Opinión
La justicia española se pasa por el arco al juez Garzón

Por Marta Nebot
Periodista
Hoy Baltasar Garzón cumple 70 años. Ayer le entrevisté. La fecha era buscada y no solo para felicitarlo.
En España los jueces se jubilan a esa edad. A partir de hoy tiene todavía más difícil recuperar su toga, conseguir la reparación integral que el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas dictó para él, por unanimidad, hace más de cuatro años. Ese organismo internacional, inapelable y vinculante para España, consideró que su condena de once años de inhabilitación como juez en 2012, por las escuchas a los abogados de la 'Gürtel', fue parcial y arbitraria y que vulneró el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos por dejarlo sin posibilidad de recurso.
Desde que este comité le dio la razón en agosto de 2021, Garzón no ha parado de reclamar el borrado de sus antecedentes penales, la indemnización correspondiente y su restitución como juez, con la antigüedad y el escalafón que tenía cuando fue destituido.
"Voy a seguir recurriendo hasta que se me agoten las fuerzas, que las tengo todavía bastante fuertes, intensas", señala desde el principio.
Su reclamación, en vista del incumplimiento reiterado —"No hicieron absolutamente nada" en estos cuatro años— va por dos vías: la Audiencia Nacional y el Consejo General del Poder Judicial.
"Estoy hablando contigo a un día de mi jubilación y no se me ha dado ninguna solución".
El Ministerio de Justicia le dijo "que no sabían cómo cumplir".
Él cree otra cosa: "No han querido hacerlo. No han querido hacerlo ni el ministerio, ni el Consejo ni, probablemente, los tribunales".
Garzón no se conforma con la cancelación de sus antecedentes penales por la extinción de la pena, es decir, porque el tiempo al que le sentenciaron haya pasado. Solicita su borrado y la indemnización que se considere oportuna y esto es lo que está reclamando en la sala de lo contencioso administrativo de la Audiencia Nacional.
Al Consejo General del Poder Judicial le exige su "reincorporación" no su "rehabilitación ordinaria", porque no son lo mismo. "Yo no pido mi rehabilitación porque hay un elemento absolutamente innovador, posterior y diferente, que es el dictamen [del Comité de Derecho Humanos de la ONU]. Si consideran que tiene que ser en el mismo puesto, díganlo. Si consideran que tiene que ser en otro, díganlo. Pero, en todo caso, en mi categoría; lo que no pueden decir es que acceda a la rehabilitación y me vaya a la casilla de salida, después de 34 años de ejercicio profesional en la carrera judicial. Eso es un sarcasmo. Es absurdo. Es una revictimización".
Lo ha recurrido en la sala tercera del Tribunal Supremo, donde pide que al menos el reloj deje de contar, que hoy no pierda su "derecho a la prórroga de dos años, es decir, hasta los 72, por no estar en activo en su 70 cumpleaños", mientras espera que el Consejo decida.
Denuncia que, por parte del Ministerio de Justicia, de la Abogacía del estado, "hubo una comunicación del ministerio diciendo que se había dictado una resolución en mi favor que me costó una semana encontrarla en la página web y que tres días después ya no existía. Es un poco poco serio".
En el Consejo General del Poder Judicial "han estirado como el chicle los plazos". Le notificaron su decisión tres días antes de que expirase el plazo porque fue personalmente a la sede a pedir que lo hicieran, cuando lo habían decidido quince días antes.
Lo resume así: "En fin, todo un despropósito. Esta es la realidad".
A mi pregunta retórica sobre si cree que no le quieren de vuelta respondió: "El amor, como el odio, cada uno lo distribuye como le da la gana. Pero no es cuestión de que me quieran o no me quieran, sino de cumplir lo que dice la ley. [...] Si al final quien tiene que caer soy yo, pues bien, pero que solucionen esto porque a futuro tiene que quedar claro. A no ser que piensen que muerto el perro, se acabó la rabia, ¿eh? Que no va a haber otro Garzón. El perro soy yo, claro. Obviamente, eso es absurdo, porque se pueden producir situaciones similares".
Tiene muy claro qué fue lo que truncó su carrera y se pregunta y se responde solo:
- "¿Y usted ha sentido presiones?
- Claro que sí, he sentido muchas presiones.
- ¿Y usted se ha visto coaccionado?
- Claro que sí; lo han intentado. Pero como funcionario público y como servidor público sé lo que tengo que hacer. Y si no, pues me voy. No fue así y me echaron.
Pero esta es la batalla y la voy a seguir dando hasta el final."
¿Hasta dónde puede llegar el final? Pregunto yo.
"Evidentemente con 75 años o con 80 no me voy a reincorporar a la carrera judicial".
Después no me resisto a preguntarle por lo demás, por cómo ve a la justicia española en este momento. La ve imbuida de lo que está pasando con este poder en todo el mundo...
"Claro que hay lawfare. Hay instrumentalización del derecho con fines políticos y hay gente que cumple y se enfrenta a esa instrumentalización y sufre las consecuencias. España no es ni el ombligo del mundo, ni somos los hijos elegidos de Dios, si existiera".
No comparte "la negativa de un Gobierno progresista español a reactivar la justicia universal, existiendo incluso un proyecto dentro del Parlamento para hacerlo durmiendo el sueño de los justos, cuando sería uno de los mecanismos para confrontar la impunidad en el mundo y de la que España era pionera y bandera y vanguardia".
Dice que aquí "el panorama es bastante deprimente". Le parecen "inconsistentes" los procedimientos contra la mujer y el hermano de Pedro Sánchez. Llama "aberrante" al del fiscal general del Estado.
Afirma que "el sector conservador no se mueve. Es como un marmolillo. Es un bloque de cemento armado, liderado por el Partido Popular, desde 1997, con Federico Trillo, con una estrategia clara que es la misma de forma sistemática de ocupación de puestos claves en la justicia, tanto de gobierno como de desarrollo de la función jurisdiccional. [...] Las asociaciones se han convertido en instrumentos de poder político dentro de la carrera judicial y dentro de la carrera fiscal de forma sistemática frente a cualquier acción o política que exceda de los límites marcados por esa visión conservadora que, además, es la que domina más del 80% de las carreras judiciales y fiscales, aunque en el asociacionismo sea menor. Y si, a estas alturas de la historia y de la película, la sociedad española no se ha dado cuenta es que vive en otro país diferente al que yo vivo".
Cree que la reforma de la justicia que se propone el Gobierno "en síntesis", incluyendo un sistema de acceso con más transparencia y becas, "no afecta a la independencia judicial" y "debería ser todavía más drástica".
Sobre su mujer, Dolores Delgado, habla sin que le pregunte y reivindica su hoja de servicios en toda su carrera. Dice que "es objeto de ataques. Primero, por ser mujer. Segundo, por tener criterio propio. Algunos medios han titulado que es la mano larga de Garzón. Es un machismo vergonzoso". Y añade: "Pero no es porque sea mi mujer, es porque es Dolores Delgado y por su planteamiento dentro del servicio público de la justicia".
Para despedirnos, después de repasar todos los palos, le pregunto cómo piensa pasar su cumpleaños: "Con mi madre, con mi mujer, con mis hijos, con mi familia, con quien quiero pasarlo".
Y confiesa: "Yo no sé odiar pero lo que no disculpo, en todo este proceso respecto a mí, es el sufrimiento innecesario a mi madre que está a punto de cumplir 96 años y tiene la cabeza más sana que tú y que yo. [...] Allá ellos con su conciencia. Yo voy a estar muy tranquilo y lo que tenga que venir que venga".
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