Opinión
Ideología de género: con dos huevos

Por María Sánchez Ramos
Periodista y profesora en la Universidad de Sevilla
Vivimos tiempos convulsos para el pensamiento (así, sin aditivos críticos). La ultraderecha ha encontrado en el feminismo la gallina de los huevos de oro. En efecto, la capitalización del odio y la frustración eminentemente masculinas ante un mundo incierto da escaños. La conjura de los necios a la que empezamos a acostumbrarnos en redes, estrados y barras de bar nos emplaza a una disputa, en efecto, ideológica, pero también ética y social que se ha de rebatir con la evidencia científica desde todos los frentes a nuestro alcance.
Por eso de que tras siglos de lucha feminista a veces una tiene la potestad de soltarse la melena y decir La Verdad ™ (marca registrada de Vox) me atrevo a compartirles un plato único de la gastronomía española, muy española y mucho española. La tortilla de ideología de género que revolucionará su cocina y su Estado con cinco sencillos ingredientes:
1. Sentido común
Rehúyo del sentido común como de la muerte. Es una calle tan estrecha y sin salida que no conozco a ninguna persona que haya salido bien parada de ese vericueto donde imperan las estratagemas para no pensar.
[Administrar en grandes cantidades].
2. Ideología de género
La ultraderecha tiene razón cuando sostiene que hay una peligrosa propagación de la ideología de género. La ideología de género patriarcal que ha venido sosteniendo a lo largo de los siglos los pilares de poder desigual que mantienen la dominación de los hombres sobre las mujeres en todo el mundo. Aunque resulte paradójico, Vox sostiene que una nación se destruye con odio. Precisamente para eso se diseñan las políticas públicas de igualdad: para acabar con las violencias contra las mujeres y con el odio, el poder y la dominación histórica con las que han sido naturalizadas.
[2 unidades por comensal]
3. Violencias (sexuales) contra las mujeres
Las violencias machistas no paran de crecer en su visibilización y denuncia. Para empezar, porque hemos aprendido a nombrarlas como delito público, hay un marco jurídico legal de protección y además aparecen las viejas violencias en nuevos escenarios como el digital. Lejos de mostrar la falencia de las leyes (que admiten margen de ampliación y mejora), las cifras de la vergüenza señalan el camino del avance social. La epidemiología criminológica señala que no se conoce la prevalencia real de las violencias sexuales contra las mujeres al igual que ocurre con los delitos económicos del poder o “cuello blanco”, de los que a lo sumo conocemos el 5%. Lo que sí sabemos es que los agresores son hombres de todo pelaje y que la violencia machista y sexual le cuesta a España 5.000 millones de euros al año.
[Añadir al gusto de forma ambivalente según etnia, estatus migratorio y religión del agresor]
4. Destrucción de la familia
En el oráculo amarillo está todo escrito. Es imposible olvidar a la beata Helen Lovejoy con su increpante ¿¡Pero es que nadie va a pensar en los niños!? Desde luego, la familia es lo primero que quebranta la violencia machista. En 2023, 51.100 mujeres y niñas fueron asesinadas por sus parejas (hombres) u otros familiares en todo el mundo según la ONU. Una media de 140 feminicidios ejecutados en sus propios hogares. Por eso la LO 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género contempla como víctimas a mujeres, niños y niñas y las expertas claman por una justicia con perspectiva de infancia.
[Agregar 500 gr. con corte juliana]
5. Profesionales negacionistas
Aunque parezca mentira, la ultraderecha todo lo recicla. El machismo recalcitrante como promesa de antaño para poder ejercer la violencia y el poder de siempre, como dios manda, con un argumentario deleznable que atenta contra la democracia y la inteligencia de todo ser viviente. La hilera de diputadas, profesionales del derecho y la psicología, policías y exmagistrados sería cómica si no fuera por el pavor que da pensar en el poder que detentan para con las mujeres violentadas. Aquí la Pombo lleva razón, ¿no? Parecen patalear ¡paren, que nos bajamos!, pero a este tren imparable del que tiramos todas no va a haber Renfe que lo pare. Como diría Rigoberta Bandini: “Ya no habrá dudas al prever que de esa fiesta no nos vamos/Ni de ninguna más/Jamás”.
[Cucharada opcional]
*La autora de esta receta no se hace responsable de las indigestiones y regresiones en materia de DD HH que pudieran sucederse de su elaboración.
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