Opinión
Infiltrados: contra la tentación del cierre

El documental del equipo de investigación de La Directa “Infiltrats, emitido en TV3 y donde se relatan los cuatro casos de policías infiltrados en los movimientos populares de Girona, Barcelona i València, me ha dejado estupefacta - será que la proximidad es inflacionaria, y multiplica el impacto de la notícia.
Hay muchos temas posibles de los que escribir, pero a reacción y pensando en el movimiento, me parece importante formular una pregunta: ¿qué hacer con la evidencia del espionaje policial en los movimientos sociales, populares y las izquierdas críticas?
En un combate entre la impotencia y la esperanza, porque uno de los impactos psicológicos y colectivos de este tipo de infiltraciones es la duda permanente sobre el entorno, que puede convertirse en una obsesión y fuente de veneno para las organizaciones políticas que aspiran a transformar la sociedad, emerge la duda: ¿es deseable mantener las formas y los canales de participación abiertos, a riesgo que haya un cierto grado de infiltrados? ¿Es viable proteger los espacios de dirección y a la vez abrirse a las personas que no conocemos y que quieran formar parte de los movimientos sociales?
Uno de los informes que se citan en el documental, y que comanda la misión de los policías encubiertos, justifica las operaciones invocando la protección de la seguridad ante los riesgos del radicalismo político violento. De hecho, uno de los momentos más impactantes del documental es la conversación entre Òscar, el militante de Girona, y Maria Isern, la policía infiltrada con quien ha mantenido una relación, cuando éste le confiesa que sabe que es policía. El diálogo se da amarado por la conmoción de haber desvelado la utilización del vínculo entre dos personas al servicio de la siempre indeseable “razón de estado” y tiene un tono de discusión de pareja, un punto incómodo, porque pivota entre el rechazo de estar husmeando una situación inverosímil, dolorosa y privada, y el interés público, político y personal de las respuestas de ella, que transita permanentemente de la condición de novia a la de espía.
Los argumentos de ella son básicamente de dos tipos: un primer grupo hacen referencia a la autenticidad de su persona “tú me has conocido de verdad”; y un segundo compendio se refieren a que no es una cuestión personal - ¡hay infiltrados por toda España! le suelta ella en un momento de tensión - que ni él ni su entorno eran los objetivos, y que ella le ha protegido “de puta madre”.
Se desprende de la conversación la cuestión de quién o qué eran los verdaderos objetivos, y qué tipo de metodología utiliza la Policía Nacional en estas operaciones. ¿Actúan como un inquietante virus que, sin ética ni respeto a los derechos fundamentales de organización política, penetra en las redes organizadas para escudriñar los rincones de la tela de araña política y social?
La razón que motiva estas actuaciones policiales es la seguridad, y se plantea como una herramienta trampa, porque es uno de los componentes de aquello deseado por la comunidad, pero nunca acaba de estar completa. Mantiene un riesgo que requiere de actuaciones extraordinarias para proteger, precisamente, la democracia y los derechos fundamentales que estas mismas ponen en jaque. En esta gramática, la deontología policial se emancipa de los límites de aquellos permitido socialmente – y legalmente a pesar de informes que tintinean intentando concretar el concepto de radicalismo -, y se instala en el terreno de la excepcionalidad que permite actuaciones insólitas.
Marc Neocleus, en “Maderos, Chusma y Orden social” publicado por Katakrak, argumenta que en el neoliberalismo el sujeto emprendedor debe convertirse también en el sujeto de la seguridad, en un compromiso colectivo que sitúa a las personas en el rol de agentes activos de la empresa. Esto, en la práctica, es la justificación de los métodos como los que narra el documental y que se expresan en la circular de la Policía Nacional, la portavoz del sindicato policial, o de la misma Maria Isern cuando intenta explicarle a Òscar que “os pensáis que todo es independentismo”. La cosa es que la conjura estructural en pro de la seguridad, que tiene una conexión directa con la pacificación como proyecto de dominación social, argumenta Neocleous, comporta, como todo sistema de sentido, una subjetividad determinada, es decir, una forma concreta de estar en el mundo. Ésta incorpora la quimera incompleta y perene de las lógicas basadas en el control, sostenido por el principio de desconfianza, y que puede ser la génesis de los vínculos con las instituciones, así como entre las personas en los espacios colectivos.
Responder a las infiltraciones policiales cerrando las puertas y las ventanas por miedo, reacción justificada porque es objetivo que hay policía encubierta y, tal como se apunta en el documental no sabemos de cuánta gente hablamos ni desde cuándo, sería contribuir al proyecto securitario porque supondría incorporar la trampa de la seguridad que nunca acaba de completarse y que requiere de la sospecha permanente.
La propuesta consiste en actuar de forma contraria al sentido que empuja la represión, es decir, ante la posibilidad de adelgazar los canales de decisión, potenciar su dimensión democrática; y ante la tentación de concentrar la información y las acciones en pocas personas, colectivizar los procesos y los organismos. De la capacidad de escabullirnos de la tendencia a la securización, individualizante y en permanente estado de sospecha, dependerá la fortaleza del movimiento y la resiliencia al impacto de la represión en lo relativo a la cuestión simbólica que rige los vínculos. Aquello, precisamente, que sostiene nuestras organizaciones y que es puerta de entrada a nuestros movimientos.
Con el principio de esperanza como guía, tengo la convicción que la militancia desde la ternura y la confianza es más poderosa que ningún sistema de información. Sin duda, nuestra guerra consiste en convencer que el futuro está en nuestras manos, y es de sobras sabido que la cuestión popular, en su acepción de masiva y pública, no marida con la destilación de la pureza individual.
Y más allá de un debate que pudiera parecer interno o de camarillas trasnochadas, la cuestión estriba en partir de la confianza como elemento fundamental del vínculo democrático, en las organizaciones políticas y en las instituciones, poniendo así las bases para que un pacto social nuevo pueda emerger como alternativa a la obsolescencia evidente del que nos ofrece el Reino de España.
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