Opinión
El odio a Hodio

Por Marta Nebot
Periodista
El odio a Hodio me cayó en las tertulias, pero creo que lo puedo explicar mejor. Por lo que sea escribiendo me expreso más tranquila que en un plató de televisión. Por lo que sea este tema me saca más de mis casillas.
(Le doy un sorbito al café descafeinado, respiro hondo y espero que el texto brote de un tirón sin interrupción ni inquina. Escribiré para mí misma...)
¿Se puede justificar que te amenacen con una pintada en la tumba de las Trece rosas, que te deseen una violación o la muerte en redes sin parar, que envíen puteros borrachos a todas horas a tu casa, que un tío te deje mensajes mientras se masturba, que te hagan entender que van a por tu familia que trabaja de cara al público, que vandalicen tu coche sistemáticamente señalando que lo siguiente que rompan no será tu parabrisas...? ¿Por qué tenemos que aguantar que nos llamen "puta" por las calles? ¿Dónde queda el respeto a la democracia, a la sacrosanta libertad de expresión que tanto ondean como bandera propia? ¿Solo merece respeto la suya?
Hoy, el día antes de que leas lo que escribo, en plena jornada de reflexión, han agredido en la calle al candidato de Podemos en las elecciones de Castilla y León, estando con su hijo de tres años, un día antes de que esa comunidad vote. ¿Cuándo van a parar? ¿Son casos aislados o es una ola organizada ultra que se les puede ir de las manos? ¿Tendrá que haber sangre para que volvamos a la unidad de los demócratas contra la barbaridad?
(Hechas las preguntas, otro sorbito de café y algo más de contexto...).
En los últimos días, con motivo del 8-M, nos hemos juntado en varios actos y hemos hecho recuento de ataques y de bajas. Nos hemos contado cosas que no nos habíamos contado. Hemos visto el dolor y el miedo reflejado en las caras de las otras. La lista de bajas por ansiedad, de mudanzas, de retiradas, no se había visto nunca y del otro lado ni ha sucedido ni sucederá.
Entre las políticas: Ione Belarra, Irene Montero, Rita Maestre, Mónica García... Seguro que me dejo alguna. Entre las comunicadoras: Sarah Santaolalla, Cristina Fallarás, Ana Requena, Elena Reinés, Ana Pardo de Vera, Verónica Fumanal, Héctor de Miguel... También me olvidaré de gente seguro.
Y, ante esta situación, hay quien defiende lo indefendible; quien no condena lo que solo se puede condenar.
(Respiro, respiro, respiro).
En las tertulias de derechas joder a Hodio, la nueva herramienta anunciada esta semana por el Gobierno para escanear el odio digital, ha sido la tónica general. La han tachado de ocurrencia, de censura, de herramienta a favor del Gobierno. Su estrella invitada para conseguirlo ha sido Cristina Cifuentes con el relato de los escraches que sufrió hace casi quince años, en mitad de una crisis que echaba a la gente de sus casas hipotecadas y las dejaba en la calle con una deuda de por vida, mientras los que gobernaban no hacían nada más que rescatar gratis a la banca.
Algun@s nunca justificamos el acoso violento a Cifuentes en las calles y mucho menos en el hospital. Sí describimos la desesperación de la situación que lo provocaba.
A muchos no nos gustó que se llamara a aquello “jarabe democrático”. Vimos venir que el jarabe podía ser de ida y vuelta, con motivos o sin ellos. Quien lo dijo lo pagó carísimo, durante años. El acoso continuo en el domicilio de Pablo Iglesias, Irene Montero y su familia, con tres niños pequeños, es lo peor que ha pasado en este sentido en toda nuestra historia democrática, por ahora.
Pero, en estos momentos, el odio ultra se ha generalizado y está arrasando el espacio público digital y analógico.
