Opinión
Las mujeres del 14 de abril

Historiadora, investigadora del CEDID-UAB y coordinadora del Archivo Histórico de la Fundació Carles Pi i Sunyer
Tal día como hoy de un lejano 1931 España abría las puertas de la Segunda República Española. Una nueva etapa que llevaba de la mano un horizonte de transformación social, política y cultural. Pero nacía, también, un nuevo feminismo, el de las mujeres del 14 de abril. Para todas ellas esta fecha tuvo un carácter de ruptura histórica sin precedentes. No es trataba únicamente de un cambio de régimen, sino de la promesa, todavía incierta, de una ciudadanía plena en una sociedad que hasta entonces las había relegado a un papel subordinado. La mayoría de mujeres vivían en un segundo plano en los ámbitos jurídico, político, educativo y también laboral.
La República encarnó un nuevo escenario público. Se abrió el telón a una realidad social amplia que miraría la mujer con otros ojos. Corrían nuevos aires llenos de ilusión colectiva: la posibilidad que el Estado reconociera a las mujeres como sujetos de derechos, no como apéndices de la familia o del orden moral, era un auténtico triunfo.
Y pronto llegaron reformas legales de gran alcance. La primera: el reconocimiento del sufragio femenino en la Constitución de 1931. Y con ello, el eterno agradecimiento a mujeres como Clara Campoamor o Dolors Monserdà, que defendieron hasta el final nuestro derecho a voto. Sin vacilación, con fe y convicción. "Negar el voto a la mujer es negar la justicia", decía Clara Campoamor. Porque señores, los derechos no se conceden según el sexo, los derechos pertenecen a la condición de ciudadanía, y como tal, el voto femenino no podía ser una concesión, sino una exigencia de coherencia democrática.
Al voto femenino se sumaron otras medidas como el reconocimiento de la paternidad, la legislación sobre la prostitución y la Ley del Divorcio de 1932. Por primera vez se reconocía legalmente la posibilidad de disolver el vínculo matrimonial en términos civiles. La mujer ganaba derechos, ganaba autonomía personal y la República apostaba por despatriarcalizar parcialmente el orden jurídico. Pero sin duda, otros de los grandes frentes que se desbloqueaba era la posibilidad de entrar en el juego político. Las primeras diputadas en las Cortes Constituyentes de 1931 (Clara Campoamor, Victoria Kent, Margarita Nelken…) fueron las "madres" de todas las mujeres que generación tras generación entraron a formar parte de los diferentes partidos políticos y de las agrupaciones femeninas. La mujer tenía voz y voto.
Pero si hay un ámbito en que la transformación republicana tuvo un potencial profundo y clave fue el de la educación. La implantación de una nueva política pública basada en un sistema educativa obligatorio, laico y gratuito facultó a las mujeres como agentes activos de este cambio. En las aulas, la mayoría de maestras apostaron por un nuevo modelo de ciudadanía basado en la igualdad y la emancipación personal. La educación, de la mano de mujeres profesoras, se convirtió en el principal vector de transformación social para erosionar el modelo tradicionalista.
Como es bien sabido, los años republicanos no fueron un camino plácido y tranquilo y el estallido de la guerra civil española quebró de raíz este proceso latente. La mujer, sin embargo, no bajó la cabeza y siguió liderando espacios sociales. Las milicianas en el frente, las bibliotecarias en los bibliobuses, las enfermeras en las trincheras, y las madres en la retaguardia. Fueron ellas quienes mantuvieron la vida cotidiana en condiciones extremas: sostuvieron hogares, organizaron redes de apoyo, asumieron la crianza de los pequeños y las curas de los mayores, y, simultáneamente, se incorporaron al trabajo industrial. Estos múltiples rolles de la mujer revela una dimensión muy invisibilizada: sin ellas, la resistencia republicana habría sido inviable.
Las mujeres del 14 de abril nacieron con la República y lucharon con ella. Crecieron, se formaron, se ayudaron, se empoderaron y muchas de ellas se dejaron la vida. La guerra amplió sus rolles femeninos, pero también evidenció la fragilidad de estos avances, ya que muchos de ellos fueron tumbados por el franquismo. Con la dictadura del Caudillo, la involución fue completa. En palabras de María de la Mora, fundadora de Sección Femenina, "Una cosa queda clara en nuestro espíritu femenino: en resumidas cuentas, ¡por fin!, hay un Estado que se ocupa de realizar el sueño de tantas mujeres españolas: ser amas de casa". Al traste con todo el feminismo republicano. La mujer debía volver a su hueco.
Hoy, unas cuantas décadas más tarde, debemos seguir luchando porque estos discursos vuelven a ser actualidad. De nuevo, hay quien nos quiere encerradas, pequeñas y sin voz (o altavoz). Hoy, más que nunca, recordemos aquellas mujeres del 14 de abril de 1931 que tanto lucharon por hacerse escuchar. Para ellas, este artículo de memoria democrática.
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