Opinión
Noelia, lo siento

Por Marta Nebot
Periodista
Noelia se quiere morir y no le dejan. Pero a Noelia ya no le van a poder joder la muerte más. Noelia morirá bien, menos mal; después de un año y medio de tortura. Noelia tiene una historia muy triste que ojalá -y si es así será gracias a ella- nunca más.
Un día antes de su muerte digna programada, el 1 de agosto de 2024, después de que el Comité de Garantía y Evaluación, que vela por el cumplimiento del derecho a la eutanasia en cada comunidad autónoma, hubiera examinado y requeteexaminado su caso -porque tenía solo 24 años- y la hubiera autorizado, un juzgado paralizó el proceso. Su padre, muy católico, había contratado los servicios de Abogados Cristianos para impedirlo.
Lo han conseguido todo este tiempo, con tres procedimientos judiciales encadenados recurriendo y recurriendo. Esta semana, por fin, después de haber sido avalada por tres tribunales más el Constitucional, la sinrazón ha terminado y, aunque amenazan con ir al Tribunal de Estrasburgo, la Justicia española ha dictaminado que a Noelia no hay que torturarla más, que es tan joven como dueña de sí misma, que los mismos que probablemente le jodieron la vida no le pueden seguir jodiendo la muerte.
Las adicciones y los problemas de salud mental de sus padres, una familia desestructurada, la llevaron a ser criada en centros de menores con un marcado componente católico. En 2022 sufrió una agresión sexual múltiple. El 4 de octubre de ese mismo año se lanzó al vacío desde un quinto piso, después de haber consumido cocaína.
Noelia sufre secuelas “permanentes e irreversibles” que le impiden llevar una vida mínimamente satisfactoria. Los médicos afirman que tiene alteración sensitiva, dolor neuropático, incontinencia fecal, vejiga que precisa sondas cada seis horas y dependencia funcional. Los rehabilitadores que la trataron relataron en sus informes que “ha predominado el deseo de solicitar la eutanasia”; “que no quiere vivir”. Su voluntad es más que clara. Y ya solo es cuestión de pocas semanas que por fin sea respetada.
Morir es algo que vamos a hacer todos. Se puede hacer bien, mal o regular; pero, llegado el momento, es ineludible.
Partiendo de esta base, morir de la mejor manera posible -es decir, bien- debería ser un básico democrático porque puede ser un signo de desigualdad monstruoso.
Es cierto que los que se mueren sin querer no tienen elección y son la mayoría, y los que deciden morir, si pueden hacerlo por sus medios, lo hacen y punto. Es decir, que hablamos de relativamente pocos. Pero haberlo haylos... Pobres los que no pueden solos. Esos, en pleno siglo XXI, siguen castigados.
Hasta hace cinco años en España solo se podía hacer delinquiendo. Quienes les ayudaban lo pagaban caro. Así que, sin procedimiento judicial ni sentencia, se les condenaba sine die a la prisión de sus cuerpos, fuera como fuera el régimen carcelario. Sí, se les torturaba. No hay otra manera de llamarlo. Y se hacía por su mala suerte. La mala suerte de no poder matarse solos.
En un Estado aconfesional como éste no podían decirles que los torturaban porque Dios no les iba a dejar ir al Cielo si no pasaban por el Calvario. Lo que hacían era decirles que el suicidio asistido era delito. Que Dios pudiese perdonar -con la confesión y la penitencia correspondientes- a quien por caridad cristiana ayudara no se mencionaba ni un poco. La cuestión era que suicidarse es pecado mortal y que los que no podían cometerlo por su cuenta que se jodieran, aunque estuvieran dispuestos a ir a todos los infiernos del mundo porque no creían que hubiera ninguno peor que en el que estaban viviendo. El sin sentido y la discriminación monstruosa de libro eran la regla.
Y era una muy vieja. El catolicismo, que siempre ha vendido a los pobres que bienaventurados ellos, que en el cielo se lo van a pasar de puta madre, pronto tuvo que poner freno al suicidio. Ya lo hizo la doctrina de San Agustín en el siglo IV: aunque el cielo sea muy bonito y se vaya a llenar de desgraciados, porque los últimos serán los primeros, etc, etc, se estableció que matarse es pecado mortal y que si se puede obligar a no cometerlo, aunque el que lo cometa se quiera ir al infierno o a donde sea, hay que impedirlo y el susodicho -y su libre albedrío- que se jodan. A muchos de los que se les llena la boca con la palabra libertad, lo que defienden solo es la imposición de su voluntad sobre la vida de otros.
Noelia les ha ganado y tenemos que pedirle perdón por la tortuosa espera y darle las gracias por la jurisprudencia que impone su caso. Y, además, tenemos que reflexionar sobre este asunto, que puede ser el de cualquiera porque nadie está libre de ser uno de ellos.
Desde que entró en vigor la ley de Eutanasia, en junio de 2021, hasta el 31 de diciembre de 2024, se registraron 2.432 solicitudes de prestación de ayuda para morir. 1.123, el 46%, la consiguió. El resto fueron denegadas o murieron esperando. En 2024, murieron añorándola más de 300 personas, más del 33% de los que lo solicitaron ese año. En conclusión: un tercio de los que la piden mueren esperando.
El tiempo de espera es de media de 53 días, aunque la ley dice que debe ser de entre 30 y 40. Algunos esperan más de un trimestre.
Las asociaciones por el derecho a morir dignamente claman por un cambio legislativo que evite todo esto, que garantice un procedimiento judicial específico y abreviado, con plazos máximos de resolución de diez días a un mes, con un tratamiento urgente para esta materia en los tribunales, por si alguien más quisiera cuestionarle el derecho a morir a un ser querido.
Por ahora no ha habido ninguna avalancha de familiares pretendiéndolo, como pronosticaron estos abogados. No, Abogados Cristianos, no hay tantos tan prepotentes, tan déspotas, tan crueles y reaccionarios.
Si creer es cuestión de fe, como dicen ustedes, ¿por qué se empeñan en hacer creer a quien no la tiene? Si su dios no les da la fe, ¿quién coño son ustedes para imponerla? Son tan tramposos como brutales.
No se debe ser madre por cojones, ni amar al sexo que no te atrae, ni vivir cuando ya no se quiere o se puede... Mira que han sido y siguen siendo ustedes dictadores. Mira que da miedo lo que puedan hacer con estos derechos básicos si los suyos llegan al poder. Mira que tendríamos que intentar blindarlos antes de que lleguen... S.O.S.
Cada año hay un pequeño porcentaje de solicitantes que paran el proceso de forma voluntaria, porque pueden hacerlo en cualquier momento. Es obvio pero este artículo va de obviedades: no se mata a nadie, se ayuda a morir al que tiene una calidad de vida insoportable y quiere hacerlo. Los católicos que quieran torturarse y torturarse mantienen ese derecho. Nadie está planteando coartar el derecho a torturarse.
La cuestión es qué pasa y pasará con los que defendemos el otro, el derecho de no sufrir más de lo necesario, de poder decidir cómo y cuándo terminar.
No queremos que ninguna Noelia más tenga que luchar por un derecho aprobado, no queremos que nadie más tenga que morir esperándolo. Queremos vivir y morir bien, queremos ser dueñ@s de nuestras vidas y creíamos que ya lo habíamos conseguido.
Noelia, lo siento.


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