Opinión
Una medalla para Pinochet

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
La presidenta de la Comunidad de Madrid busca sitio en Latinoamérica como referente español de la ultraderecha más recalcitrante y lo hace entregando medallas a los líderes autoritarios del otro lado del Atlántico, como también la entregó a EEUU "en el 250º aniversario de su independencia como 'faro del mundo libre'". Supongo que no consiguió que Donald Trump viniera a recogerla a la Puerta del Sol, aunque después de las elecciones de este martes, quizás el grosero presidente tenga más tiempo para acercarse a Madrid. De hecho, ojalá fuera extirpado de la Casa Blanca, tuviera todo el tiempo del mundo y dejara de atacar países, secuestrar a mandatarios y hacer la puñeta a las contadas democracias que van quedando, incluida la de EEUU, si es que lo sigue siendo.
Los elogios que la presidenta madrileña dedicó el lunes a José Antonio Kast, el mandatario chileno de ultraderecha que vino a recoger su medalla, como antes el argentino Milei o el ecuatoriano Noboa, son bochorno puro; especialmente sangrantes, además, cuando Ayuso destacó el "compromiso extraordinario con los niños, con la juventud y con la educación” del dirigente admirador confeso del dictador Augusto Pinochet. Precisamente, el también ultrarreligioso Kast atraviesa la peor de sus crisis desde que el periódico digital Interferencia destapó que su Gobierno concedió rebajas de condena a 56 pederastas, lo que ha abierto una profunda brecha entre el Ejecutivo y la Corte Suprema.
La mención de Ayuso precisamente a los "niños" en su discurso almibarado contra un pinochetista es un insulto a las víctimas de esos abusos y violaciones, pero sus elogios sobre las políticas que está aplicando Kast -con un resultado nefasto contra el desempleo que se comprometió a erradicar- son toda una declaración de intenciones sobre la propia gestión de la madrileña y un adelanto de lo que podría suponer un Gobierno de PP y Vox (Santiago Abascal y Kast reconocen ser "amigos"), quizás, si deciden aplicar el programa económico ultraliberal del propio Pinochet, tantas veces elogiado por Kast.
Recortes en Educación, Ciencia o Cultura a destajo mientras se incrementa el gasto en Defensa y Seguridad, ejercida particular y violentamente contra los inmigrantes y las mujeres. En este sentido, Kast es un declarado antiabortista y ha echado tantos espumarajos por la boca contra el movimiento feminista como medidas ha tomado contra las políticas de igualdad: cierre de instituciones, reducción de presupuesto para programas que trabajan por la autonomía y el empleo de las mujeres, aplicación de un enfoque ultraconservador para las políticas sexuales y reproductivas. ¿Les suena todo esto? Hay más, mucho más, y seguro que también les recuerda a alguna presidenta que manda a las mujeres a abortar fuera de la Comunidad que gobierna.
La represión contra los inmigrantes en Chile, al modo Trump, o el pretendido regreso al pasado más siniestro para las mujeres tampoco convierten a Kast -ni a Milei ni a Trump- en un exitoso ultraliberal que esté dando grandes alegrías a la economía chilena: con unas tasas de desempleo del 9,8%, que alcanza el 10,5% para las mujeres; un crecimiento interanual de la actividad de un raquítico 0,2%, según el Banco Central, o los avisos del FMI sobre el incumplimiento de los objetivos de déficit y deuda, Kast viene a confirmar el clásico ultraliberal: los recortes sociales para reducir el déficit mientras bajas los impuestos a empresarios y rentas más altas no funciona, salvo para un pequeño porcentaje de privilegiados y para acrecentar la brecha de la desigualdad estructural del país, donde el 1% más rico concentra cerca del 34,5% al 49,8% de la riqueza total, según el Centro de Estudios Públicos o la Universidad de Chile. Seguramente, envidiosa de tanta desigualdad, la presidenta Ayuso quiere replicar el modelo chileno en Madrid; y no va desencaminada: Madrid, tanto la comunidad como la ciudad, tienen unos indicadores de desigualdad muy por encima de la media de España... y también una de las rentas medias más altas. ¿Cómo no va a elogiar la hacedora de todo esto el modelo pinochetista de Kast?
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