Opinión
¿Quién está en el lado correcto de la historia?

Por Ramón Soriano
Catedrático emérito de Filosofía del Derecho y Política de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
El líder de la oposición, Feijóo, la presidenta de Madrid, Ayuso, y otros destacados dirigentes del PP, han criticado en varias ocasiones al presidente del Gobierno, Sánchez, por no estar en el lado correcto de la historia. El presidente del Gobierno ha contestado que “su Gobierno está en el lado correcto de la historia”. La frase citada se ha puesto de moda y a ella han aludido los medios reiteradamente. Ahí no queda el asunto. Hasta el presidente de China, Xi Jinping, ha recogido la manoseada frase en su discurso pronunciado el 14 de abril de 2026 en el Gran Palacio del Pueblo de Pekin en presencia del presidente del Gobierno español, donde expresó que "España y China estamos dispuestos a estar del lado correcto de la historia", al tiempo que se quejaba de que "el orden internacional había sido gravemente socavado".
Valorando la conducta y obra de determinados líderes políticos, muchos/as se atreven a asegurar quién está o no en el lugar correcto de la historia. Cosa difícil cuando no conocemos el veredicto de la historia, que nos muestra los constantes desalojos del sitio correcto ocupado por determinados líderes, al no encontrar el apoyo de las generaciones futuras. Se produce un abuso en el empleo de la consabida frase, que se convierte en temerario, cuando se aplica a líderes de biografía irregular, que unen a un tiempo el reproche y la virtud en su persona.
Nuestros compatriotas del futuro dirán qué lugar ocuparán nuestros líderes, no nosotros. Con un marco de criterios valorativos que no son los nuestros. Y con una panorámica de contextos que no podemos visibilizar. Estamos demasiado sumergidos en nuestra cotidianidad como para poder examinar todo el espectro de la experiencia política actual.
A veces sucede que en un mismo tiempo histórico quienes están en la cúspide atacan a los socialmente rechazados y la posteridad cambia las tornas: los primeros desaparecen y los vilipendiados alcanzan el reconocimiento. Les pongo un ejemplo sacado de mi libro La Ilustración y sus enemigos: los hoy autores considerados de primera fila, los artífices de la Ilustración en Francia, de Danton a Rousseau, fueron combatidos por los intelectuales consagrados de su tiempo: Berthier, Chaumeix, Fréron, de los que casi seguro, amable lector que me lees, no has oído hablar nunca. La historia ha extendido una oscura manta sobre sus escritos.
También puede no compaginar el reconocimiento de los líderes dentro y fuera de su país: respetados fuera y no dentro. El ejemplo más singular es el del presidente de la Unión Soviética, Gorbachov, que recorría Europa en loor de multitudes, propagando la apertura democrática de la Unión Soviética (la perestroika), mientras las repúblicas soviéticas viraban hacia la independencia y descalificaban los propósitos de Gorbachov, que pasó al ostracismo.
Tanto el tránsito de uno a otro lado, del silencio a la aclamación o al revés, presenta diferentes ritmos y cadencias, incluso hay casos de silencio, aclamación y vuelta al silencio o aclamación, silencio y vuelta a la aclamación o cierta recuperación. Y casos extremos de una previa condena y encarcelamiento y un posterior extraordinario reconocimiento mundial. Es el ejemplo de Nelson Mandela, acusado de terrorismo, incluso por Gobiernos europeos, encarcelado durante 27 años, y posteriormente ensalzado por la comunidad internacional y distinguido con el Premio Nobel de la Paz.
