo.
Sánchez sabe que un Pacto de Estado contra el cambio climático es imposible, simplemente porque la derecha española es negacionista. Agita esa bandera porque sabe que no va a ir a ningún lado. Le va bien hacerlo en este momento, como le fue bien agitar el No a la guerra en un momento en que la corriente anti bélica se fortalecía por su izquierda. Pero él sabe muy bien que los negacionistas de la derecha nunca aceptarán un verdadero Pacto contra el cambio climático.
En todo caso es importante decir que, más allá de la retórica, la lucha contra el cambio climático pasa por eliminar los subsidios a los combustibles fósiles, y reordenar el sistema eléctrico con una empresa pública de energía. Algo que ya Teresa Ribera dejó claro en su día que no piensa aceptar. Hasta ahí llega su compromiso climático.
En fin, que España arde, y mucha gente está sufriendo, pero las lágrimas de Ayuso son tan falsas como aquella declaración suya en sede parlamentaria de que el cambio climático es cosa de comunistas. No basta llorar, hay que seguir en pie para hacer frente a la cascada de bulos y conseguir acabar con el trumpismo y sus derivados antes de que sea demasiado tarde.


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