Opinión
Gaza y los cuerpos prescindibles

Profesora de Ciencia Política y Estudios Europeos en la UCM.
Me salta una última hora en el móvil: Alemania dejará de exportar armas a Israel tras el anuncio de ocupar toda Gaza. Estamos en agosto de 2025 y casi han transcurrido dos años desde los atentados del 7 de octubre. Desde entonces, las matanzas no se han detenido en la Franja de Gaza. La ley del ojo por ojo se ha impuesto y más de 60.000 personas, hombres, mujeres y niños, han sucumbido bajo las tropas del Ejército israelí.
El derecho del Estado de Israel a defenderse ha sido el paraguas bajo el que el sionista Gobierno de Netanyahu se ha cubierto para justificar las atrocidades que, día sí y día también, tienen lugar en la Franja de Gaza. La limpieza étnica de los gazatíes se va consumando sin que nadie haya movido un dedo para evitar su aniquilación.
Ahora se da un paso más hacia la culminación de un proyecto, el sionista, que sobre todas las cosas y pasando por encima de los derechos humanos del resto, quiere el establecimiento de un estado judío esencialista y étnicamente excluyente. Esto lo lleva demostrando durante décadas el régimen de apartheid instalado en Israel contra la población árabe, algo que ha sido ampliamente denunciado y probado por organizaciones defensoras de los derechos humanos como Amnistía Internacional o Human Rights Watch. Cuando ambas organizaciones denunciaron al Estado de Israel por crímenes de apartheid y persecución en virtud de la Convención Internacional sobre la Represión y el Castigo del Crimen de Apartheid de 1973, por supuesto, fueron acusados de antisemitas. La ocupación ilegal y la segregación de la población palestina en Cisjordania es un capítulo aparte que ha quedado para siempre en nuestras retinas gracias al documental No other land, donde se muestra la cruda realidad que allí se vive día tras día. Pero, sin duda, lo que llevamos viendo desde 2023 supera todos los límites. La forma en la que los gazatíes están siendo asesinados, la crueldad que se ve en vivo y en directo, es insoportable. A lo largo de los 22 meses que han transcurrido, se ha visto de todo. Los primeros bombardeos sobre hospitales, justificados por algunos por ser donde se escondían los asesinos de Hamás, puestos en duda por otros, que argumentaban que eran ataques de falsa bandera, nos dieron una primera indicación de lo que podría venir después. Entonces estaba Biden en Washington y Von der Leyen, extralimitándose en sus funciones como presidenta de la Comisión Europea, se reunió con Netanyahu: condenaron los asesinatos del 7 de octubre, nunca lo que sucedió después.
Tras los hospitales han venido las escuelas, centros de acogida y, más recientemente, los centros de reparto de alimentos de la Fundación Humanitaria para Gaza, la ratonera perfecta para disparar a discreción contra aquellos que preferían jugarse la vida yendo hasta allí a morir de hambre. Porque esa es la única opción que tienen las personas que se hacinan en campamentos cada vez más insalubres. La muerte por hambre es lo que han buscado las autoridades israelíes durante los últimos meses, cerrando el paso a toda la ayuda humanitaria que esperaba en el cruce de Rafah. La alternativa que han encontrado los occidentales para lavar sus conciencias sin molestar al Gobierno de Tel Aviv ha sido la de lanzar desde el aire esa comida. Una comida que en buena medida terminará en el mercado negro. Ahí ya estaba Trump en la Casa Blanca, ya había propuesto la creación de un resort de vacaciones y ya había comprometido su apoyo a Netanyahu. Todo ello a pesar de que hubiera sido precisamente Israel el que rompiera la tregua impulsada por Washington, a pesar de que sea Israel el actor más desestabilizador de Oriente Medio, porque, ya saben, a pesar de todo ello, Israel y el poder económico y tecnológico sionista continúan y continuarán siendo aliados de las oligarquías políticas y económicas estadounidenses, aunque no solo.
La última decisión adoptada por Israel de invadir la Franja para después, dice Netanyahu, que la gestionen los países árabes, es, sin duda, un paso más hacia la expulsión del pueblo palestino de la Franja. Las IDF van a entrar a sangre y fuego primero en la ciudad de Gaza, su objetivo, dicen, terminar con Hamás a costa de lo que sea. Hay quien ha visto en la reticencia de algunos actores una quiebra de la voluntad del Gobierno de alcanzar su objetivo político, tener un estado judío desde el Jordán hasta el mar Mediterráneo, y efectivamente, sus servicios de inteligencia ya han dicho que Hamás no representa ningún peligro, los familiares de los rehenes ya han dicho que mejor intentar el rescate por otras vías, los oficiales del Ejército también han expuesto sus dudas dada la dificultad de la operación y la escasez de efectivos para llevar a cabo la operación; ninguno de ellos alega, sin embargo, las vidas de los y las palestinas como una razón de peso para no lanzar la ofensiva. Porque esto no va solo de un primer ministro que quiere salvarse de la Justicia sembrando la guerra; esto trasciende las ambiciones personales de Netanyahu, no por nada el 82% de la población israelí está de acuerdo con las acciones en Gaza, y más del 50% querría la aniquilación del pueblo palestino. Se trata de quedarse con todo el territorio.
Ya lo hemos dicho en reiteradas ocasiones, pero es importante volverlo a repetir: en Gaza está muriendo todo el orden legal que ha sostenido el mundo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Un régimen que no está siendo capaz de resistir las embestidas de la no respuesta al asesinato de cada niño que muere en Gaza, un régimen que no responde a la vulneración de sus propias normas. Vemos cada acción simbólica como un triunfo; el reconocimiento de Palestina como Estado sin duda lo es, pero lo hubiera sido mejor hace años. Que se dejen de enviar armas desde Alemania a Israel, sin duda es un paso adelante, pero ¿por qué no se hizo antes? ¿Qué impide a la UE rescindir los acuerdos comerciales con Israel? La respuesta, lamentablemente, es que los intereses siguen estando por delante de los derechos humanos; siempre lo estuvieron, no nos engañemos, pero ahora ha quedado aún más al descubierto. El régimen necropolítico es ya un hecho irrefutable. La ausencia de poder y de protección ha hecho que los palestinos sean cuerpos prescindibles.
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