Opinión
El Museo de Cera
Por Anibal Malvar
Periodista
El Museo de Cera de Madrid se ha convertido en la verdadera casa de la rex publica, donde más se escucha el silencio del pueblo y se decide el cogollo del meollo. Los periódicos ya no damos las noticias si antes no se han escenificado en el Museo de Cera. Allí es donde los periodistas modernos contrastamos si algo ha pasado de verdad o si solo son rumores. Que se lo digan a Marichalar.
A Vargas Llosa le dieron el Nobel porque un año antes colocaron su figura en el Museo de Cera. Yo estaba allí y se lo dije: “Don Mario, después de esto ya solo le falta el Nobel”. Me sonrió con ironía limeña y no me volvió a pedir que lo tuteara, que es lo que uno hace cuando se percata de que solo hay un paso del Museo de Cera hasta el Nobel.
En el Museo de Cera entrevisté ayer a Iñaki Urdangarín saltándome el protocolo. No quería pedirle antes permiso a Rafael Spottorno, jefe de la Casa del Rey. Sporttorno fue uno de los diez directivos que se repartieron 25 millones de Caja Madrid el año en que fue rescatada con 4.465 kilos tuyos y míos, y ayer no andaba yo bien de dinero. Urdangarín, al menos, se lo lleva de entidades sin ánimo de lucro, que me dan más confianza.
Me salté el protocolo y entrevisté a Urdangarín en la sala de deportes. Lo han castigado quitando su figura de la vera de los reyes y poniéndolo junto a Raúl González Blanco, que se escapa cada noche a subirse a la Cibeles y es muy cansino. “Yo solo quería ser como ellos”, me sollozó Urdangarín. “No hay más cera que la que arde”, metí yo, otra vez, la pata. Me dio pena Urdangarín. Querer y no poder ser como ellos debe ser bastante triste. Sobre todo querer.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.