Opinión
Homenaje a los fusilados el 27 de septiembre 2025

En la madrugada de hace 50 años, unos policías golpearon la puerta metálica del calabozo de la Dirección General de Seguridad en la gran vía Ramón y Cajal, donde llevaba varios días detenida. Anunciaban entre gritos, insultos y amenazas que habían sido asesinados nuestros compañeros
Sus nombres resonaban en mi cabeza. Antes de que me detuvieran, junto a Esther Fernández y José Vicente Castillo (formábamos el aparato de propaganda del PCE ml y el FRAP en el País Valencià), habíamos impreso miles, decenas de miles de octavillas y panfletos contra las penas de muerte, habíamos hecho todos los carteles y las pintadas que pudimos, escribimos mil veces sus nombres, pero no pudimos evitar sus asesinatos. Fuimos muchas personas las que intentamos pararlos, muchas detenidas en el intento, algunas nos reencontramos hoy aquí.
En aquellos últimos años de dictadura se juntaron muchos nombres. Fueron condenados a muerte Francisco Granado, Joaquín Delgado y Julián Grimau en los 60, después Salvador Puig Antich en el 74. Fuimos sumando el nombre del estudiante tiroteado en Santiago de Compostela, los obreros de San Adrián del Besós, de la construcción en Granada, Patiño en Madrid... Fueron tiempos de huelgas y movilizaciones en muchos sectores productivos y de universidades cerradas.
La oposición antifranquista, aniquilada durante la contienda y en los primeros años de dictadura, recordamos bien ¡cómo olvidarlo!, las escalofriantes cifras de detenciones, de ejecuciones, de exiliados, de campos de concentración, de juicios sumarísimos, de robo de bebes. Después de aquellos años terribles, se había ido recomponiendo y estructurando, desde mediados de los años 60, una oposición bastante plural y combativa. Se reconstruyó el sindicalismo de clase y un amplio movimiento estudiantil, surgieron clubs culturales y juveniles, también las primeras asociaciones de vecinos. El miedo y el silencio se quebraban un poco.
Fueron tiempos de huelgas, de enfrentamientos con los grises, de detenciones, de disparos al aire que mataban manifestantes, de mucha violencia. De jugarse la libertad, el futuro, la vida. Rafael Chirbes habla de esa generación como “la que quería cambiar el mundo, estrellas fugaces cargadas de sueños, ideas forjadas tras horas de trabajo y estudio, actividad frenética derrochada sin pensar en sí mismo”.
Queríamos terminar con el franquismo, algunas también luchábamos contra el imperialismo y capitalismo depredador, pero sobre todo necesitábamos liberarnos de la dictadura.
Una dictadura que no había dejado de detener y torturar en las comisarías y los cuarteles de la Guardia Civil a opositores. De enjuiciarles en el TOP y en la jurisdicción militar cuando les interesó con acusaciones peregrinas, insulto a la fuerza armada, terrorismo, asociación ilícita, propaganda ilegal.
En aquel contexto se produjeron, en el verano de 1975, nuestras detenciones en Valencia y en todo el estado, y los consejos de guerra en Madrid, Barcelona y Burgos. En agosto se aprobó un decreto ley antiterrorista que se aplicó masivamente y en algunos casos como en los consejos de guerra, de manera retroactiva. Quisieron en un tiempo de crisis económica, de agotamiento del régimen, de pugna en la búsqueda de una salida a la dictadura, intentar dar un castigo ejemplar y golpear sin contemplaciones a la oposición.
Franco ya gravemente enfermo firmó el enterado. Desoyendo todas las movilizaciones internacionales y las peticiones diplomáticas de clemencia, incluida la del vaticano.
Terminaba sus días como empezó su tiempo, asesinando.
Quiero en este 50 aniversario recordar expresamente a las personas que se movilizaron contra las penas de muertes y en particular agradecer la labor de las abogadas y abogados que defendieron a tantos antifranquistas, a nuestro admirado Alberto García Esteve, a Concha Blat, Vicent Álvarez, Cipriano Molinero, Manuel del Hierro, Francisco Ribes, me dejo muchos nombres… a todos vosotros nuestro reconocimiento.
Apenas dos meses más tarde moría el dictador. Pero no terminó el franquismo.
Lo sabemos bien, la transición, que se vendió como modélica, estuvo construida sobre el compromiso de no alterar las estructuras, de mantener la impunidad de los golpistas del 36, de silenciar a las víctimas. De imponer el olvido. Decían que eso era reconciliación. Y lo ataron con una ley de amnistía para protegerse. La nueva democracia se construía así sobre la desmemoria y la impunidad.
El que fuera relator de Naciones Unidas para los para la promoción de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición, Fabián Salvioli, decía que, “La reconciliación no es que una víctima perdone a su torturador. Sino la recuperación de la confianza en el Estado”; eso, creo yo, se debería haber hecho a través de la justicia transicional, promoviendo la verdad, investigando los crímenes de la dictadura, juzgando a los responsables y reparando a las víctimas. Pero se impuso una ley de punto final y un pacto de silencio.
A cuentagotas hemos arrancando avances, casi siempre gracias a la movilización y la organización, gracias a muchas familias de represaliados y al movimiento memorialista. Desde CEAQUA, a la que pertenece nuestra asociación ACIF, estamos comprometidas en la tarea de quebrar esa impunidad. Es nuestro grano de arena, impulsamos la interposición en los tribunales de querellas para exigir la investigación de crímenes franquistas, se han presentado, esta mañana las dos últimas en Vigo, unas 120 querellas en todo el Estado por torturas, desapariciones forzadas, robo de bebes, trabajo esclavo. Reclamamos tutela judicial. El próximo mes de noviembre una jueza de Elda ha llamado a declarar a Martin Villa y al expolicía Aroca del Rey querellados por el asesinato del joven Teófilo del Valle en febrero de 1976, tiroteado durante las huelgas del calzado. No sabemos el resultado, sí sabemos que su crimen no se ha olvidado y que las familias quieren justicia, que es su derecho.
El año pasado estuve declarando en el juzgado nº 1 de Buenos Aires, las torturas y malos tratos que sufrí durante mi detención en septiembre de 1975. Traté de transmitirle a la jueza, que lleva a cabo la única investigación sobre los crímenes del franquismo, que no fui un caso aislado, que en la misma circunstancia hubo mucha otra gente, que la dictadura siempre tuvo activa la maquinaria represiva contra quienes pensaban de forma distinta, contra quienes defendían los derechos democráticos y no se avenían a sus políticas ni sus ofertas.
50 años después, aún estamos empeñadas en romper la impunidad. Que se condene a los responsables de las torturas, porque hasta ahora oficialmente solo han sido condecorados. A los militares que presidieron los consejos de guerra y dictaron las penas de muerte. A quienes quisieron ahogar el republicanismo y la disidencia política durante décadas. Queremos que se investigue y se establezca la verdad judicial sobre los crímenes contra la humanidad perpetrados por el franquismo.
Para que no vuelvan a suceder en nuestro país hechos similares, para mejorar la calidad de la democracia, para que el fascismo no regrese nunca más.
50 años después, José Luis, Humberto, Ramón, Txiqui, Angel. No os olvidamos-

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