Opinión
Masturbarse con una violación real
Periodista y escritora
-Actualizado a
Se llama incesto y no son relaciones sexuales. Son muchas, muchísimas, un número insoportable de mujeres las que me escriben relatando cómo las agredían sexualmente sus abuelos, padres, hermanos mayores o tíos cuando eran niñas o adolescentes. De todos los testimonios que recibo —y en sólo dos años ya superan los 50.000—, más de la mitad se refieren a violencia sexual que las mujeres han vivido durante su infancia o adolescencia. Bastante más de la mitad. De todos ellos, la inmensa mayoría sucede en el ámbito familiar y no son agresiones puntuales, sino sostenidas en el tiempo.
Hay palabras que duelen, que se clavan como aguijones de alguna bestia venenosa, que parecen infectar la sangre, la vida y el futuro. Muchas de las mujeres agredidas suelen referirse a ello como víctima de ASI. Es mucho más fácil decir yo fui víctima de ASI que decir mi abuelo (o mi padre o mi tío) me obligaba a tocarle el pene. Las siglas ASI significan Abuso Sexual en la Infancia (y adolescencia). A veces necesitamos alejarnos de las palabras, evitar nombrar aquello que vivimos con toda la crudeza que los nombres tienen.
Sin embargo, tengo la sensación de que en el caso del incesto funciona además un elemento digamos que literario. Literario y putrefacto. Hay ciertos sectores de la sociedad a los que la palabra incesto y la idea misma del incesto les resulta erótica. Basta un somero repaso a la literatura y el audiovisual al respecto —como la idea misma de la nínfula— para entenderlo. Es un hecho cultural. Nosotras también llevamos eso cosido a la memoria, somos fruto de la misma construcción cultural e histórica, e imagino que por lo mismo las mujeres evitan usar la palabra. En cualquier caso, no está de más recordar de nuevo que no se trata de relaciones sexuales, que una niña o adolescente no mantiene relaciones sexuales con su abuelo, su padre o su hermano mayor. Que se trata de violación.
Pienso en todo lo anterior porque un hombre ha vuelto a informarme de algo que ya vienen diciéndome otros desde hace tiempo. En un chat en el que participa, algunos tipos cuentan que usan los relatos de las mujeres para masturbarse. Parece que llegan incluso a clasificarlos: violación por parte del abuelo o el padre, 5 pajas; violencia sexual a manos del padrastro, 4 pajas; tocamientos por parte del hermano mayor, 3 pajas… y así.
No creo que a ninguna de las mujeres que conocen la violencia sexual y la han sufrido les sorprenda. Una cosa es la repugnancia y otra muy distinta la sorpresa. Hay quien lo achaca al porno, pero creo que ahora va un paso más allá. Son los mismos a los que el porno se les queda corto, y se unen a grupos y chats donde malnacidos comparten las fotos de sus hijas, sus esposas o sus madres desnudas, dormidas, en el baño. En cuestiones de violación e incesto, la ficción les parece poco, tienen hambre de que el daño sea real. Son chats con decenas de miles de machos. El silencio del resto les permite crecer.
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