Opinión
El "mira lo que me haces hacer" de Pedro Sánchez

Periodista y escritora
-Actualizado a
Hay una frase clásica de los maltratadores que me viene persiguiendo desde la comparecencia de Pedro Sánchez tras la Ejecutiva Federal y que no hace más que afianzarse cada vez que abre la boca: “Mira lo que me haces hacer”. Se trata de un clásico entre los ejemplos de abuso psicológico, que consiste en transferir la responsabilidad de las acciones del agresor a la víctima. Por este mecanismo, el agresor trata de convertirla en la culpable de lo que él ha hecho. Es la frase típica de un maltratador después de poner el coche a 200 kilómetros por hora o antes de romper la mesa de una patada o lanzar el plato lleno de comida contra la pared, por no poner ejemplos mucho más dolorosos.
Algo de todo ello hay en este Sánchez cuando afirma lo siguiente: “Quiero decirle una cosa a los ciudadanos y ciudadanas: que entregarle las riendas del país a una coalición del partido popular con VOX (…) sería una tremenda irresponsabilidad”. O esto: “España no merece retroceder con una agenda protagonizada por una coalición del Partido Popular con VOX que afectaría de manera irreparable a los derechos de millones de hombres y mujeres en nuestro país”.
Para empezar, la verdad es que este no se trata de un mensaje para “los ciudadanos y ciudadanas”, aunque el presidente, lanzándolo así, se sitúe en el bando de la calle. Me pregunto qué calle. La verdad es que ese es un mensaje directo a los partidos que apoyaron su investidura, y muy en especial a los partidos de izquierda: Sumar, Podemos, ERC, Bildu, BNG. Viene a decir: “No iréis a dejarme ahora colgado, porque si no, vendrá la derecha y será por vuestra culpa”. Ay, pichón Sánchez, que se te ve el plumón, y esas maneras las conocemos todas.
Para seguir, ese argumento, como todos los que viene manejando Pedro Sánchez desde que se quedó sin sus amigos, o sin sus manos derechas, o con el culo al aire, esconde una trampa que no merecemos. Según su razonamiento, el hecho de no mover un dedo, dejar todo como está, supone, de forma automática, frenar a la extrema derecha de PP y VOX y evitar un Gobierno facha. Lamentablemente, Pedro Sánchez, eso no va a suceder, y usted lo sabe tan bien como cualquiera de esos “ciudadanos y ciudadanas” a los que apela. La extrema derecha de PP y VOX acabará gobernando tarde o temprano, y si es temprano, no será precisamente por culpa del resto de fuerzas de izquierdas.
Lo que acaba de pasar es únicamente responsabilidad directa de Pedro Sánchez, y consiste en lo siguiente, para que no se nos olvide: Sánchez coloca de ministro en el Gobierno y de secretario general en el PSOE a un amigo suyo, José Luis Ábalos, que acaba protagonizando un escándalo de corrupción; en ese escándalo, y no solo, va de la mano de un tal Koldo, un pieza de cuidado del que aún sabemos solo la mitad (al tiempo); tras apartarlos a los dos, pone de sustituto al frente del PSOE a Santos Cerdán. ¡A Santos Cerdán! ¿Quién es Santos Cerdán, además de otro amigo del presidente? El padrino de Koldo, carajo. Pedro Sánchez sustituye al corrupto poniendo en su lugar al jefe del corrupto. Así que, en resumen, el presidente se ha montado esta fiesta él solo, y aún no ha explicado a “los ciudadanos y ciudadanas” por qué pone al jefe de la trama de corrupción a sustituir al corrupto descubierto. Al fin y al cabo, eran sus amigos, y no los del resto. El resto sigue pasmado en el quicio de la puerta donde se celebraba la fiesta.
Por eso, ahora, cuando alerta de que si no le dan su apoyo vendrá la ultraderecha, no solo miente. Además, transfiere una culpabilidad que es solo suya a los partidos que hasta ahora lo han acompañado no sin dificultades. Y claro que miente: la extrema derecha del PP y VOX llegará dimita Sánchez ahora o acabe la legislatura; llegará lo apoyen o no el resto de fuerzas de izquierdas; desgraciadamente llegará porque en España es habitual la alternancia de fuerzas en el Gobierno, y él lo sabe. Por eso es tan zafia su estrategia: él sabe perfectamente que su permanencia en el cargo no nos salvará de los nuevos fascismos. Pero siguiendo los peores patrones del patriarcado agresivo, les manda la responsabilidad de lo que pase a unas izquierdas, que como bien expresó ayer Gabriel Rufián, no deberían jamás robar. Ni (esto es de mi cosecha) verse salpicadas por el robo de otros.
Nada dice Sánchez, no obstante, de cómo quedarán dichas izquierdas, y más que ninguna el Partido Socialista, tras su paso y el de sus amigos, los del Peugeot. El héroe que se echó a la carretera y sus compadres dejan a su paso algo que nos cuesta admitir: la construcción de una figura mesiánica supone siempre un desgaste de las estructuras y las bases del que a un partido le cuesta mucho recuperarse. En plata: vendrá la ultraderecha y su permanencia es directamente proporcional al desgaste de esta izquierda que se nos va quedando. Esa es la verdadera irresponsabilidad, señor Sánchez.

“No somos perfectos, nadie lo es”, ha afirmado Sánchez en repetidas ocasiones desde que aparecieron los audios de Santos Cerdán. Y esto también nos suena, compañeras.
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