Los vaivenes de la historia en todos los campos del saber
Lo que digo respecto a la política cabe en otros ámbitos de la actividad humana. En el mundo de la música Salieri, extraordinariamente ensalzado en su época después venido a menos mientras que Schubert pasó desapercibido y hoy ostenta un gran reconocimiento. En el campo de los científicos el contraste entre Mendel, ignorado por sus coetáneos y ahora considerado padre de la genética, y Cuvier, paleontólogo de gran fama en y fuera de Francia, después eclipsado por Darwin. Entre los artistas es singular el caso de Van Gogh, que casi no vendió un cuadro en su vida, siempre sostenido económicamente por su hermano Theo, y hoy es quizás el pintor cuyos cuadros son subastados al mayor precio. La literatura nos ofrece numerosos ejemplos de autores ignorados en su época y después valorados. Me viene a la cabeza Kafka, en vida desconocido y después descubierto y, sensu contrario, nuestro Echegaray, dramaturgo muy celebrado, Premio Nobel de Literatura, hoy caído en el silencio. En sociología el contraste entre el norteamericano Parsons, gran maestro de sociólogos en el siglo XX después eclipsado por el empuje de los sociólogos del conflicto social, del que no supo ver su relevancia; en el polo opuesto el alemán Simmel, considerado hoy padre de la micro-sociología, y en vida marginado e incluso rechazado por la academia. Entre los filósofos tenemos el contraste de Maquiavelo, exiliado de Florencia, cuyos escritos fueron quemados por la Iglesia, y hoy es uno de los filósofos más citados, y de Spencer, de extraordinario prestigio en el siglo XIX, ahora desacreditado por su defensa del darwinismo social. En el campo del Derecho la disparidad entre Ehrlich, poco conocido en vida, inmerso en un dominante positivismo formalista, y después considerado el fundador de la sociología del derecho, y Gentile, que alcanzó gran prestigio con su teoría del Estado, y posteriormente desparecido por sus conexiones con el fascismo.
No dispongo de espacio para recoger más ejemplos.
Factores que facilitan el cambio en el lugar de la historia de los líderes políticos
Ante estos vaivenes, centrándonos en los líderes políticos, podemos preguntarnos cuáles son los motivos. Si miramos hacia atrás en la mayor parte de los casos el cambio del reconocimiento previo a la crítica posterior se debe a varias causas. Una es la transformación de los valores éticos de la sociedad en su evolución. Hoy nos causan estupefacción los espectáculos públicos del martirio de los cristianos a garras de fieros animales en el circo romano o la quema de los herejes en la Inquisición española. Las corridas de toros se están quedando sin público, porque la sociedad española, sobre todo los jóvenes, no toleran la tortura de los animales. No sabemos cómo evolucionarán las componentes éticas de futuras generaciones. Otra causa es el descubrimiento de nuevos hechos que afectan negativamente a los hasta entonces encumbrados. A ello contribuye la desclasificación de materiales históricos secretos, que muchos poderosos cuidan bien de que no salgan a la luz. Ahí tienen el ejemplo de la todavía vigente (increíble, pero cierto) ley española de secretos oficiales de 1968, que el régimen franquista ni siquiera sometió a plazos para la desclasificación, buscando la máxima impunidad y control político. Una tercera causa es el relato y especialmente la contribución de los medios al enaltecimiento de personajes que no lo merecen, sobre todo en las dictaduras, de derecha y de izquierda, y posteriormente la historia los pone en su sitio. Finalmente otra causa es el cambio en la valoración intergeneracional: la sociedad del futuro no ve a un líder del pasado con los ojos benevolentes de la sociedad de su tiempo. Un líder controvertido puede ser valorado en su época, olvidando aspectos negativos de su conducta, los cuales son tomados muy en cuenta por generaciones futuras para desacreditarle. Me pregunto qué sitio le deparará la historia al rey emérito, Juan Carlos; cómo ponderará la sociedad española futura su contribución a la democracia española, si efectivamente tuvo lugar, en contraste con su incansable robo a las arcas del Estado.
Si ahora miramos a los motivos que permiten el reconocimiento posterior de los olvidados o criticados inicialmente, observamos que algunos de los motivos indicados anteriormente también pueden explicar el recorrido inverso: del silencio a la rehabilitación. Creo además que influyen dos factores: la contribución del personaje al interés general de la Humanidad y al proceso de conquista de los derechos de las personas. Son factores que sobre todo juegan en líderes controvertidos, cuyo comportamiento ofrece luces y sombras. Me viene a la mente Robespierre, líder del partido jacobino de la Revolución francesa de 1789, durante más de un siglo acusado de implacable y sanguinario criminal y que a partir de la segunda mitad del siglo XX aparece como el referente de la conquista de los derechos sociales en una época -siglo XVIII- en la que a lo sumo se habían reconocido tímidamente las libertades individuales.
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