Opinión
Nazis de 14 años

Por Anibal Malvar
Periodista
La desarticulación de un grupo de nazis que organizaba cacerías humanas en Asturias es una buena noticia. La mala, malísima, es que este grupo estaba liderado por un chaval de 14 años. Un niño de 3º de la ESO.
El mayor de los 19 White Boys (niños blancos: ¿por qué en inglés?) detenidos tenía 22, edad ya suficiente como para convertirse en gilipollas con uso de razón. Pero un niño de 14 duele demasiado. Me pregunto quiénes serán sus padres, sus familiares, sus profesores, si no detectaron nada o fueron cómplices, yo qué sé. Me cuestiono también cómo será la sociedad en la que ha crecido este guaje, en la que aún está creciendo, qué películas ve, cómo serán las niñas a las que ha besado. Y esa sociedad soy yo, somos nosotros, es la nuestra. Se me mustian todos los libros de la biblioteca porque no han servido para nada.
La banda del chaval de 14 años organizaba "cacerías de guarros" contra "rojos y moros", guardaba un arsenal de armas blancas y menos blancas, fabricaba cócteles molotov, coleccionaba simbología del III Reich, traficaba con hachís y cocaína. Uno de sus lemas era (es) Sacrificio por Hitler.
En un grupo de WhatsApp se jactaban de sus hazañas, se felicitaban, se enardecían unos a otros, con lo que la Policía ha podido detectar delitos que ni siquiera habían sido denunciados. El miedo paraliza. El terror a un niño, más. Están en la edad en la que solo se les presupone el delito de robar algún bote de Nocilla o una play.
Sesudos expertos culparán a las redes sociales, a la masificación en las aulas y a un sistema educativo deplorable; los curas, a la crisis de la familia tradicional; los rojos a los azules y los azules a los rojos; los voxeros, a los menas (como reacción heroica de los niños españoles contra la invasión); los pentecostalistas, a la ira de dios; los psicólogos apocalípticos, a la falta de perspectivas de futuro y a los psiquiatras; los psiquiatras, a los psicólogos y a la falta de perspectivas de futuro; los puros, a la pornografía; los veganos, a la comida basura; Íker Jiménez, Eduardo Inda y Ayuso, a la bandera palestina de Lamine Yamal y a Pedro Sánchez.
Aunque no sabemos las causas, la desesperación de los jóvenes es cada vez mayor. Desde hace años, el Instituto Nacional de Estadística nos alarma con la creciente tasa de suicidio infantil y juvenil. Entre adultos, sin embargo, decrece.
Los últimos datos son de 2024, cuando se quitaron la vida 90 menores de 20 años. Uno cada cuatro días. Se observan incrementos interanuales del 20%. Entre chavalas y chavales de 10 a 14, se duplicaron en un solo año.
Cuento esto porque no sé si habrá alguna relación entre los chavales de White Boys que se "sacrifican por Hitler" (la palabra sacrificio ya denota mucho) y los que sencillamente se sacrifican, se borran, se ausentan del futuro sin haber comprendido, siquiera, qué significa futuro. Los White Boys eligen morir matando.
Conocí en África a adolescentes que fueron niños-soldado. Habían cometido atrocidades innombrables pero volvieron a ser niños, y hablabas con ellos y seguían siendo niños a los 16 y 18 años, quizá porque les habían robado la infancia con discursos aleccionadores, promesas de dinero, gloria militar y coca, mucha coca: les abrían pequeñas brechas en la frente con cuchillos y les restregaban allí el polvo para que entrara directamente en sangre. No daban miedo. Solo ganas de abrazarlos. De recuperarlos. De traértelos lejos de los machetes y las balas. Eran producto de países sumidos en guerra eterna, se habían amantado de terror y venganza. No les faltaban motivos para ser malos, como al Pascual Duarte de Camilo José Cela.
Estos White Boys no son comparables a aquellos niños-soldado, no han crecido entre violencia y vísceras ni se han educado con sangre y coca en la frente. España es uno de los países más seguros del mundo (el 25, aunque el 18 de Europa, según el Institute for Economics & Peace). Para nada existe un clima de violencia que pueda incitar a un niño a organizar "cacerías de guarros". Y menos en Asturias, coño, la segunda comunidad autónoma con menor criminalidad.
¿De dónde salen, entonces? Tampoco me valen como exclusivos detonantes los discursos de odio patriótico de Vox, Dani Esteve, Núcleo Nacional, sus voceros mediáticos ni otros avariciosos aneuronales. Ni siquiera puedo explicar por qué yo me siento tan culpable. Aunque mi culpabilidad sea la única de mis certezas.

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