Opinión
Cómo Junts ha pasado a competir con Aliança Catalana

Por Ricard Ribera Llorens
Presidente de la Fundació Neus Català.
Se acostumbra a decir que uno de los éxitos de la extrema derecha no es tanto avanzar electoralmente como tener la capacidad de marcar la agenda política. Cataluña no es una excepción en este sentido. Días atrás, Junts per Catalunya propuso la prohibición del velo y del velo integral en las escuelas. Lo hizo disfrazándolo con una retórica republicana y laica, que no consigue esconder, ni de lejos, la evidente voluntad de estigmatizar a la comunidad musulmana.
Para abordar este tema conviene que nos hagamos dos preguntas. La primera es lo bastante clara: ¿Cuántos casos debe haber en nuestras aulas de niñas y adolescentes que lleven el velo integral? La segunda, una propuesta como ésta, ¿está formulada desde los valores republicanos y desde el laicismo para cohesionar la sociedad, o bien se hace como un ataque a las personas que practican el islam? Si dedicamos un momento a responderlas, sin apriorismos, veremos que se está generando un problema donde no lo hay y que el objetivo de la propuesta es dividir a la sociedad catalana y señalar a los musulmanes y las musulmanas.
La prohibición del velo bebe del marco conceptual del nacionalismo identitario, que entiende la catalanidad de forma excluyente y está en disputa entre la extrema derecha de Aliança Catalana y Junts. En un momento en el que Junts se encuentra inmerso en diversas tensiones dialécticas, como si le resulta necesario volver a representar lo mismo que la vieja Convergència o cómo se ha de situar toda vez que el ciclo del procés ha finalizado, vemos cómo los atraviesa de lleno el debate sobre la inmigración y, que con demasiada frecuencia, está jugando un papel que roza las propuestas de la extrema derecha.
El proceso por el cual el partido de Puigdemont da pasos hacia un nacionalismo más identitario y excluyente es complejo y requiere un análisis pausado. Desde hace tiempo, Junts ha adoptado de manera cada vez más evidente una retórica antimigratoria en las diferentes instituciones donde tiene presencia. Recientemente presentó en Manresa una moción para controlar quién se empadrona en la ciudad, un hecho que puede darnos algunas pistas para contextualizar la voluntad de este partido de asumir las competencias en materia de inmigración desde Catalunya. Esta tendencia puede entenderse mejor si la situamos en el contexto de otras actuaciones institucionales, como la demanda de sus alcaldes del Maresme de expulsar a aquellas personas que delinquen de manera reiterada o que Sílvia Orriols sigue siendo alcaldesa del Gobierno de Ripoll con el permiso de Junts.
¿Cómo ha llegado Junts hasta aquí? Como decíamos, con la derrota del procés y la apertura de un ciclo político en una clave muy diferente, una parte del soberanismo sufre una regresión identitaria, y la aparición de la extrema derecha de Aliança Catalana no es una casualidad, sino que vive de este contexto político en clave catalana –y también del momento histórico de desigualdad, incertidumbre y perspectiva de precariedad vital que marca nuestra época–. El avance de Aliança Catalana en el próximo ciclo electoral preocupa, y mucho, a diferentes fuerzas políticas, pero sobre todo preocupa a Junts por la fuga de votos que prevén las encuestas. Solamente teniendo en cuenta este elemento comprenderemos el camino que han emprendido los de Puigdemont.
Así pues, la propuesta de Junts para prohibir el velo en las escuelas se enmarca en la lógica electoralista para competir con Aliança Catalana, un hecho que normaliza las medidas programáticas propias de la extrema derecha y las pone en el centro del debate. No hace falta esperar a las elecciones municipales de 2027 para ver cómo el nacionalismo identitario y el partido de Orriols ya está jugando con ventaja. En vez de buscar la cohesión de la sociedad catalana (ahora sí, en un sentido republicano), entendiendo que es diversa y cambiante –un hecho que genera conflictos, pero que podemos resolver de forma colectiva–, Junts responde con propuestas que persiguen dividir en función de religión, cultura, origen o raza.
La función histórica de la extrema derecha es dividir a las clases populares en momentos de crisis económica, social y de valores del sistema. Buscan dividirnos para controlar nuestro malestar sin poner en cuestión la desigualdad estructural. Las propuestas que entran en un marco excluyente y securitario entran de lleno en esta estrategia, y quien escuche estos cantos de sirena ha de ser consciente de a qué lado se sitúa. El país necesita, más bien lo contrario, un frente amplio de las fuerzas de izquierdas y democráticas en lógica antifascista, un frente social, cultural y también político que persiga cohesionar la sociedad a partir de la consecución colectiva de derechos, a partir de la lucha por una vida digna, para todos. Sólo con mirada larga, con amplias alianzas y llenando de justicia social la palabra democracia pondremos las bases para combatir a la extrema derecha.
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