Hodio pretende poner un poco de luz sobre lo que está ocurriendo en la oscura realidad digital. Se trata de usar el algoritmo para el bien, para variar. El propósito es catalogar las redes sociales, como hacemos con los alimentos, después de escanear todo su contenido. Ponerles una A, B, C, D, en función de cuánto odio contengan. Así podremos elegir conscientemente con cuánto nos dejamos intoxicar y si se lo permitimos a nuestros hijos. Mientras la disposición europea, que los lobbies intentan parar -y lo están consiguiendo-, no avance hasta hacer a las plataformas responsables de las barbaridades que están sosteniendo en sus espacios, podríamos conocer algo mejor dónde nos metemos.
¿Qué puede tener de malo saber si TikTok contiene más odio que Facebook? ¿En qué sentido puede ser eso censura? La nueva herramienta será parecida a la que ya se aplica para rastrear el racismo. La que nos contó que cuando en Torre Pacheco se alentó la caza del moro, el verano pasado, pasamos de 2.000 mensajes de odio racista diario, a 33.000 y de las palabras a los hechos.
La aplicación que desde 2022 rastrea el relacionado con el racismo y la xenofobia fue diseñada y programada por la Universidad Politécnica de Valencia (UPV). Todavía no sabemos que institución estará detrás de ésta más amplia. Los odiadores de Hodio dicen que quien sea la programará para buscar fachas y obviar a los rojos peligrosos porque el encargo vendrá del Ministerio de Transformación Digital, de Óscar López y Pilar Cancela...
Otra conspiranoia más. Es como decir que los médicos operan mejor a los de izquierdas que a los de derechas porque ahora dirige el ministerio de Sanidad una anestesista roja. O que los trenes de Óscar Puente son más puntuales, cómodos y bonitos para los rojos que se montan.
¿Qué institución se jugaría su prestigio, su carrera, su coherencia intentando semejante cosa tan fácil de pillar? ¿Cómo sería de estúpido, autodestructivo y escandaloso siendo un encargo tan público y notorio, tan a la vista?
Ya sé que no creen que este Gobierno sea legítimo, ni le respetan el derecho a gobernar, a intentar mejorar cosas, pero... ¿Tampoco creen a los profesionales, a los técnicos, a los catedráticos de universidad? ¿Qué alternativa proponen para parar el tsunami de odio que está minando la convivencia? ¿Por qué no hacen propuestas para mejorar esta herramienta en vez de intentar joderla antes de que nazca? Tal vez sea insuficiente pero siempre será mejor que la nada.
Las plataformas de los tecnobros no permiten ni un pezón y castigan a las víctimas de acoso digital cuando suben a su red lo que esa misma permite que les pase; las cancelan mientras los acosadores campan a sus anchas. El caso de Elena Reinés, creadora de Woke Up, fue exactamente así. Se atrevió a entrevistar a Vito Quiles -micrófono en mano, como hace él, pero sin insultarlo-, colgó el vídeo, la avalancha de odio la sepultó, se limitó a repostear lo que le estaban posteando y la plataforma bloqueó su cuenta por eso. Se retiró unas semanas para recuperar las fuerzas mermadas por la indefensión y la injusticia. Es un buen ejemplo de las trampas que aplican estas presuntas empresas neutrales. Es realmente demencial. El mundo al revés. Lo tenemos que enderezar solo para defender la legalidad.
(Otra vez necesito parar. Marta, respira, respira).
No sé si es que no lo ven o se niegan a mirar. Está en juego la libertad de estar o no en el espacio público digital y en el otro. Está en juego que se permita o no echar al que no gusta, solo por eso. Está en juego la pluralidad y la convivencia de ideas distintas.
Siempre hay y ha habido quien ha llevado al extremo su libertad de expresión en todos los bandos. No va de poner coto a eso. Todo mi apoyo al humor, incluido el más negro. Se trata de parar la incitación a la violencia y el acoso y no hay equidistancia que valga en esto: solo puedes estar con o contra nosotr@s.
Y ya.
(Se me ha quedado el café frío, pero se me ha calmado un poquito la rabia. Espero que me quede suficiente).
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